Demandan a policía de Miami Beach por muerte de grafitero colombiano

El Departamento de Policía de Miami Beach fue demandado hoy por la familia de un joven grafitero colombiano que murió después de que un policía de esa corporación le dio una descarga con una pistola eléctrica taser.

Israel Hernández, un grafitero de Barranquilla de 18 años, murió a principios de mes tras recibir una descarga eléctrica, luego de ser descubierto pintando una pared y perseguido por la policía.

En una rueda de prensa a las afueras de la corte de circuito, los abogados de la familia, Todd R. McPharlin y José Javier Rodríguez, anunciaron la demanda y dijeron que la ciudad no supervisa ni entrena a los agentes sobre el uso la fuerza, incluidas las pistolas taser.

Los abogados dijeron que el joven murió debido al uso de "fuerza excesiva".

Indicaron que la policía sólo ha dado a conocer uno de los informes de su investigación interna, y no ha informado sobre las causas de la muerte, e indicaron que la familia quiere una investigación independiente de una agencia federal o estatal.

En la actualidad el Departamento de Policía de Florida revisa la investigación interna de la policía de Miami Beach sobre el caso.

Los abogados dijeron que la demanda pide un juicio con jurado para determinar una compensación económica.

La muerte de Hernández ha hecho que la policía de Miami Beach esté en la mira por el persistente uso de violencia excesiva e impunidad.

Datos oficiales indican que en el 2005, 2007 y 2008 las pistolas taser que emiten una descarga paralizante fueron utilizadas por esa policía de manera dudosa y luego de investigaciones internas no hubo sanciones.

Lida Rodríguez Taseff, miembro de la Junta de Justicia Latina acusó a la policía de utilizar ese tipo de pistolas "como si fueran juguetes" y dijo creer que esa policía considera ese tipo de arma como un no-letal, cuando de hecho es "un arma menos-letal".

Una descarga taser trabaja con un sistema de dardos filoguiados que pueden impactar en un sospechoso hasta a 10 metros de distancia y generan una descarga de 400 voltios durante cinco segundos, que paraliza a la persona.

Amnistía Internacional ha denunciado más de 200 muertes por estas armas.