Narran niños indígenas "lo que viven, saben y ven" de oficios

Mstianee´ ian l´iuu kuni kuitine ian lo´o tiaa´. Tirika stiane in lo´o jii, ki´i, es lo que nos cuenta la niña indígena Matilde sobre el procedimiento para hacer comales de barro en San Miguel, una comunidad del municipio San Juan Lachao, Oaxaca.

"Primero buscan y acarrean el barro. Lo dejan en el suelo, lo ablandan con agua. Después lo mezclan con ceniza o zacate seco. Lo vuelven a mojar", nos narra la menor de 11 años de edad en el libro ilustrado también por menores.

Matilde es una de las escritoras de historias de la segunda edición de la serie Hacedores de las Palabras, dedicada a Oficios y ocupaciones, seleccionadas en dos concursos que llevó a cabo el Consejo Nacional de Fomento Educativo (Conafe).

Ellos, los niños, son quienes conservan y transmitirán esa herencia cultural que comparten seis millones 695 mil 228 hablantes de lengua indígena en México, de acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

Y con el fin de mantener esa riqueza cultural, parte de la identidad nacional, el Conafe inició en los años 90 un estudio pedagógico sobre los procesos de lecto-escritura de la población infantil indígena, a fin de obtener nuevas estrategias educativas para mejorar la atención a ese sector.

De ese primer objetivo nació esta colección editorial, Hacedores de las Palabras, que consta de 18 títulos que contienen unos 500 cuentos en lenguas indígenas, con ilustraciones creadas en los talleres de plástica de las comunidades indígenas.

Los cuentos fueron publicados en náhuatl, kiliwa, maya, chol, chatino, rarámuri, zapoteco, tzotzil, mixteco, chinanteco, tepehuán, amuzgo, tének, cuicateco, respetando "la expresión escrita" de los niños y traducidas al español casi todas por ellos mismos.

La niña Matilde Hernández es una las poco más de 45 mil personas que hablan chatino y es también una protagonista de este homenaje a todos los mexicanos, a los que el Conafe destaca como "poseedores de la riqueza de una lengua originaria".

Oficios y Ocupaciones del lugar donde vivo contiene 29 historias de vida en comunidades donde no sólo se labra la tierra, sino también la paciencia para tejer algodón y lana, para hacer manteles y huipiles; palmas, con las que hacen petates y sombreros.

Es ahí donde los niños indígenas ven cómo se cuecen pan, ollas y adobes; cómo se talla la madera para hacer sillas, camas, mesas, juguetes y yugos, y así muy concretos cuentan sus historias.

Algunos más abiertos retratan dificultades o problemas familiares, pero sobre todo nos dejan al descubierto el conocimiento que tienen de la tierra, las estaciones y del valor del tiempo en el trabajo artesanal.

Los niños indígenas saben muy bien de qué hablan cuando se refieren a las diversas actividades que realizan los adultos para obtener un ingreso, y lo saben porque muchos ayudan a sus padres.

Sin embargo, lo que esencialmente nos comparten estos niños es su habilidad para escribir y hablar tanto en su lengua natal como en español sobre "lo que viven, saben y ven". Y nos llevan hacia su modo de vida, igualmente digno al que se vive en las grandes urbes.

En otro asunto, sigue abierta la convocatoria para la creación de los personajes "Cona" y "Fito", que son los que representarán al Conafe diversas acciones de comunicación social.

La recepción de trabajos concluye el 30 de mayo próximo, y se calificarán la originalidad y creatividad en el diseño de la imagen de los niños Cona, de 10 años, y Fito, de ocho.