Protagonista de "Tejedoras de Destinos" desnuda su oficio

Convencida de que todos tejemos nuestra propia vida, Adelice Lewis, protagonista de la novela "Tejedoras de Destinos", de la escritora Gennifer Albin, lamentó hoy aquí que la sociedad imponga tanto a hombres como a mujeres el rol a desempeñar en sus vidas.

Entrevistada a propósito de la citada publicación, la joven de 16 años saltó de las páginas de ficción para hablar sobre los pros y contras de ser hilandera, una especie de "semidiosa" o "hechicera" que se encarga de controlar los destinos de los demás, menos el suyo.

"De mi nadie sabe y nadie puede conocer qué es lo que deparará el destino; trato de hacer lo posible por tejer mi propio camino y más que tener una obsesión de ser hilandera, en realidad ese es mi destino, es mi don, se me dio esa tarea", dijo.

Cuenta que no eligió ser este ser poderoso, pues al desempeñar ese rol, estás limitado a todo, a la libertad, a la felicidad, a llevar una vida común y corriente y sobre todo, al amor.

"Yo no elegí ser lo que soy, lo descubrí siendo niña, vi los hilos de nuestra vida, los que nos rodean y los toqué y ese fue el punto con el que me descubrieron que no era cualquier hilandera.

"Se trata de un momento de soledad, pues es algo que yo no deseo ser, lo malo es que estoy rodeada de muchas envidias porque muchas quisieran mi posición, la cual no deseo tener, porque el ser hilandera es un privilegio: me cambian, me bañan, me peinan y cuántas no desearían ser lo que yo soy", indicó.

Sin embargo, dijo, le hubiera gustado ser como su madre, una secretaria o bien una maestra, pues le gusta enseñar y estar en contacto con la gente y con los niños.

"Dicen que somos un oráculo pero es algo muy lejano, somos hilanderas, personajes que ayudamos a los demás y que le gente no debe de saber más allá de lo que el sistema nos permite", comentó.

Bajo el sello Alfaguara, esta novela de ciencia ficción cuenta la historia de Lewis, una joven de 16 años que vive rodeada de chicas susurran a sus espaldas, pero la joven de Adelice tiene un secreto: sus errores son intencionados.

Dotada de una habilidad fuera de lo común para tejer el tiempo, Adelice es exactamente lo que la Corporación está buscando, y en aras ser elegida tejedora es lo máximo a lo que una joven puede aspirar.

Ser hilandera significa privilegios, riqueza y belleza eterna, pero no sólo eso, también significa tener la facultad de bordar la esencia de la vida. Pero para ello hay que pagar un precio que Adelice no está dispuesta a asumir, puesto que deberá controlar absolutamente todo lo que las personas son: lo que comen, dónde viven, cuántos hijos tienen.

Así que está decidida a fallar en las pruebas para ser hilandera, pero en su último examen sus dedos resbalan, el telar reacciona a su don y la Corporación la identifica.

A partir de ese momento, Adelice dejará de tener control sobre su vida y pasará a convertirse en un instrumento más de la omnipresente Corporación. Sin embargo, una vez dentro, el poder de Adelice irá creciendo mientras aprende a manejar su don y a decidir en quién confiar, a quién vigila y a quién ama.

La protagonista sostuvo que esta novela se relaciona mucho con las y los jóvenes de hoy, respecto a quiénes son y a dónde van.

"Se trata de un llamado de mi parte, para que la lean y sepan que no están solas y que todos nos sentimos solos en algún momento y que se trata de procesos de la vida", refirió.

Frustrada por no poder enamorarse y escapar a la libertad, su libertad, concluye que "esta historia es mi realidad, es mi vida y es tratar de romper con lo que me dicen y descubrir mis potencialidades y características, y ver hasta dónde puedo llegar yo y el poder de mis palabras".