Javier Raya, joven que mudó de la gráfica a la literatura

Autor de títulos como "El libro de Pixie" (2010), "Por los rasgos de una bayoneta" (2011) y "Ordalía" (2011), Javier Raya es un joven escritor que nació en la ciudad de México, en 1985, y quien pasó de la pintura hacia las letras como una forma de seguir el trabajo mecánico de su mano.

En entrevista con Notimex, habló de algunos pasajes significativos de su vida que han desembocado en su actividad literaria, principalmente en el ejercicio espiritual que es la poesía y la concepción que tiene del resultado de este ejercicio.

Primero había querido ser dibujante de cómics, ya que tuvo una marcada afición por este arte, pero llegada la adolescencia, a los 13 o 14 años, una "crisis de representación" lo arrojó a expresarse con palabras.

"No creo en ésto del rapto de la inspiración; eso de que de pronto algo se abre en el cielo y está el poema"; más bien, la poesía parte de una intuición, "una memoria de lo pasado y entonces la escritura tiende a reconstruir esa memoria".

Su trabajo "Estar en el mundo" fue finalista del segundo Premio Internacional de Poesía "Desiderio Macías Silva" 2006, pero para Raya, el mejor reconocimiento es ser leído, que la gente se interese en su obra y la comente.

Hacia el final de su adolescencia llegó a la ciudad de Querétaro, donde tuvo la oportunidad de estudiar en una escuela de la Sociedad General de Escritores de México (Sogem), para luego regresar a la capital mexicana e ingresar a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

"No leo tanta poesía, en realidad la leo a ratos o la leo mucho, siempre estoy releyendo algo de (César) Vallejo o de Borges, creo que soy muy clásico en ese sentido", mencionó sobre sus poetas favoritos.

Mostró también su admiración por Franz Kafka, a quien considera un gran poeta y cómico, aunque se tienda a pensar que lo kafkiano es algo terrible y opresivo, pero él más bien considera que este escritor checo "se reía de una forma muy discreta".

Para Javier Raya, la poesía no tiene ninguna importancia si se pretende salvar al mundo; los homenajes y la industria cultural hacen creer a los jóvenes que se interesan por la literatura que es posible hacerlo por este medio y no es así, aunque no niega que un poema puede cambiar una vida.