Estará en juego bipartidismo en Costa Rica en comicios de febrero

El escenario de la campaña electoral con miras a los comicios presidenciales y parlamentarios de febrero próximo en Costa Rica cierne una interrogante sobre uno de los rasgos esenciales de la historia electoral nacional: el bipartidismo.

Tras la alternancia en el poder que, durante décadas, han protagonizado los tradicionales partidos Liberación Nacional (PLN) -socialdemócrata, actualmente en el poder- y Unidad Social Cristiana (Pusc) ven peligrar su condición de polos en este esquema político.

Los más recientes cuatro gobiernos -incluido el actual- han correspondido, equitativamente fruto de elecciones con persistente inclinación abstencionista, a los dos históricos rivales.

En este lapso, "La Unidad" -como popularmente se conoce al Pusc- tuvo como presidentes del país a Miguel Angel Rodríguez (1998-2002) y a Abel Pacheco (2002-2006).

El relevo vino con Óscar Arias (2006-2010) -en su segundo mandato, luego del período 1986-1990, a su vez, a continuación de Luis Alberto Monge (1982-1986), cofundador del PLN-.

Arias fue sucedido por la vicepresidenta de su administración, Laura Chinchilla, actual mandataria (2010-2014) y primera mujer en el desempeño de la Presidencia en esta nación centroamericana.

Sin embargo, las elecciones de 2002 marcaron el inicio del debilitamiento de esa polarización, el que se agudizó para los comicios llevados a cabo cuatro años después.

En el primer caso, la exitosa irrupción del centroizquierdista Partido Acción Ciudadana (PAC) dio lugar a una tendencia a la apertura de opciones presidenciales más allá de los polos tradicionales.

Triunfador de esas elecciones fue el Pusc, seguido por "Liberación" -tal como popularmente se conoce al PLN-, y, en tercer lugar, el PAC.

El nuevo actor -entre cuyos fundadores figuren dirigentes escindidos del PLN, como su candidato presidencial, Ottón Solís, postulado en los dos comicios siguientes-, irrumpió en el escenario político nacional como tercera fuerza política y segunda fuerza opositora.

Para cuatro años después, los dos escándalos de corrupción estallados en 2004, que determinaron prisión para dos de sus dirigentes y expresidentes -Rafael Angel Calderón (1990-1994) y Rodríguez-, marcaron el definitivo debilitamiento del Pusc.

En tal contexto, las elecciones de 2006 marcaron el regreso liberacionista a la Presidencia, y el ascenso del PAC a primera fuerza opositora y segunda fuerza política, lo que relegó a los socialcristianos.

También registraron la llegada, al escenario legislativo y con un diputado -del total de 57-, de un nuevo actor: el izquierdista Frente Amplio (FA).

En 2010, junto con la llegada de Chinchilla a la Presidencia, marcando un hecho sin precedente en este país, la correlación general de fuerzas se mantuvo -PLN, PAC, Pusc-, y a nivel parlamentario la escena fue similar, incluida la solitaria bancada del FA.

Pero ahora, en el proceso electoral iniciado en octubre, con miras a los comicios de febrero, el bipartidismo parece próximo a ser desplazado de la escena presidencial.

Impulsados por un masivo descontento popular derivado de la insatisfacción ciudadana con los dos más recientes gobiernos liberacionistas, los votantes empiezan a plantearse la posibilidad de un cambio radical para la Presidencia -sin PLN y sin Pusc-.

De acuerdo con la más reciente encuesta de intención de voto, el FA surge, en el impredecible escenario electoral presente, como la opción de cambio.

Publicados a principios de diciembre por el diario La Nación, los resultados del muestreo ubican al actual diputado y candidato presidencial por el FA, José María Villalta, como primera opción, habiendo intercambiado ubicación con Johnny Araya, por el PLN.