Se cumplen 190 años del Archivo General y Público de la Nación

Creado por el entonces ministro de Relaciones Exteriores e Interiores, Lucas Alemán, el Archivo General y Público de la Nación (AGPN) fue fundado hace 190 años, el 23 de agosto de 1823.

En su página de internet, el Archivo General de la Nación recuerda que la idea de la creación de dicho ente, antecedente del AGN, fue la de contar con una institución responsable de garantizar a los mexicanos de que la memoria documental del país fuera accesible para todos.

De esa manera, su mandato fue el de custodiar, ordenar, describir y conservar los documentos que conforman su acervo, con el fin de facilitar y promover la consulta y aprovechamiento público.

Precisa que su historia se remonta al 27 de marzo de 1790, cuando Juan Vicente Güemes Pacheco, segundo conde de Revillagigedo, envió al Ministerio de Gracia y Justicia de España el proyecto para crear el Archivo General de la Nueva España.

El propósito fue contar con un plan necesario y urgente para reorganizar la Secretaría de Cámara del Virreinato como el tallo de la dirección de todo lo que conduce el gobierno.

Al principio se pensó en el Castillo de Chapultepec como sede del archivo, y el ingeniero Miguel Constanzó se encargó de los presupuestos y las reformas para habilitar el espacio, sin obtener éxito, según se reseña en el sitio oficial de internet del AGN.

Las Ordenanzas para el Archivo General, derivadas de la Real Orden del 28 de abril de 1792, y redactadas por el propio Revillagigedo, disponían en 81 artículos la base para su funcionamiento.

Su objetivo principal, además de alcanzar las ventajas de un archivo general bien ordenado, asistido y manejado por personas inteligentes, era la contar con un depósito común de reales cédulas, órdenes, providencias y ordenanzas, entre otros documentos olvidados que contenían interesantes noticias.

No obstante, las oficinas del gobierno siguieron guardando sus archivos y únicamente el de la Secretaría del Virreinato se conservó en su palacio. Ello dio lugar a la pérdida de numerosa documentación, pues no existían normas jurídicas para el funcionamiento y uso de los acervos en los archivos de la administración, refiere.

Con la Independencia llegó un cambio radical en la estructura de la administración pública: desaparecieron oficinas del viejo régimen para dar lugar a ministerios de Estado; muchos de los archivos novohispanos quedaron momentáneamente abandonados en ese tránsito hacia una organización distinta.

Al consumarse el movimiento independentista, Ignacio María de Aguirre y Juan de Dios Uribe, archivistas de la dicha secretaría virreinal, fueron comisionados para repartir la documentación, alguna de la cual se rescató de su uso como mortero para cañones en la guerra, que se encontraba en el edificio de la Contaduría de Azogues.

Interesado por el conocimiento dedicado a la historia, Lucas Alamán fue nombrado ministro de Relaciones Exteriores e Interiores por la Junta Provincial Gubernativa de México, cargo bajo el cual creó el Archivo General y Público de la Nación, el 23 de agosto de 1823.

Con esta designación se establecía que los servicios de la institución no estaban destinados exclusivamente al uso del gobierno, sino para todos quienes estuvieran interesados en consultar su acervo.

El Archivo General y Público de la Nación dependió de la Secretaría de Estado y del Despacho de Relaciones Exteriores e Interiores, y tuvo sede en el local de la antigua Secretaría del Virreinato, lugar que fue protegido por José Fernando Ramírez durante la ocupación estadounidense.

Después de 1872, comenzaron a ofrecerse al público algunas tareas fundamentales que distinguen al archivo por su enorme beneficio social: las trascripciones paleográficas y la interpretación de los idiomas indígenas, a cargo de un notable empleado de apellido Rosales.

Hasta 1911 el archivo dependió del Ministerio de Relaciones Exteriores e Interiores, luego pasó a formar parte de la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes.

En 1918 se reincorporó a la naciente Secretaría de Gobernación de la cual depende hasta la fecha. También adquirió su actual designación de Archivo General de la Nación. En esa época una parte del AGN fue trasladada al antiguo templo de Guadalupe en Tacubaya, también conocido como Casa Amarilla.

De 1973 a 1977 la parte sustantiva del repositorio, hasta entonces situada en el Palacio Nacional, se trasladó al Palacio de Comunicaciones, espacio que pronto resultó insuficiente para albergar a la institución.

En mayo de 1977 se determinó que su nueva casa fuese la antigua Penitenciaría de la ciudad de México, conocida popularmente como Palacio de Lecumberri, donde se encuentra actualmente.