Celebrará el Colmex los 75 años de la Casa de España en México

Con la misma sencillez y austeridad que marcó su nacimiento, El Colegio de México festejará los 75 años de la fundación de la Casa de España en México, antecedente del Colmex y que sería fundamental en la historia reciente del país, informó su director, Javier Garciadiego.

Entrevistado por Notimex, el doctor en Historia recordó que en sus inicios la Casa de España no tuvo un domicilio, un edificio propio, sino que el Fondo de Cultura Económica le prestó dos oficinas, y luego tuvo sede en casas de las calles de Sevilla, Pánuco y la colonia Roma.

Con esta misma austeridad, continuó, celebrará estos 75 años: el lunes 2 de septiembre un grupo coral que tienen los mismos profesores del Colmex, acompañado por una formación musical integrada por estudiantes, ejecutarán el programa musical "Juego y teoría del duende", con canciones cultas y algunas de la Guerra Civil, y se proyectará el documental "Jesús Bal y Gay. La ventana ignorada".

Para el martes 3 se inaugurará la exposición fotográfica "El color del cristal con que se mira" y se presentarán los libros "Palabras para Alfonso Reyes", de Alfonso Rangel Guerra; "Memoria de José Moreno Villa", y "Elvira Gascón, retratista". Estos últimos recuperan materiales de dos de los primeros refugiados españoles en México.

El miércoles 4 de septiembre se realizará la actividad central, con la entrega del Premio Alfonso Reyes 2013 al doctor Francisco Rico, uno de los principales cervantistas de la actualidad, quien impartirá la conferencia "Un aprendiz en El Colegio. Reyes, los Lida y la NRFH".

Al respecto, el director del Colmex refirió que el mensaje es subliminal: en 1938 México fue refugio de lo mejor de España, y de este país lo más depurado es El Quijote y Sancho Panza, y por eso se premia a Rico.

Recordó que el nacimiento de la Casa de España en México, y con ella de El Colegio de México, se remonta a julio de 1936, cuando estalla la Guerra Civil en España y entonces el intelectual y promotor cultural Daniel Cosío Villegas estaba como encargado de negocios de México en Portugal.

En septiembre siguiente le escribe una carta a Francisco J. Mújica, responsable de la Secretarías de Economía Nacional y Comunicaciones y Obras Públicas, para que proponga al presidente Lázaro Cárdenas un programa de invitación de intelectuales españoles al país. Antes de que termine ese año el primer mandatario responde positivamente, dijo.

Entonces Cosío Villegas empieza a viajar a España, en medio de la guerra, para invitar los que serían catedráticos, formadores de profesores en México. Algunos aceptan de inmediato y otros deben primero pedir primero permiso al gobierno republicano, en el que cumplen funciones de gobierno.

Para 1938 empiezan a llegar los primeros españoles a México, a la Casa de España: León Felipe, Enrique Diez-Canedo, José Gaos, Luis Recansens Siches; 11 hombres y una mujer, María Zambrano, con tres condiciones: que tuvieran conocimiento de su especialidad, afinidad política, es decir no franquistas, y que fueran conocimientos útiles para México.

Garciadiego expuso que como la invitación decía por uno o dos años, entonces se decidió que la Casa no tuviera un edificio propio ni un programa académico elaborado, pues la idea de Cosío Villegas fue aprovechar a estos españoles para que fortalecieran a los maestros universitarios y de instituciones de educación superior mexicanos.

Apoyar a la Universidad Nacional, al Instituto Politécnico -recién creado- y a las universidades del interior con conferencias, cursillos y otros, por lo que lo interesante es este principio de generosidad, de complementación, de sencillez, subrayó.

Cosío Villegas sabía que estos españoles podían dar una conferencia al otro día de su llegada, a diferencia de los expertos centroeuropeos que huían tras la llegada de Hitler al poder, porque hablaban español.

Con la derrota de la República Española, estos intelectuales no podían regresar a su país pues su vida corría peligro y entonces se quedaron, pero además comienzan a llegar más solicitudes para viajar a México. Primero fueron 20, en una semana pasan a 40 y así crece el número, destacó el historiador.

Anotó que al acercarse el fin del gobierno cardenista, el presidente junto con Cosío Villegas y Alfonso Reyes deciden establecerla como una institución ahora sí permanente, pero no puede llevar el nombre de Casa de España, tiene que ser uno nacional y así nace El Colegio de México.

Resaltó que se toman decisiones muy inteligentes, que destacan el concepto que se tenía de ver a la educación como un sistema, que es como debe ser. Los científicos "duros", que llegaron muchos como Giral, Bolívar, Costero y otros, se irían a la UNAM o al Politécnico, que tenían laboratorios.

Y los que tienen un perfil más profesional, como en Derecho, entre ellos Recanses Siches o Pedrozo, se van a la Universidad Nacional, y los del área de humanidades se quedan en el Colmex, abundó.

Se queda, pues, Literatura, Historia, Historia del Pensamiento Filosófico, entonces el Colegio decide ser una institución pequeña, de Humanidades y Ciencias Sociales de alto nivel, de posgrado y que vincule la investigación con la docencia, bajo la idea de formar no profesionistas sino profesores.

Al respecto, puso en relieve la figura de Cosío Villegas, pues establece a México como refugio de estos intelectuales de avanzada y los aprovecha para el país que se quiere crear hacia el futuro.

La calidad del intelectual mexicano, subrayó, se ve en estos hechos: sus dos grandes instituciones han ganado el Premio Príncipe de Asturias: el Fondo de Cultura Económica y El Colegio de México. Al parecer es un caso único.

Igualmente, dentro del país tuvo la visión de saber el prestigio que ganaría México con esta acción humanitaria y, además, allegarse de los formadores de profesionistas y académicos que México necesita para construir el futuro que quiere.

Cosío Villegas, continuó, sabía que los problemas que entonces tenía el país no se acabarían con sensibilidad, como la tenían los cardenistas, sino que también se necesitaba conocimientos, disciplina.

Hizo notar que quienes llegaron a la Casa eran intelectuales nacidos en España, pero formados con lo mejor de Europa, y recordó que en 1898 la Madre Patria tuvo una crisis que le hace perder sus últimos territorios de ultramar y entonces al interior surge el movimiento llamado Regeneracionista.

Es decir, surge la idea de que se debe restaurar al país por lo que se crea una serie de instituciones, entre ellas la llamada Junta de Ampliación de Estudios, una especie de Conacyt, que apoya a un grupo de estudiantes para que absorban lo mejor de Europa, de Alemania, Suecia, Austria, Francia e Inglaterra, entre otros países.

Casi todos los españoles que llegaron a México recibieron este respaldo, puntualizó el historiador. Es decir, México trajo pensamiento del más alto nivel, más actualizado y traducido al español.

Así, comentó, en los siguientes años se traducen para el Fondo a Marx, a Weber, a Heidegger, y con ellos México pasa de ser un país plenamente nacionalista a uno nacionalista-universalista.

Como se puede ver, acotó, El Colegio de México es desde su origen un centro cosmopolita y para 1961-62 se crea el Centro de Estudios Internacionales y el de Asia y África.

En los años 70 del siglo pasado, con los movimientos sociales que en general se dan en América Latina, la explosión demográfica y el agotamiento del modelo económico seguido por México, el Colmex crea los centros de estudios Sociales, Demográficos y Económicos.

También entonces, Cosío Villegas establece que hay que conocer mejor a Estados Unidos, país al que, sobre todo tras el cardenismo, había sido visto como un enemigo por los mexicanos, y se abocan estudios de alto nivel dedicados a ese país, finalizó Garciadiego.