Consideran un desafío a la naturaleza autopista Durango-Mazatlán

Recién egresado del Instituto Tecnológico de Durango (ITD), en el 2002, Dante Luna buscó trabajo en la construcción de la autopista Durango-Mazatlán, una obra que desafiaba a la naturaleza porque atravesaría sierra y barrancas.

"Trabajar en la construcción de esa vía fue un orgullo, porque dejaste algo para la prosperidad del país", manifestó Dante Luna, un residente de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), quien trabajó en esta obra durante más de 10 años.

Primero, estaba en el área de Topografía, recorriendo los terrenos de la Sierra Madre Occidental, en muchas ocasiones le tocó ir a caballo con el machete, abriéndose paso por lugares que eran intransitables hasta para los mismos pobladores.

Posteriormente, se fue involucrando un poco más, llegó a ser auxiliar de residente de obra, hasta que un día presentó examen en el Centro SCT de Durango y se quedó con la plaza de residente.

Dante cuenta el trabajo que se hizo en cada tramo, lo que costó a él y a muchos de sus compañeros, quienes tuvieron que aprender rapel para escalar los cerros y quebradas, como la del Puente Baluarte, el cual tiene una altura de 402 metros.

También indicó que cada brigada de trabajadores tuvo que aprender de primeros auxilios, porque eran comunes los piquetes de alacrán, por lo que traían consigo suero antialacránico, así como lo necesario para atender caídas y accidentes menores.

Dante sintió como la madre naturaleza jugaba con sus planes, ya que en unos sitios fue difícil abrirse paso por el terreno inhóspito y peligroso, como la detección de una falla geológica que causó preocupación, ya que ponía en riesgo un tramo del proyecto.

Fueron horas de desvelo, colocando las trabes de los puentes, haciendo cimientos que fueran estables, pues una obra de tal magnitud debía de tener perfección.

A pesar de los derrumbes y deslaves que se presentaron en los últimos meses, los cuales los hizo trabajar a marchas forzadas, refirió que es una carretera segura, siguiendo las señales de tránsito, por lo que expuso que el viaje depende mucho del conductor.

Con nostalgia, indicó que fue un gran logro haberla concluido, pues en donde había cerros y quebradas hoy hay túneles y puentes, una obra que parecía imposible hace 10 años, hoy llena de satisfacción a todos los que trabajaron allí.

La autopista de 230 kilómetros con 61 túneles, 115 estructuras de puentes y viaductos representa para el estado la conectividad con otras entidades, además del impacto económico que traerá con la llegada de turistas.

Clemente Poon Hung, presidente del Colegio de Ingenieros Civiles de México (CICM), dijo que este fue un reto para todos los ingenieros, ya que es una de las construcciones más complejas que se hayan construido en el país, por atravesar un terreno agreste.

Esta obra surge del corazón de la Sierra Madre Occidental, al transitarla verán dos mundos fusionados: la tecnología aplicada en la autopista con cámaras de seguridad y fibra óptica; enmarcada bajo la belleza natural que proporcionan los bosques y sus cascadas; la sierra y sus aves de colores.

Durante la obra, se generaron 85 mil 800 empleos directos y 348 mil 200 indirectos. Todas estas personas provenientes de todo el estado, así como nacionales y extranjeros que vinieron aprender de la tecnología mexicana.

"No sólo fueron manos duranguenses, sino que esta obra es de todos los mexicanos e inclusive de manos extranjeras, aprendimos nosotros de ellos y ellos de nosotros, porque tenemos la capacidad para hacer este tipo de obras", comentó Dante Luna.

La autopista fue entregada el pasado jueves por el presidente Enrique Peña Nieto y en breve se abrirá al público, que hará dos horas y media para llegar a Mazatlán, cuando por la anterior, se hacían más de seis horas.