Sin veladoras ni flores migrantes en fosa común

Pedro es uno de los 240 migrantes que han sido sepultados en la fosa común del Panteón Jardín en Tapachula, de enero del año pasado a la fecha. Él, como el resto de los que están en ese lugar, no tendrá veladoras ni flores, ni será visitado en el Día de Muertos... ni nunca más.

Pedro ocupa el espacio número 56 de esa humilde sección, en donde solamente alrededor del 10 por ciento es identificado por sus familiares, en tanto que el resto termina sus días como desconocido.

Para ellos no hay una cruz, una veladora o alguna flor en su memoria, incluso, de los 22 que han sido identificados por sus familiares en estos casi dos años, solamente se ha exhumado un cuerpo y repatriado a su nación de origen.

La principal causa es que el traslado hacia una comunidad cercana en Guatemala significa un gasto en la funeraria más económica de alrededor de 50 mil pesos, y eso, para una familia pobre de aquellos lugares, representa hasta dos años y medio de comida.

Incluso muerto, Pedro y el resto de sus acompañantes no podrán descansar eternamente ahí. El plazo que marca la ley de alrededor de dos años para ser identificado y reclamado por sus familiares está a punto de concluir. De no ocurrir, esos espacios serán ocupados por otros desconocidos.

El administrador de ese panteón, José Luis López Coello, y Baldomero Cigarroa Leal, director de Panteones en Tapachula, relataron que apenas desde el año pasado, los cuerpos de la fosa común tienen una ficha técnica con fotografía y todas sus características.

Además de un croquis de ubicación que les permite saber exactamente en donde están.

Antes de eso no hay registros ni fotos, ni siquiera se sabe en donde fueron enterrados, porque esa fosa común en particular es un espacio de terreno que ha ido cambiando de lugar conforme ha crecido la población en ese cementerio.

El cual, con sus 12 hectáreas de extensión, sus poco más de 20 mil tumbas y sus apenas 450 espacios vacíos, es el camposanto más grande en Tapachula, la capital económica de Chiapas y paso obligado del flujo migratorio centroamericano.

Mientras que el Panteón Municipal, al extremo poniente de la ciudad, cuenta con 16 mil espacios ocupados en una extensión de ocho hectáreas y, buscando entre las pequeñas veredas en su interior, aún se pueden contabilizar 60 lugares disponibles.

En la fosa común casi todos son migrantes, aunque hay uno que otro indigente que no se podría tampoco precisar su nacionalidad. De todos ellos, el 95 por ciento son adultos y el resto menores de edad.

En los últimos 12 meses han sido sepultados en las áreas fuera de fosa común, 377 personas en el Panteón Jardín y 130 en el Municipal.

De acuerdo a los cálculos de ambos funcionarios y basados en esas estadísticas, esos dos cementerios llegarán a su máxima capacidad en poco más de un año.

En Tapachula hay otros 13 panteones entre públicos y privados, la mayoría ubicado en zonas rurales, además de una cripta en la parte subterránea de la Catedral de la ciudad, los cuales en su gran mayoría también tienen problemas de espacios disponibles.

Tapachula tiene la particularidad de que su población es de infinidad de orígenes que van desde el español, alemán, chino, francés, centroamericano, japonés y muchos otros más.

Por ello, en ambos cementerios se combinan muchas creencias religiosas y formas de celebrar y recordar a los muertos, aunque la cultura latina predomina.

En esos dos días alusivos a los muertos, el Panteón Jardín recibe a poco más de 35 mil visitantes, en tanto que el Municipal unos 16 mil.

Por ello, el ayuntamiento local tiene programado implementar un amplio operativo que incluye acciones de seguridad, vialidad y atención al público.

Según la tradición regional, los familiares de las víctimas llegan a limpiar las tumbas, las adornan con flores o globos, colocan incienso y, en las medidas de sus posibilidades económicas, festejan a sus muertos.

Algunos llevan mariachis o marimbas, colocan altares adornados con comida y bebidas propias de Chiapas, así como licor y cigarros.

Los niños difuntos son recordados con dulces, globos y hasta piñatas, aunque también hay muchos que se limitan a visitarlos solamente.