Convierte la modernidad a juguetes tradicionales en artesanías

La modernidad, el tiempo y, quizás, la falta de promoción de los valores y cultura autóctona han dejado su huella en este enclave indígena, donde los infantes coletos y de los Altos de Chiapas festejarán "El Día del Niño" de manera diferente a como sus padres lo hacían.

Y para muestra, un botón: "Tiene su temporada el trompo, como ahora que viene el día del niño, pero ya casi no jalan", dice Cristina Aguilar Navarro, al lamentar cómo los juguetes de plástico han venido a reemplazar a los tradicionales de madera, trapo y barro, incluso entre los niños de origen indígena.

Instalada en su puesto en el "Mercado de dulces y Artesanías" doña Cristina reconoce que sí, aún se fabrican juguetes tradicionales, pero ya más como una artesanía y no como los que los niños coletos (originarios de San Cristóbal de Las Casas) de antes utilizaban para divertirse en la cuadra o en la escuela.

"Ahora, los indígenas tienen talleres en San Juan Chamula, en Betania (colonia del municipio de Teopisca) y hacen los juguetes para venderlos en los mercados de artesanía, los llevan hasta otros estados", comenta la vendedora, al explicar que los fabricantes también han sabido rediseñar entretenimientos como el trompo.

El trompo es un juguete, que aún se fabrica en esta ciudad, como ha sido siempre, en el barrio de Guadalupe, que ha sido renovado por los indígenas, pero ahora le agregan una manivela que tiene ya el cordón que se enreda en un agujero de la cabeza del trompo y se jala con fuerza para bailarlo.

"Antes el cordel se enredaba en el trompo que agarraban los niños entre sus dedos, y con fuerza lo tiraban para que bailara" explica doña Cristina, entrevistada por Notimex en su puesto.

La comerciante, que se resiste a dejar morir la tradición del juguete mexicano, oferta entre otros productos, los carritos de madera, los "trepatemiccos", muñecos sencillos atados con dos ligas a dos varillas de madera que al tensarlas hace que la figura de vueltas, y también los famosos baleros que no pierden vigencia.

"El balero tiene también su temporada, hay de dos tipos, uno de mujer que es una bolita que se mete en un huacalito, y el de niño que todos conocemos" explica.

También están las maracas y las matracas, que siempre han tenido demanda entre los niños de ésta región, porque se utilizaban tradicionalmente como sonajas para bebés, "las maracas las traen de Chiapa de Corzo y las matracas todavía se hacen aquí en el barrio de Guadalupe" relata.

Empero, enfatiza que estos juguetes se siguen haciendo, pero más como una muestra de la artesanía local, "ahora puede por acá ver a las niñas de los indígenas que están vendiendo aquí en el mercado cómo juegan con sus 'barbies' y trastecitos de plástico.

Antes jugaban con muñecas de trapo y trastecitos de barro, pero ahora eso también se vende como artesanía", reconoce la microempresaria.

Explica que como en las comunidades indígenas también se hacen las artesanías, los juguetes de los niños indígenas también son de plástico.

"Y ya no digamos en la ciudad, aquí ahora están jugando con las máquinas, en la televisión, en los celulares, ya no juegan con estos carritos", lamenta, e insiste en que los juguetes tradicionales son ahora una artesanía.

En su opinión, otra evidencia de que esos juegos son ahora muestra de la cultura popular es que en ese mercado son solamente tres o cuatro puestos los que venden los juguetes de madera; y lo mismo sucede en otros centros en los que se expende artesanía.

Aguilar Navarro también reconoce que la venta de estos juguetes son aún para muchos artesanos una fuente de ingreso importante, aunque son, pardojicamente, más solicitados por adultos que por los niños.

"Si se venden, se les puede ganar, no mucho, pero más cuando hay turistas en las vacaciones, cuando no es temporada de turismo, se vende muy poco, pero va uno saliendo", externa la expendedora de estos productos que han dejado de ser vendidos como juguetes, para ser adquiridos como adorno y recuerdo de un México autóctono, cada vez más lejano.