Bertha, empleada doméstica que lucha por sobresalir

Desde hace 30 años Bertha trabaja como empleada doméstica, labor con la que ha ayudado a su familia para sobresalir a pesar de la poca remuneración que recibe.

Llegó de Taxco a la zona conurbada del Estado de México, con cinco hijos y su marido, comenzó una vida en un terreno de Chamapa en este municipio, ante los problemas económicos que enfrentaban comenzó a prestar sus servicios como empleada doméstica.

Actualmente labora cinco días a la semana ganando 250 pesos al día sin prestaciones.

Recuerda que en aquel tiempo sólo trabaja para una casa dos veces por semana, entraba a las 8:00 horas y salía cerca de las 16:00 horas para regresar a dar de comer a sus hijos, de los cuales uno sufre de epilepsia, motivo por el cual sus gastos se incrementaban para darle atención médica.

Bertha es una de las poco más de dos millones de empleadas domésticas que se estiman trabajan en la República Mexicana y de las cuales el 49 por ciento se concentra en la región centro del país, principalmente en la zona del estado de México.

De ellas, en esta entidad, sólo ante el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) delegación poniente, se tiene un registro de 200 que reciben seguridad social.

Con el paso de los años, las necesidades de Bertha y su familia se han incrementado, por lo que actualmente presta sus servicios de lunes a viernes, en tres casas diferentes, percibiendo al día un sueldo de 250 pesos.

Para Bertha, ser empleada doméstica es un trabajo poco remunerado, pues en muchas ocasiones llegan a prestar más servicios como el cuidar a los niños, hacer de comer, salir más tarde por algunos encargos y otras labores como cuidar enfermos en la casa donde trabajan, por los cuales en la mayoría de los casos no reciben ninguna gratificación o pago extra.

Es una de las trabajadores del hogar que no cuenta con seguridad social, ni prestaciones.

Pero está contenta porque "hay ocasiones que en algunas de las casas donde trabajo me ayudan con las medicinas, con ropa, zapatos, cuando no puedo ir sólo aviso porque tengo que ir al médico o por algún problema y no pierdo mi trabajo, eso es bueno porque lo necesito", señala Bertha.

A sus 49 años de edad, sin saber leer ni escribir, dice que no espera que las condiciones de trabajo de las empleadas domésticas cambien, pero está segura que es un trabajo que siempre existirá y aun cuando tenga que trabajar cinco días de la semana, con esos ingresos puede hacer frente a su gastos.

"Todo depende de las ganas que uno le ponga para tener más dinero, este trabajo depende de las ganas que uno le ponga, si necesito más trabajo en otro lado, como soy honrada y bien hecha me dan la recomendación para entrar a otra casa, y además puedo tener la tarde libre para atender mi casa", comenta Bertha.

Con este empleo y el de su marido, como albañil, Bertha sacó adelante a sus cinco hijos, construyó un casa que ahora es el techo de algunos de sus nietos, y aun cuando recibe apoyo económico de todos los miembros de su familia, dice que no dejará de ser trabajadora doméstica porque es un trabajo digno que le permite siempre tener para lo que necesite, unos "centavos" en la bolsa. NTX/CBQ/AJV