Aborda la OSM composiciones de Copland, Prokofiev y Stravinsky

La Orquesta Sinfónica de Minería (OSM) presentó, ayer sábado --Sala Nezahualcóyotl del Centro Cultural Universitario (CCU)--, su Octavo Programa (penúltimo) de la Temporada de Verano 2013.

Velada de particular significado por la presencia de la pianista rusa Lilya Zilberstein --una de las mejores concertinos del mundo--, de larga trayectoria y solista de Orquestas sinfónicas de prestigio mundial: Viena, Chicago, Colorado, Dallas, Montreal, Quebec y Oregon, entre otras; amén de sus colaboraciones con el violinista Maxim Vengerov en giras por Estados Unidos, Canadá y Europa.

Recepción conducida por el titular Carlos Miguel Prieto en transmisión de trabajos del estadounidense Aaron Copland (1900 - 1990): "Salón México"; el ruso-francés-estadounidense Igor Stravinsky (1882-1971): "La consagración de la primavera"; y el ruso Sergei Prokofiev (1891-1953): "Tercer concierto para piano y orquesta" en do mayor.

Sala Nezahualcóyotl del CCU con lunetas agotadas en la platea baja, y palcos de los pisos superiores y balcones a un 90 por ciento de su capacidad. Gran expectativa por la glosa de un prontuario musical imprescindible: vínculos del espíritu del más significativo compositor estadounidense del siglo XX con dos exponentes emblemáticos de la música rusa.

Prologo: Inicia la gala con "El Salón México", de Copland, en justas proporciones de motivos melódicos/rítmicos, desde citas de "El palo verde", "La Jesusita" o "El Mosco". Más que una recreación burda de los motivos melódicos de la tradición sonora azteca, el compositor neoyorquino sintetizó, con "voluntad neoclásica", el vigor de una cultura de matices múltiples.

"Me atrae la música mexicana: me inquieta el hálito de su acústica. 'Salón México' es resultado de mi admiración por ese México profundo que me conmueve. No quise citar irreflexivamente canciones populares, intenté disponer un dialogo instrumental de espiritualismo latente", declaró el autor de "Appalachian Spring", tras el estreno de la pieza en el Teatro de Bellas Artes de la Ciudad de México (agosto, 1937).

Conducción dinámica de Prieto y la OSM, que se creció en el interludio con jaculatorias briosas de las referencias de la tradición musical mexicana. Sección percutiva en reverberante soplo armónico-rítmico.

El coloquio que sostiene el violín principal con los alientos de maderas: uno de los más hermosos minutos de las partituras de Copland. Apertura de una recepción que humedeció la anochecida, y preparó a los asistentes para el agasajo que seguiría.

Capítulo Central: "Concierto para piano y orquesta No. 3" en do mayor (Andante - Allegro, Tema con variazioni, Allegro ma non troppo), de Prokofiev. Entrada al proscenio de Lilya Zilberstein: la ovación colma el recinto.

Prokofiev compuso cinco conciertos para piano y orquesta: muestrario de asombrosa técnica. Articulación de inspiraciones percutivas con talantes líricos propios del pianoforte. Para muchos especialistas, "el Tercer Concierto es el más redondo y el mas clásicamente equilibrado". Acotemos: el de mayor popularidad y elogios de melómanos y críticos.

Zilberstein y la OSM glosaron esta popular obra del autor de las miniaturas para piano, "Visiones fugitivas", con comedido sentido interpretativo y diálogo turbulento: solista de seguridad extraordinaria, y OSM precisa y cabal: determinante el "caudillaje axiomático" de Carlos Miguel Prieto.

Concordias de estridencias. Habilidad imaginativa de un músico que propuso una partitura con pasajes líricos ajustados con discordancias borrascosas en pos de una "discusión" (así le llamo Prokofiev) entre solista y orquesta (papel activo y retador más que mero acompañante).

1. Andante - Allegro: solo de clarinete en propuesta de una dilación melódica que la OSM extendió hasta la entrada del piano: rompimiento del lirismo en hermoso estallido de cadencia excesiva y sublimada armonía. Andantes impetuosos: retomo del tema inicial. Coda inquietante y virtuosa del piano.

2. Tema e variazioni: desplazamientos por modulaciones y escalas, las cuales el piano superpone al motivo principal. Paso vertiginoso de la orquesta y piano en largos atajos. Disposiciones disonantes propias del jazz. Notas descendentes del solista en coloquio con la orquesta. Modulaciones fragmentadas. Orquesta que retoma el leitmotiv. Andante en concluyente unidad armónica del piano.

3. Allegro ma non troppo: "querella" entre solista y orquesta (según el mismo Prokofiev). Tema principal edificado por fagotes y cuerdas en pizzicato. Piano en arenga bitonal que se enfrenta a la propuesta de las cuerdas. Atavíos deslumbrantes del piano: arpegios de notas al unísono con otros instrumentos. Fortissimo de dramático final.

Aclamación. Diez minutos de óbravos! y encomios. Cinco salidas. El encore que el público pide nunca se consuma.

Intermedio. Notimex se acerca al melómano Hervé Prado, quien emocionado comentó: "Lo que hizo la pianista en el tercer movimiento jamás lo olvidaré. Concierto que he escuchado muchas veces, pero la seguridad, conocimiento de la obra y la vehemente contienda con la orquesta me han conmovido. Lilya Zilberstein es grande: sencillamente, gloriosa".

Coda: "La consagración de la primavera" (escenas de la Rusia pagana): I. La adoración de la tierra, II. El sacrificio. Igor Stravinsky.

Teatro Champs-Élysée, Paris. Mayo 29 de 1913: uno de los más grandes escándalos de la historia de la música. Se alistó la OSM a configurar los compases bárbaros, feroces y arcanos complementados con concordias bitonales plagadas de discordancias: Stravinski en una licitación que dio un vuelco radical a la música.

Prieto: conductor fervoroso que estimuló a los instrumentistas por los parajes tortuosos de los dos segmentos ("Adoración de la tierra" y "El sacrificio"): efectos percutivos provocadores y violentos (ausencia de sonoridad expresiva) complementados con líneas melódicas superpuestas en mixtura de sonidos fiel a la ruptura stravinskiana.

Destacaron los capítulos "Augurios primaverales", "Juegos de las tribus rivales", "Danza de la tierra", "El sacrificio", "Círculos misteriosos de las adolescentes" y "Danza sagrada". La OSM logró configurar un torbellino orquestal de rugoso y virulento pacte armónico-rítmico.

Presencia (interludio de la segunda parte) de progresiones que fueron determinantes, años después, en Ravel ("Bolero", 1928). "Stravinski es el mecanismo convertido en música", escribió Deems Taylor, crítico musical del influyente rotativo "New York World". Las glosas instrumentales de la OSM se convirtieron en irrebatibles: confirmación de los valores futuristas de una composición que, a cien años de su primera muestra, no deja indiferente a nadie.

Aclamación general. Fervoroso tributo de Carlos Miguel Prieto y la OSM al autor de "El pájaro de fuego". Ayer, la Sala Nezahualcóyotl abrigó la fiereza de una música insidiosamente hermosa: provocativamente ineludible.

Hoy, a las 12 horas se repite el milagro: vale la pena darse una vuelta por el CCU.