Rememoran a Julieta Campos a seis años de su muerte

Como una amante de los viajes y profunda conocedora de la literatura contemporánea, cuya intensa obsesión por la muerte, paradógicamente intentaba explicar la esencia de la vida, es recordada por colegas y amigos la narradora cubano mexicana Julieta Campos.

Al cumplirse hoy seis años de su partida, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) destacó el conocimiento que la también ensayista, académica y traductora tenía especialmente sobre la literatura hispanoamericana y la francesa.

Para el escritor y novelista Ignacio Solares, en sus obras se percibe como Julieta Campos se diferenció de sus coetáneas por reflejar "una intensa obsesión por la muerte, algo único en ella".

"Un tema con el cual me identifico en lo personal plenamente. Para Julieta, la muerte tiene su punto de partida, como debe ser, en el acto creador, por eso en ella Eros y Tánatos son apenas discernibles. La muerte es siempre 'lo otro', 'la otra' posibilidad".

Su don de mujer sensible, acota Conaculta, la hizo una apasionada de la vida, una amante de los viajes, que gozaba las caminatas vespertinas para observar los paisajes, ir a museos o comer en un buen lugar.

"Era agradable viajar con ella y era buena compañía. Compartí viajes como el de Acapulco, al hotel El Mirador, que figura en la novela 'Tiene los cabellos rojizos y se llama Sabina'", destacó por su parte el escritor Emiliano González, hijo de Campos.

Julieta Campos nació en La Habana, Cuba, el 8 de mayo de 1932 y acabó siendo mexicana, al obtener la nacionalidad, luego de haber contraído matrimonio con el también escritor y diplomático Enrique González Pedrero.

Fue doctora en Filosofía y Letras por la Universidad de La Habana e hizo cursos de perfeccionamiento del idioma inglés en la Universidad de Michigan (1953) y becada por la Alianza Francesa de su ciudad natal, hizo estudios en París (1953-1954), donde obtuvo un diploma en Literatura francesa contemporánea en la Sorbona.

En esa época, había recordado ella misma en alguna ocasión conoció las obras de dos autores, muy distintos entre sí, que le impresionaron: Virginia Woolf y Thomas Mann, personajes que la inspiraron y contribuyeron a estructurar la definición de lo que más tarde fue la vocación de su vida: escritora.

Según el Conaculta, la narradora residió en México desde 1955 y fue becaria del Centro Mexicano de Escritores (1966-1967); investigadora del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM (1969-1970); presidenta del Pen Club de México (1978), directora de la Revista de la Universidad (1981-1984) y formó parte de la Cátedra Alfonso Reyes del Tec de Monterrey.

Durante 10 años fue traductora para el Fondo de Cultura Económica y más tarde para la Editorial Siglo XXI. Dictó conferencias, participó en mesas redondas e impartió cursos y fue Secretaria de Turismo en el gobierno del Distrito Federal con Andrés Manuel López Obrador.

Campos también colaboró con crítica literaria en los suplementos de Novedades y Siempre! y en Revista Universidad de México, Revista Mexicana de Literatura, Diálogos, Plural y Vuelta, y fue galardonada con el Premio Xavier Villaurrutia en 1974 por la novela "Tiene los cabellos rojizos y se llama Sabina".

Fue reconocida por incursionar en diversos géneros literarios como novela, ensayo, crítica literaria, ficción y teatro.

Entre sus obras se encuentran: "Cuadernos de viajes" (2008), "La imagen en el espejo" (1965), "Oficio de leer" (1971), "Función de la Novela" (1973), "La herencia obstinada" (1982), "Un heroísmo secreto" (1988), "Bajo el signo de IX Bolón" (1988), "Tabasco: un jaguar despertado. Alternativas para la pobreza" (1996).

Además de "La forza del destino" (2004), "Celina o los gatos" (1968) y su primera novela "Muerte por agua", que la situó como representante del "nouveau roman" entre los hispanoamericanos, a partir de una historia que se reduce a la nada y cuyos personajes son detenidos, inmovilizados en un lugar donde la lluvia todo lo destruye.