Después de la tormenta, incertidumbre

En el piso hay lodo seco, también en las fachadas de las casas y en el follaje de algunos árboles, lo que indica hasta dónde llegó la corriente del río Balsas hace un mes en el poblado de San Jerónimo, en el estado de Guerrero.

Entre más nos adentramos al pueblo, más notorio es el daño; el lodo es más oscuro y espeso en las calles, hay colchones abandonados por doquier con los resortes de fuera y secándose al sol; casas con paredes improvisadas de plástico; techos desplomados, montículos de arena, piedra y lodo en vez de salas, cocinas o comedores.

La fuerza del Balsas ha disminuido ya, aunque su afluencia sigue nutrida y sus aguas "rebotadas", de color café, el mismo café que pinta las calles de San Jerónimo, El Limón, Nueva Tlapehuala y de muchas otras comunidades de Tierra Caliente asentadas en los márgenes del caudaloso río.

Tierra Caliente está en el norte de Guerrero, colindando con Michoacán y el Estado de México, lejos de las costas de Acapulco y Zihuatanejo, y fue una zona muy afectada por la tormenta tropical Manuel. De acuerdo con el gobierno estatal, los 81 municipios de Guerrero fueron afectados.

Poco a poco los recursos federales han ido bajando a estados y municipios, pero aún no llegan a todas las comunidades ni a todas las personas afectadas, es el caso del pequeño poblado de San Jerónimo, donde se repartió parte del acopio organizado por los trabajadores de Notimex.

Mientras, los diarios locales retratan a los ediles entregando apoyos en Coyuca de Catalán, Pungarabato y otros municipios; el gobierno local difunde las bases para financiar a los pequeños empresarios afectados; las delegaciones de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) continúan con los censos para aplicar el programa de empleo temporal, y muchas comunidades han recuperado parte de sus caminos.

Pero es insuficiente, se queja la gente, porque antes de la tormenta la economía de la zona ya estaba golpeada por la sequía que afectó principalmente a los pequeños productores. Muchos perdieron todas sus pertenencias y sólo conservaron las deudas.

En Tierra Caliente también hay grandes productores que siembran jitomate, plátano y papaya, quienes tan solo en Coyuca de Catalán y Altamirano, estiman haber perdido 10 millones de pesos; mientras que en toda la entidad el daño se calcula en dos mil millones de pesos, según datos de la Liga de Comunidades Agrarias.

-¿Qué era eso que se ve en medio del río?- parece un islote de grava con un montón de ramas cafés.

- Árboles- explica uno de los pobladores de San Jerónimo- se veían igual que los de allá- señala una zona verde y frondosa en la otra orilla del Balsas- y también toda la siembra de cacahuate que se perdió, también había maíz.

- ¿A qué se dedica usted?

- Soy barquero, pero el negocio cayó desde que construyeron el puente, antes, hasta carros transportábamos a Tlapehuala.

- Pero ahora que el puente se cayó, ¿no sacó un dinerito llevando gente?

- No, porque el río también hundió mi barca.