Acceso a educación superior con equidad, reto en América Latina

El reto más importante de la educación superior en América Latina es el acceso con equidad a ese nivel, pues la marea demográfica que la región tiene y tendrá en los 20 años siguientes requiere que haya un sistema más grande, señaló Francisco Marmolejo, especialista en educación terciaria del Banco Mundial.

Explicó que esto implica no sólo abrir más espacios, sino también generar condiciones para que las instituciones tengan capacidad para retener más a los estudiantes, es decir, que no haya una tasa alta de deserción, y que lo que aprendan sea relevante para ellos como profesionales.

"Entonces este círculo de acceso con equidad, retención y éxito es lo que consideramos que son los retos más significativos de la educación superior para la región", subrayó en entrevista el especialista mexicano.

Marmolejo asistió a la Cumbre de Innovación Mundial para la Educación 2013 (WISE, por sus siglas en inglés), en donde participó en un debate sobre si los cursos en línea abiertos masivos pueden o no democratizar la educación superior.

Al hablar sobre los aspectos para enfrentar dicho reto, apuntó que la inversión en educación superior en América Latina está por debajo de la media de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), como referente.

No obstante, aclaró, es necesaria además voluntad política, así como marcos regulatorios adecuados, pues "hay todavía en la región de América Latina una tendencia a la excesiva profesionalización de los programas académicos, (y) un demérito de la contribución que otros subcomponentes del sistema superior generan".

Agregó sin embargo que, aparejado a la excesiva profesionalización, está "lo que a nosotros nos parece que es un problema significativo en términos de un currículum en los sistemas de educación superior en la región todavía muy rígido y también muy ineficiente".

Esto último, comentó Marmolejo, "implica revisar con seriedad el tema nuevamente de qué es lo que están estudiando los alumnos y para qué están estudiando".

Puso como ejemplo que una cifra comparada, en el caso mexicano, indica que el total de créditos académicos que un estudiante acumula para poder titularse es aproximadamente 40 por ciento mayor que en Estados Unidos y casi 45 mayor que el caso europeo.

"Es solamente un pequeño indicador del problema que tiene la región en términos de eficiencia del currículum, relevancia del currículum, flexibilidad en el currículum", agregó Marmolejo.

Ante esta idea de que uno debe sobreespecializarse en una profesión cuando estamos viendo un mundo que ha cambiado radicalmente y en donde hay una altísima transdisciplinariedad, pues obviamente que tenemos que pensar seriamente si el modelo tradicional que ha habido en la región curricular sigue siendo válido en este momento, advirtió.

Como región, agregó, es importante reflexionar cómo está moviéndose el mundo, en qué sentido está privilegiándose la sociedad del conocimiento como un factor diferenciador fundamental de las regiones y de los países.

"La región tiene dos alternativas: o sigue viendo pasar el tren o trata de subirse a ese tren". Dicho de otra manera: "o se busca tener un crecimiento inercial como es el que ha tenido hasta ahora o se busca, reconociendo la realidad de lo que está pasando en el mundo, hacer aquellos cambios estructurales que nos permitan realmente reposicionarnos como región".

Esto implica replantearse lo que se hace; no romper, sino revisar algunos de los paradigmas convencionales que ha tenido la educación superior, indicó el especialista en educación terciaria del BM.

De otra manera, lo que podría suceder es que en 20 o 30 años, cuando el bono demográfico de la región se acabe, se corre el riesgo de que América Latina tenga altas tasas de dependencia de adultos hacia personas que trabajan.

Además, añadió, con poca capacidad productiva de los que están trabajando, porque no tuvieron una formación más adecuada a las necesidades de la sociedad del conocimiento y, consecuentemente, con sociedades que van a tener menor capacidad para generar mejores condiciones de vida para las siguientes generaciones.