"Flor de Azalea" avaló nacionalidad a ingeniero mexicano en Venezuela

En más de 30 años de residencia en Venezuela, el ingeniero mexicano José Andrés Solís pasó días buenos y menos buenos de relaciones entre Venezuela y México, pero una anécdota que mezcla militares y rancheras marcó su vida aquí.

En diálogo con Notimex, Solís recordó que a fines de los años 70 había grupos guerrilleros activos en la región oriental del país. Una noche por el estado de Anzoátegui iba en la carretera con unos amigos y sin su pasaporte. Unos soldados les pidieron identificarse.

"Como no tenía pasaporte conmigo ni ninguna otra identificación un soldado me puso como prueba de identidad que le cantara alguna ranchera que no fuera ´El rey´ porque ´esa se la saben todos´. Le canté ´Flor de Azalea´ y con ella quedé señalado oficialmente como mexicano", narró.

Solís, coordinador de un proyecto de inversión en agroindustria, conoció las diversas áreas en el intercambio comercial, pero tras años de vivencias en tierra venezolana, afirma que el cine y la música son la mayor identificación entre ambos pueblos.

"Los venezolanos comentan que ser mexicano es sinónimo de persona trabajadora, honesta, simpática y luchadora. Tenemos el gran apoyo que nos dio el cine mexicano de los años 50 y 60 y la música es otro ingrediente de identificación. Hay una simbiosis natural con el venezolano desde hace mucho tiempo", dijo a Notimex.

El ingeniero ha sido asesor técnico de negocios y desarrollo de mercados de empresas transnacionales, funcionario de Bancomex como consejero comercial y vicepresidente e impulsor de la Comunidad de Mexicanos en Venezuela (Comeven), que cuenta con una página web.

Casado con una venezolana, tiene dos hijos, reside en Caracas y trabaja con varias gobernaciones un plan agroindustrial, que despierta interés ante el déficit alimentario que atraviesa el país y planes oficiales para garantizar la seguridad alimentaria.

Solís tiene su mejor anécdota en su llegada al país, que dice fue por accidente, pues en México fue designado originalmente a Colombia por una empresa estadunidense a finales de los años 70.

"Desde Colombia venía a ver cómo estaba la operación de la empresa hasta que me enviaron para desarrollar un proyecto que se tenía con una ensambladora de camiones. A partir de ahí, entre entradas y salidas, hasta el establecimiento en Venezuela, han pasado más de 30 años", explicó.

El experto en áreas comerciales comenzó su recorrido en el campo de negocios en Estados Unidos, donde cursó un entrenamiento de dos años, desde donde viajaba a otros países.

"Venezuela fue el último lugar que me tocó como parte de trabajo. Trabajando para los distribuidores de los americanos me propusieron quedarme y desarrollar un área de negocios para ellos y ahí empezó mi conocimiento del país a profundidad", mencionó.

"Había necesidad de llegar a clientes potenciales y existentes ubicados en todo el país, de manera que rodando y rodando recorrí la mayor parte del territorio venezolano. Me fui familiarizando con sus costumbres y su forma de ser", destacó.

Gracias a esa experiencia, afirma que los venezolanos tienen características particulares según su región de origen, muy distintos a los caraqueños, pero con sus excepciones los venezolanos "se muestran amables cuando saben que uno es mexicano".

Recalcó que mientras hay venezolanos que emigran a México atraídos por los negocios petroleros, los mexicanos vienen estimulados por el enfoque empresarial.

"Aquí existen grandes oportunidades en la industria de transformación y en el campo. Muchos paisanos ya vienen contratados por las multinacionales que operan en Venezuela. El país requiere de apoyo tecnológico en sectores productivos", apuntó.

Sin embargo, para Solís no todo ha sido júbilo, pues entre las experiencias adversas cuenta encuentros con la delincuencia en Caracas y la lentitud en lo que se refiere a la tramitación de documentos y reclamos.

"Quitando los atracos, puedo decir que el venezolano ha venido cambiando en su manera de relacionarse con los demás. Esto se debe en gran parte al nivel de contacto con el mundo de los momentos actuales", dijo.

Otros sucesos negativos que le tocó presenciar fue "el Caracazo", la ola de disturbios y saqueos de febrero de 1989, y los dos intentos de golpe de Estado 1992, dirigidos por el hoy fallecido presidente Hugo Chávez.

"Entender la situación del país no es fácil si no se tienen todos los elementos de juicio. No se pueden dar opiniones a la ligera y menos calificar un gobierno de malo o bueno", advirtió y dijo que "afortunadamente" siempre ha trabajado en el área técnica.

Algo que Solís echa de menos de su México natal es el picante. Explica que Venezuela, y en general en Sudamérica, la comida es similar, pues el maíz se usa extendidamente como "eje" alimentario. También usan frijol, jitomate, cebolla, pollo y vegetales.

"Son los mismos elementos, pero la preparación es clave. Lo único realmente difícil es conseguir el picante, el que hay es muy limitado y eso sí hace mucha diferencia pero al final uno se las ingenia para comer a lo mexicano", precisa el entrevistado.

Y sin embargo aclara que, "si no, pues te vas a un restaurante que tenga ingredientes importados".