Amplio, el legado de José Antonio Alcaraz a la cultura mexicana

Compositor, musicólogo, actor, director y promotor teatral y de ópera; cronista y autor de cuentos infantiles, José Antonio Alcaraz Martínez murió hace 12 años, pero aún es recordado por su férrea defensa de la honestidad intelectual.

Perdió la batalla contra la diabetes el 1 de octubre de 2001, pero queda en la memoria colectiva como miembro de una generación que hizo el tránsito entre la militancia y el activismo gay.

De acuerdo con la biografía publicada por un sitio de obituarios, Alcaraz estudió Letras hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, al tiempo que cursó composición en el Conservatorio Nacional de Música, al lado de José Pablo Moncayo.

En 1961 viajó a Europa para realizar estudios musicales durante cuatro años en algunas de las más prestigiadas instituciones, como la Schola Cantorum de París, Francia; el Instituto de Música Contemporánea de Darmstad, Alemania, el Conservatorio Benedetto Marcello de Venecia, Italia, y el Centro de Ópera de Londres, Inglaterra.

Su interés y talento por la música lo llevaron a ser becado, lo que le facilitó su estudio en Contrapunto, Orquestación e Historia de la música, en Francia.

Durante su paso por Europa aprendió nuevas técnicas de composición musical y música electrónica en Alemania. En Italia hizo un curso sobre la obra de Verdi (1813-1901), lo que lo apasionó por la ópera.

Cuentan que desde esa época ejerció la crítica musical, especialidad que cultivó con dedicación durante su vida y con un estilo personal inconfundible, lleno de frescura, gracia y humor.

Alcaraz dirigió las publicaciones especializadas "Selemúsica" y "Tono", y colaboró en otras de México y el extranjero, como "Audiomúsica", "Buenos Aires musical", "The Listener", "Heterofonía", "Pauta" y "Plural".

No obstante, la ópera y el teatro musical fueron sus pasiones y lo que le distinguieron como director de escena e impulsor del género lírico en el país.

Dirigió obras del repertorio operístico tanto tradicional como mexicano, fue el fundador y director de la compañía Microópera y estrenó en el país obras de Claudio Monteverdi, Wolfgang Amadeus Mozart y Benjamin Britten, entre otros.

En 1962 recibió el Gran Premio de Concurso en la Universidad del Teatro de las Naciones en París, Francia, por la música del ballet Homenaje a García Lorca. En 1974, obtuvo el premio "Manuel M. Ponce" por la mejor música por su cantata "Yo, Celestina".

Como musicalizador destaca su trabajo en "¿Crimen, suicidio? de Tardieu", dirigida por Alejandro Jodorowsky, en 1960; "Arlequín, servidor de dos patrones", de C. Goldoni, dirigida por A. Huertas.

Entre sus montajes más destacados se encuentran: "El gran roído", de M. L. Mendoza, en 1968; "El nuevo inquilino o la guerra de Troya no se llevará a cabo", de Ionesco, en 1970, "Novísimo", de Salvador Novo, en 1973; "Fábulas de Monterroso", de su autoría en 1975.

También participó en teatro y cine, como actor, director, crítico y compositor de música incidental.

Su música sirvió a montajes de Luis G. Basurto, Alejandro Jodorowsky, Julio Castillo y Carlos Ancira; mientras que en cine, se le puede escuchar en "El muro del silencio", de Luis Alcoriza, y "Los días del amor", de Alberto Isaac, cuyas partituras ganaron el codiciado premio Ariel.

También compuso la música para unas 15 películas más, en colaboración con Federico Ibarra, Rubén Fuentes y Raúl Lavista.

Alcaraz también fue locutor de Salemúsica 690, acompañado de Teresa del Conde y de Eduardo Mata.

En esa época Alcaraz, era parte del Grupo Berlioz y entre sus amigos se contaba Carlos Monsiváis.

Se le recuerda sobre todo en los talleres del Chopo, en las aulas de la SOGEM, la UAM y Bellas Artes.

En el ambiente gay, se le reconocen varios méritos como poner en escena obras de teatro como: "Y sin embargo se mueve", "Tú Whitman", "Yo Celestina", y la primera ópera gay mexicana: "Sol de mi antojo".

Una faceta menos conocida fue la de autor de cuentos infantiles, entre cuyos títulos se encuentran "Rodelinda", "Sámara", "Mi abuelita Cecilia", "Cuentos de la abuela", "El pequeño Schubert", "En la más honda música de selva" y "Un niño astronauta".

Su deceso ocurrió el 1 de octubre de 2001, en la Ciudad de México, víctima de la diabetes que le ocasionó su dieta rica en calorías.