Camotería "El Lirio", ícono de dulcería poblana, cierra en el CH

Un ícono de la dulcería en Puebla, "El Lirio", con más de 100 años de existencia, cerró sus puertas en el Centro Histórico de la capital poblana, debido a que la casona en donde se encontraba requería de una remodelación y sus dueños querían el lugar, dijo Rosa María Akino Hernández, propietaria de dicho negocio.

En entrevista para Notimex, abundó que cerró hace dos semanas por dos motivos, el primero fue porque la casa necesita mantenimiento en donde los techos estaban apuntalados, principalmente de lo que era la recámara principal y era la que estaba arriba del local.

Agregó que en parte de la escalera se empezaba a caer el cielo al rasgarse, de ahí que fue por seguridad de todos los que laboraban en el lugar; otra, debido a que la administración anterior tuvo problemas con quienes estaban a cargo de la dulcería que eran su tía y su abuelita.

"Al fallecer mi tía tomamos la administración mi mamá y yo, por problemas que desconocemos ya no quisieron rentarnos el local y lo que querían es que no estuviera El Lirio, aunque hicimos todo lo posible y no se logró", acotó.

Sin embargo, reconoció que el principal motivo fue el deterioro que tenía el lugar, ya que había hasta filtraciones y con el tiempo de lluvia fue lo mejor.

Recordó que "El Lirio" fue la primera camotería en Puebla, y de ahí surgen todas las demás.

Precisó que fue su tía bisabuela, la señorita Victoria Ortiz, quien fundó la dulcería e inició los famosos camotes y los dulces de leche.

"Primero puso El Lirio, posteriormente abrió la Gran Fama, tenemos un libro donde va anotando su dinero, el cual junta hasta poner otro negocio, la apertura de otra camotería, hasta lograr abrir otras cinco o seis tiendas", acotó.

Akino Hernández mencionó que a su abuelito le heredó el negocio y la Gran Fama se la dejó a otro de sus sobrinos el señor Ricardo Soto y otro comercio llamada La Alondra a otro sobrino.

"Ante esto El Lirio lo trabaja mi abuelo y al fallecer mi abuelita, de ahí que ahora la trabajamos mi mamá y yo, con ello soy la cuarta generación", señaló.

Resaltó que los ocho meses que estuvo al frente de la dulcería en el Centro Histórico fueron puras satisfacciones de toda la gente, escuchar de los clientes los comentarios sobre la atención que tenía su abuelita y la calidad del dulce la cual no se ha perdido, así como continuar con la misma receta de hace cuatro generaciones.

La cuarta generación de la dulcería "El Lirio" precisó que hoy Puebla ya no tiene el ícono de los dulces poblanos en el Centro Histórico, además que era conocido por su gran espejo francés de 1867, pero sobre todo por la calidad del producto y la atención que daba su abuelita al cliente.

Enfatizó que se perdió el lugar, pero no la tradición con el mismo nombre y la calidad del dulce, así como la atención ahora se da en dos lugares fuera del Centro de la ciudad, de manera momentánea en la calle 2 de Octubre mejor conocida como boulevard Díaz Ordaz, en el número 4327; además en un kiosko en Plaza América.

Por su parte, en entrevista por separado para Notimex el arqueólogo Eduardo Merlo llamó a las autoridades estatales y municipales a que intervengan y en un caso extremo interpongan un recurso legal para expropiar el inmueble, ya que se perdería uno de los recuerdos más importantes del siglo XIX de Puebla.

Destacó que era la camotería más antigua de Puebla y la más emblemática, ubicada junto a la Casa de los Hermanos Serdán, luego de perder un pleito legal con los dueños de la casa donde tenían más de 100 años la dulcería, y con ello terminaría una tradición de dulces típicos.

Refirió que "El Lirio" surgió cuando las monjas Clarisas son exclaustradas, quienes hacían el dulce de camote, pero cuando las lanzan ya no había quién hiciera los dulces de Puebla.

De ahí, otra gente lista empieza hacerlos, lo cual tiene un éxito formidable al presentarlos en rollo con papel encerado y no en platón.

Por todo ello, Merlo Juárez consideró como triste que se perdiera este local, como ha pasado con otros comercios emblemáticos de la Puebla de antaño.

Tal como lo fue una cordonería, en donde desde una cuerda de lino, o algún artpiculo para un alpinista, hasta el pabilo para una vela se podían encontrar, esto en la 2 Oriente esquina con la 4 Norte, donde fue cerrado y nadie hizo nada.

Lo mismo pasó con las sombrererías, la planchaduría de rebozos, se han ido las jarcerías del centro, ya ni hablar de las boticas que son parte sólo del recuerdo, y ahora la camotería más antigua "se la va llevar el tren".

Consideró que "el ayuntamiento de Puebla debió declararla Patrimonio Cultural de la Ciudad y con ello estaba protegida, y todavía puede hacerlo".