Mantiene presente festival de jazz el legado de Charlie Parker

El músico estadounidense Charlie "bird" Parker, a quien se recuerda mañana que se cumplen 93 años de su nacimiento, es considerado una figura de la escena jazzística y es evocado por las nuevas generaciones de músicos y compositores.

Prueba de ello es el Charlie Parker Jazz Festival, que anualmente se desarrolla en Nueva York y el cual busca recordar al celebre músico, quien revolucionó el mundo del jazz de los años 40 al introducir el estilo conocido como bebop.

Charlie Parker, quien nació el 29 de agosto de 1920 en Kansas City, Estados Unidos, fue el único hijo del matrimonio de Charles y Addle Parker.

En 1927 la familia se mudó a Missouri, entonces un importante centro de música afroamericana, donde Parker tuvo sus primeras lecciones de música.

De acuerdo con el portal electrónico de la Public Broadcasting Service (PBS), en 1933 Parker comenzó a tocar el saxofón y participó con algunos grupos del circuito de Missouri hasta 1935, cuando decidió abandonar la escuela para trabajar como músico de tiempo completo.

De 1935 a 1939 regresó a Kansas City, donde tocó en diferentes grupos de blues y jazz, y tuvo la oportunidad de escuchar a los viejos músicos de la escena local.

En 1939 Parker visitó Nueva York por primera vez, y fue ahí donde alternó su actividad como músico profesional con actuaciones donde improvisaba sonidos con su saxofón.

Tras experimentar en diversos trabajos, en 1940, Parker entró en la banda del pianista Jay McShann (1909-2006), con quien permaneció hasta 1942 como un elemento fundamental en la sección de saxos.

Realizó su grabación debut con McShann colaborando solos en temas como "Oh, lady be good" y "Honeysuckle Rose"; posteriormente grabó sus primeros discos importantes dejando ver desde un inicio su gran talento musical.

Tiempo después, el ya conocido con el apodo de "The Bird", formó la primera big band bop de la historia, por la que desfilaron futuros gigantes del jazz moderno como Art Blakey (1919-1990), Miles Davis (1926-1991) o Tadd Dameron (1917-1965).

De acuerdo con la página de Internet "biografiasyvidas.com", en 1945, Parker grabó junto a Dizzy Gillespie una serie de discos que para la historia quedarían como los primeros testimonios de dicha nueva forma de jazz, conocida como bebop.

Este estilo caracterizado por la velocidad de sus tiempos y la experimentación armónica contagió a muchos otros jazzistas y al poco tiempo trascendió su condición estrictamente musical para convertirse en elemento característico de la sociedad afroamericana.

Sin embargo, la adicción de Parker a la heroína era total, por lo que en diversas ocasiones faltó al trabajo, lo que provocó que Gillespie decidiera no tocar más con él.

Parker continuó con su carrera y tras una penosa sesión de grabación, en la que casi no podía sujetar el saxo, fue ingresado al Hospital Psiquiátrico de Camarillo, del que salió siete meses después para regresar a Nueva York.

A partir de 1974 y sin estar completamente curado, el saxofonista vivió, durante cuatro años, la etapa más brillante y creativa de su carrera llevando el mensaje del bebop por los clubes más importantes, entre ellos, el que fue bautizado en su honor como "Birdland".

El reconocimiento internacional llegó cuando las revistas especializadas "Down Beat" y "Metronome" lo eligieron como "Número Uno" en su instrumento. No obstante, Parker mantuvo su afición a las drogas, y con ello constantes recaídas.

En esa época sostuvo una relación amorosa y sentimental con Chan Richardson (1925-1999), con quien tuvo dos hijos, y atravesó estados depresivos cada vez más frecuentes.

El 5 de marzo de 1955 Charlie Parker realizo su última aparición en "Birdland" pero debido a su mal estado la presentación se convirtió en una catástrofe, lo que deprimió al músico y lo orillo a refugiarse en la casa de la baronesa Pannonica de Koenigwarter (1913-1988).

Siete días después, el 12 de marzo de 1955, Parker falleció días antes de cumplir 35 años, producto de una combinación entre neumonía, úlcera de estómago, cirrosis e infarto.

Al día siguiente aparecieron en diversas paredes de las calles de Nueva York y en los vagones del metro grandes inscripciones que decían: "Bird lives", en memoria del saxofonista y compositor, considerado el más extraordinario saxo alto.