Manos amuzgas de Guerrero expertas en arte del telar de cintura

Indígenas amuzgas del municipio de Xochistlahuaca de la zona de La Montaña-Costa Chica, con su arte de telar de cintura, poco apreciado en el mercado local, aspiran ingresar al mercado nacional e internacional, para que la magia del color que ellos imprimen en cada prenda, alcance un precio decoroso.

Hermosos vestidos, blusas, típicas de la región, se han convertido en un arte, hecho por manos mágicas de indígenas, a través de ello esperan alcanzar una vida mejor, si tan solo tuvieran una oportunidad de ubicar sus prendas en el mercado nacional e internacional.

La región amuzga en Guerrero se localiza entre la Montaña y la Costa Chica, cerca del Océano Pacífico, en las partes bajas de la Sierra Madre del Sur, a una altitud entre los 500 y mil metros sobre el nivel del mar, comprende cuatro municipios, entre ellos, Xochistlahuaca.

Este municipio cuenta con una población de 26 mil habitantes; de los cuales, poco más del 50 por ciento son mujeres, de éstas casi el 80 por ciento se dedica a la elaboración de vestimentas típicas, que van desde huipiles, vestidos de distintos diseños, blusas y bolsas, rebozos, a través del telar de cintura.

También en esta zona indígena hay siete mil 621 analfabetas de 15 años y más, 722 de los niños de entre 6 y 14 años no asisten a la escuela, por falta de oportunidades. Además de que la población, a partir de los 15 años en adelante, que son seis mil 879 no tienen ninguna escolaridad.

Francisca de la Cruz Victoria, indígena amuzga dedicada al telar de cintura desde a los 10 años de edad, afirmó que su mano de obra no es apreciada en el mercado local, generalmente tiene que esperar de seis a ocho meses, para poder vender un vestido bien hecho con un costo de ocho mil pesos.

Afirmó que no es tan fácil atarse a la cintura largos hilos para comenzar a tejer, a parte del desgaste económico, implica un desgaste físico fuerte, pese a que es una pasión para toda mujer amuzga, elaborar un vestido con los mejores bordados con flores más grandes.

"Las mujeres que nos dedicamos a eso, no es tan fácil, se hace el telar, pero lo que no tenemos es una venta, un mercado donde las indígenas llevemos la mercancía"; en el municipio dijo, el costo es muy barato, apenas alcanzan una venta a la semana de 200 pesos, en el caso de una blusa sencilla, que lleva ocho días de elaboración.

"Es un trabajo muy laborioso, pero se vende muy barato; he tardado seis meses en la elaboración de huipiles, a veces sin pararme a comer, pero no siempre me lo quieren pagar al precio que debiera", comentó.

En fechas recientes, una de las artesanas en la región alcanzó vender un vestido regional con un costo de 15 mil pesos; "pero se dedicó durante ocho meses en su elaboración, sus ganancias no fueron las esperadas", "en ocasiones ni llegamos a recuperar lo que invertimos en la compra de hilos", relató.

Las manos amuzgas también elaboran sobrecamas, servilletas y manteles. "El decorado el precioso, pero no siempre se paga lo que es", afirmó.

Resaltó que la necesidad urgente de las artesanas de la región, es que el gobierno del estado les proporcione las posibilidades de ubicar un mercado para la venta de sus trajes.

Un vestido de novia, hecho a través del telar de cintura tiene un costo de ocho mil pesos. En Xochistlahuaca hay varios talleres que se dedican a impartir clases a las niñas indígenas para continuar con la tradición.

"A mí me enseñó mi mamá Aurora Victoria", madre de Francisca de la Cruz, ella a su vez aprendió de niña, al mirar a sus antepasados y vecinas cómo tejían los vestidos. "No tuve que asistir a una escuela, creo que es algo que se lleva en la sangre, porque se aprende rápido", resaltó.

Las indígenas han recibido del gobierno del estado, a través del DIF-Guerrero, regalos como paquetes de hilo, chaquira para el adorno de algunos de los vestidos y blusas, "pero en realidad, lo que requerimos es de un mercado para vender", abundó.

Han sido partícipes de desfiles de moda, organizados por DIF-Guerrero, donde exhiben sus prendas y se han quedado en los aparadores en espera de un cliente, hasta por tres meses.

De acuerdo con la indígena, la desesperación les ha llevado a buscar organizarse, para impulsar nuevas opciones de apoyo, con proyectos productivos.

La mayoría de las mujeres indígenas usan faldas floreadas con blusas sin mangas o vestidos ligeros, pero también acostumbran los huaraches o andan descalzas, que es lo más común.

Su cabello lo adornan también con cordones de colores de estambres que llaman "Tlacoyales", hechos por ellas mismas o con flores de la región.

Desde épocas prehispánicas el huipil es el atuendo muy tradicional de la mujer indígena, y al igual que entonces sigue elaborándose en un telar de cintura, compuesto de un lienzo de tela plegado que llega hasta el tobillo o la rodilla.