Reflexionan sobre los golpes de Estado en México y Chile

A través de las mesas de trabajo "Los presidentes y su encrucijada: Madero y Allende" y "Las caras de la traición, Huerta, Pinochet y las Fuerzas Armadas", especialistas mexicanos y chilenos reflexionaron sobre los golpes de Estado que se dieron en ambas naciones.

En el seminario "A 100 años de la Decena trágica y 40 del golpe militar en Chile", que arrancó ayer en el Museo Nacional de las Intervenciones, los historiadores expusieron las analogías y diferencias que se presentaron en ambos movimientos, de acuerdo con el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Durante la mesa de trabajo "Los presidentes y su encrucijada: Madero y Allende", Lorenzo Meyer explicó que mientras el ejército golpista de Chile tenía una tradición victoriosa del siglo XIX, en México, el golpe de 1913 provenía de la inseguridad que dejó la derrota de la intervención norteamericana en el siglo XIX.

Por otro lado, los grupos que derrocaron a Francisco I. Madero, en el caso de México, y a Salvador Allende, en Chile, tenían en común divisiones internas.

Al comparar las semejanzas entre ambos países, Meyer señaló que compartieron el rechazo a la oligarquía, a fin de ser gobernados de manera democrática.

En Chile, el entonces presidente Nixon estuvo interesado en que fallara el experimento democrático y alentó el golpe; mientras que en México, Estados Unidos buscó proteger sus intereses mediante el fortalecimiento de las instituciones y el término de la dictadura.

Sin embargo, dijo Meyer, los movimientos de estos dos países terminaron de forma muy distinta, puesto que en Chile, el ejército golpista mantuvo una continuidad y en México, desapareció.

Opinó que "esta acción por parte de los dos generales, Victoriano Huerta y Augusto Pinochet, debe permanecer en la historia de la infamia, los dos aceptando la autoridad presidencial, mientras preparaban la traición".

En la misma mesa, el historiador chileno Julio Pinto detalló que otras diferencias son que Madero no buscaba estallar una revolución pero contribuyó a precipitarla, a diferencia de Allende, quien sí tenía entre sus propósitos una transformación social.

Añadió que tras la muerte de Madero, los revolucionarios se alzaron en su defensa y reivindicaron su legado, en tanto que Allende quiso hacer la democracia y la revolución, pero con su muerte se gestó una contrarrevolución que transformó radicalmente los medios de convivencia social en Chile.

Por otro lado, la historiadora chilena Verónica Valdivia, quien participó de la mesa "Las caras de la traición, Huerta, Pinochet y las Fuerzas Armadas", comparó a Victoriano Huerta y Augusto Pinochet.

Huerta se distinguió en su desempeño militar a diferencia de Pinochet que ascendió a la milicia por haber cumplido los reglamentos y por casarse con la hija de un senador de la masonería, Lucía Hiriart, refirió.

Agregó que Pinochet era un desconocido y por eso, el 11 de septiembre de 1973, su mirada era dubitativa detrás de sus lentes oscuros, pues no había participado en la conspiración como Huerta, quien fue un general que llegó al golpe de Estado por ser el segundo en la línea de mando.

En el caso de Huerta, Madero le ofreció la comandancia en jefe porque es un general distinguido y victorioso, a pesar de las advertencias que recibe de que podría estar conspirando en su contra.

Pinochet es llamado comandante en jefe porque Allende entendía que el respeto a la verticalidad del mando, era uno de los elementos para evitar un golpe de Estado, abundó.

La batalla de Pinochet fue en los frentes políticos, económicos y culturales, porque tenía que derrotar a la izquierda y a la democracia en la mente del pueblo chileno, y eso requería de mucho tiempo y de un proyecto, por lo que empezó una guerra social que lo convirtió del general más débil al victorioso, consideró Valdivia.