De fiesta, llegaron a 60 años los Entremeses Cervantinos

Si bien los Entremeses Cervantinos son parte fundamental dentro de la programación del Festival Internacional Cervantino (FIC) que cada año desde hace 41 años se realiza en esta ciudad y otras sedes alternas, durante la edición terminada la víspera, Guanajuato tuvo una fiesta extraordinaria.

Lo anterior, porque los Entremeses Cervantinos cumplieron 60 años de convertir a la Plazuela de San Roque en una estampa del Siglo XVI, con los pregones, los enredos y las chusqueras de los retablos y las comedias que imaginó uno de los más grandes genios de la lengua española, Don Miguel de Cervantes Saavedra.

De acuerdo con el especialista Fernando de Ita, hace seis décadas, 12 lustros o dos mil 500 días, el maestro Enrique Ruelas (1913-1987), catedrático y director teatral, presentó por primera vez estos entremeses con la compañía de teatro de la Universidad de Guanajuato. Era el año 1953 y entre nervios, todo salió muy bien.

En ese entonces, la ciudad colonial que se ha hecho famosa en todo el mundo por sus minas, su Callejón del Beso y su Alhóndiga de Granaditas, era una localidad apacible, población en la que la vida pasaba lenta entre los muros, las calles y las casas de piedra. Todo ha cambiado desde entonces en la sede del FIC. Se nota.

Todo, menos los Entremeses Cervantinos, génesis de la también llamada "Fiesta del espíritu". Quienes llegan y se aposentan en la Plazuela de San Roque, son los testigos del espectáculo más longevo de la historia del teatro en México y muy posiblemente del mundo, presentado año tras año con el mismo empeño y éxito.

Por sus elencos han pasado jóvenes estudiantes que con el tiempo llegaron a ser gobernadores, alcaldes, rectores, académicos, deportistas, ingenieros, doctores, literatos, amas de casa, comerciantes, empresarios y uno o dos actores. Todos pasaron por ahí para dar lo mejor de su arte y patentizar su amor universitario.

Como todos los años, estima Fernando de Ita, los espíritus de Cervantes y del maestro Ruelas están al lado de cada espectador para ver qué tanto disfrutan sus invenciones literarias y escénicas, que lo mismo agradan al público de esta ciudad que de toda la entidad, de la totalidad de la geografía nacional y partes del mundo.

Hoy, el director de la compañía de teatro de la Universidad de Guanajuato es el maestro Eugenio Trueba Olivares, "quien representa a cabalidad la figura de los hombres que durante la mayor parte del Siglo XX iluminaron el pensamiento y la proyección humanista de toda una época en y desde la ciudad de Guanajuato".

Lo anterior, de acuerdo con Enrique Ruelas Barajas, quien es el presidente del Consejo Directivo de la Fundación Cervantista Enrique y Alicia Ruelas, la Asociación Civil que preserva la obra y el pensamiento de esa enorme pareja de impulsores del arte hecho teatro para beneficio de los amantes del género.

Esta imaginativa obra, emblemática y fuerte carta de presentación del Festival Internacional Cervantino, consta de tres entremeses de Cervantes: "La guarda cuidadosa", "Los habladores", y "El retablo de las maravillas". Cada obra consta de un prólogo y un epílogo, además de los tres entremeses arriba señalados.

El primero, "La guarda silenciosa", narra de manera jocosa y lúdica la disputa de un soldado y un sacristán por el amor de una fregona, frente a cuya puerta hace guardia el soldado celoso para alejar a cualquiera que pudiera ser su rival en esas cosas del amor y el corazón. Es una viñeta que gusta a todo tipo de público.

Respecto a "Los habladores", se trata tal vez del entremés más gracioso de los tres, por lo parlanchín de uno de los personajes centrales. En la trama, un hombre casado con la mayor habladora del mundo contrata a un tipo todavía más hablador que su mujer para curarle el enorme vicio de estar hable y hable todo el santo día.

Finalmente, en "El retablo de las maravillas", dos embaucadores hacen creer al público que las maravillas que presentan solo pueden ser vistas por quienes sean cristianos y habidos en legítimo matrimonio, y aunque nadie ve nada, pero todos fingen ver algo, por miedo a ser tomados por herejes o por bastardos. Una locura.