Invita historiadora a conocer el lado humano de Francisco Villa

Si bien fue un héroe de la Revolución Mexicana, es necesario que la gente conozca al otro Francisco Villa, al ser humano que se despoja de esa aura revolucionaria, enamorado y padre amoroso, con sentimientos, temores y anhelos, sostuvo la historiadora Guadalupe Villa Guerrero.

En entrevista con los medios de comunicación, realizada hoy en el Museo Nacional de la Revolución con motivo del 90 aniversario luctuoso del llamado "Centauro del Norte", Villa Guerrero, nieta de Francisco Villa, afirmó que a veces uno pierde de vista que todos los seres humanos "tengamos el trabajo que tengamos, desempeñamos esos dos papeles".

La historiadora, quien dictó la ponencia "El otro Villa" como parte del ciclo de conferencias "La Revolución que vino del Norte", dijo que muy pocos conocen a ese Villa, por lo que más allá de las leyendas negras o épicas, invita a que se acerquen a él como ese ser humano generoso, preocupado por la educación de los niños y por hacer de México un país mejor.

Recordó una anécdota de su abuelo cuando vino a la Ciudad de México y se entrevistó con Emiliano Zapata en diciembre de 1914, pues al caminar por la Alameda se encontró a unos jóvenes que estaban dormidos junto a una puerta envueltos con periódicos y se preguntó por qué no estaban en sus casas.

"Le comentaron que muchos de ellos eran huérfanos o habían huido por el maltrato que les daban sus padres, entonces hace una redada y sube como a 300 jóvenes a un tren; le telegrafía a su esposa y le dice: ´ahí te mando a esos chamacos para que los metas a la Escuela de Artes y Oficios´. Luz Corral cuenta en sus memorias cómo se ve en unos aprietos terribles porque debía comprar catres, colchones y cobijas, así como ollas para darles de comer", expresó Villa Guerrero.

La historiadora mencionó que algunos de esos niños y jóvenes fueron carpinteros, músicos y torneros, de esa forma Francisco Villa les proporcionó las herramientas necesarias para su vida futura y así se mantuvieran ellos mismos.

"Pero no nada más fueron niños que llegaron a la Escuela de Artes y Oficios, también mandó a estudiar a jóvenes a academias en Estados Unidos, un hijo adoptivo de él, Francisco Gil, junto con otros, fueron a una academia militarizada en San Francisco, California, y ahí él convivió con el que sería más tarde presidente de Estados Unidos, Harry S. Truman", apuntó.

La nieta de Francisco Villa definió al "Centauro del Norte" como una persona generosa que siempre se preocupó por los que menos tenían.