Recordarán a 2013 como año de las sorpresas en la Iglesia Católica

En Roma y en el mundo, el 2013 será recordado como el año de las sorpresas en la Iglesia Católica, desde la imprevista renuncia del Papa Benedicto XVI hasta la elección del primer pontífice latinoamericano de la historia.

El 11 de febrero de 2013, en una reunión de agenda de la Curia Romana junto a cardenales en el Palacio Apostólico del Vaticano, Joseph Ratzinger leyó en latín un mensaje para anunciar su dimisión, que sería efectiva el 28 de ese mes a partir de las 20:00 horas locales (19:00 GMT).

En los siguientes días, el mismo pontífice se encargó de concluir todos sus empeños y abandonó el Palacio Apostólico la tarde del 28 de febrero a bordo de un helicóptero que lo condujo hasta Castel Gandolfo, la residencia estival de los papas.

A la hora indicada entró en vigor la renuncia y comenzó el período de "sede vacante", que se extendió hasta que 115 cardenales venidos de diversas partes del mundo eligieron al siguiente jerarca de la Iglesia Católica.

Poco más de 24 horas duró el cónclave. La tarde del miércoles 13 de marzo a las 19:06 horas locales (18:06 GMT), una columna de humo blanco se alzó sobre la chimenea ubicada junto a la Basílica vaticana, signo inequívoco de la elección del nuevo pontífice.

Casi una hora tardó el cardenal protodiácono, Jean Louis Taurán, en asomarse al balcón central de la basílica y anunciar que el nuevo Papa era Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires (Argentina) y que había decidido llamarse "Francisco".

Desde el momento mismo en que apareció ante la multitud, que abarrotaba la Plaza de San Pedro, el Papa "venido del fin del mundo" demostró que estaba dispuesto a cambiar el estilo de pontificado. A los pocos días los medios ya hablaban del "Bergoglio style".

El 23 de marzo quedó plasmado en la historia gracias al abrazo de dos Papas: Francisco, el reinante, y Benedicto XVI, el emérito, quienes se encontraron por primera vez en la residencia de Castel Gandolfo, al sur de Roma.

La imagen del abrazo entre los dos registró un momento inédito para la Iglesia católica, la convivencia de dos pontífices contemporáneamente.

El 13 de abril, exactamente un mes después de ser elegido Papa, Francisco anunció la conformación de un grupo de ocho cardenales que lo asesorarían en la reforma del Vaticano y le ayudarían a gobernar la Iglesia.

Esa sería la primera de una serie de medidas establecidas por el Pontífice que dejarían en claro su voluntad reformadora.

En los siguientes meses conformó otras comisiones "referentes": una encargada de investigar a profundidad y proponer cambios al Instituto para las Obras de Religión (IOR, mejor conocido como banco del Vaticano), y otra con tareas similares dedicada a las estructuras económicas de la sede católica.

La primera encíclica de Francisco se publicó el 29 de junio y se llamó "Lumen fidei", aunque la mayor parte del documento fue obra de Benedicto XVI.

El verdadero gran escrito de Bergoglio fue "Evangelii Gaudium" (El gozo del evangelio), difundida el 24 de noviembre y que contiene el programa del pontificado.

En poco más de nueve meses, Francisco ha impreso un estilo propio al papado. Decidió evitar todo tipo de protocolo, ha preferido viajar siempre en un auto utilitario y dedica horas a saludar personalmente a los fieles (en especial a los enfermos y los necesitados).

Dejó de lado el apartamento pontificio y reside en Santa Marta, un hotel dentro de los Jardines Vaticanos; ha cambiado numerosos planes en sus actividades públicas, renunciando a discursos pre confeccionados y privilegiando el diálogo directo con las personas.

Ha realizado personalmente cientos de llamadas telefónicas a desconocidos, ya sea para agradecer cartas y regalos o simplemente para consolar a quienes se encontraban en dificultad.

Según dijo a Notimex Juan José Llach, sociólogo y exministro de Educación Federal en Argentina, todavía el Papa puede sorprender no sólo por sus gestos, sino también por su mensaje.

"Todavía está por llegar un tiempo difícil, porque los mensajes del Papa nos exigen mucho, una conversión interior, cambiar hábitos, hacer todo más acorde con el Evangelio. Es una persona que habla con el Evangelio, las bienaventuranzas son su programa", enfatizó.