En Tierra Caliente, carreteras hermanan y pueden salvar vidas

Una carretera no es sólo infraestructura de lo tanto que prometen los políticos cuando andan en tiempos de campaña, son kilómetros que, ante desgracias por fenómenos naturales, hermanan y pueden salvar vidas.

Ante las inundaciones por la tormenta tropical Manuel, que en pleno festejo de las fiestas patrias golpeó a todo el estado de Guerrero, varias carreteras de la Tierra Caliente resultaron dañadas, vías de comunicación indispensable en una zona con ríos, arroyos y arroyuelos.

En la rivera del Río Balsas se asientan varias rancherías y pueblos de los diferentes municipios de la Tierra Caliente, donde incluso algunas comunidades se convirtieron en islas debido a las lluvias y al desfogue de agua de la presa El Caracol.

Sin embargo, una de las pocas carreteras sin daños en territorio guerrerense es la que comunica a Ciudad Altamirano, cabecera del municipio de Pungarabato, con la ciudad mexiquense de Toluca, y el Distrito Federal. Es la principal vía mediante la cual se está llevando ayuda a los calentanos.

Desde el Distrito Federal se puede llegar a esa región a través de esa carretera federal libre de peaje, que pasa por territorio de los estados de México y Michoacán.

Un tramo de curvas entre Tejupilco y Bejucos, Estado de México, hace que el conductor más experimentado tome su tiempo, sobre todo porque también es una zona de espesos bancos de niebla y vegetación.

Pasar por el tramo mexiquense, en especial en temporada de lluvias, es como pasar por un túnel verde, con inmensos árboles, matorrales y helechos colgantes que casi puedes tocar sólo con bajar el cristal de la ventana del vehículo.

En un recorrido, Notimex constató que los envíos de víveres tanto para michoacanos como calentanos se hacen por esa carretera. En el trayecto se observó un camión de redilas, de la central de abasto de Toluca, cubierto con lona y con una lona en la que se leía: "Apoyo para damnificados de Michoacán".

Luego de recorrer unos 278.8 kilómetros, que toman en promedio cinco horas, la vegetación va cambiando; los altos pinos, encinos y ocotes van desapareciendo hasta el momento en que sólo se ven huizaches, mezquites, cirianes y, entre otros -los más frondosos-, cueramos. Es entonces cuando se tiene la certeza de estar en Tierra Caliente.

Al llegar a Ciudad Altamirano, convertida también en el principal centro de abasto y comercio de la región, nos dirigimos hacia Tlapehuala, uno de los nueve municipios que el fin de semana del 14 y 15 de septiembre quedó incomunicado por el agua que cubrió varios tramos carreteros.

En algunos puntos el nivel del agua alcanzó hasta dos metros, como en Santa Bárbara y en un arroyo de la comunidad denominada Nuevo Guerrero, en el municipio de Tlapehuala, y se ve en los árboles que aún tienen la capa de tierra que les dejó el Río Balsas.

En esta región hay una temperatura promedio de entre 30 y 34 grados Centígrados, y aunque ha llovido, ya no hay agua estancada, pero sí casas de adobe derrumbadas y paredes de ladrillo rojo que aún guardan la humedad tras más de ocho días de la inundación.

Tierra Caliente es una zona que vía terrestre aún está muy lejos de la costa y el "paraíso turístico" que ofrece Acapulco y que fue azotado por Manuel, pero también está muy cerca del corazón de defeños y mexiquenses que sin intermediarios han volcado su ayuda a esta región.