Investigan posible sitio de contaminación radiactiva en El Paso

El ejército de Estados Unidos investiga un posible caso de contaminación nuclear en un viejo "búnker" para almacenar armas, usado décadas atrás durante la época de la Guerra Fría en una zona del Campo Aéreo Militar Biggs en El Paso, Texas.

Voceros castrenses informaron este martes en rueda de prensa en El Paso que también se están investigando informes de que residuos contaminados, como trapos utilizados para limpiar las armas nucleares, fueron enterrados en recipientes cerrados en esta zona.

La investigación se encuentra en sus inicios, pero no existen razones para que el público en general se encuentre preocupado por los riesgos de salud, dijeron los voceros.

La averiguación se inició luego de que un veterano de la Fuerza Aérea que trabajaba en Biggs en la década de los años 50 se puso en contacto con el Centro de Seguridad de la Fuerza Aérea preocupado por la posible contaminación en el lugar ante la posibilidad de que se construyan viviendas militares en la zona.

La Fuerza Aérea administró el Campo Aéreo Biggs hasta 1966, cuando fue transferido al ejército y se convirtió en parte de Fort Bliss.

La instalación formó parte del Comando Aéreo Estratégico, que supervisó el programa de armas nucleares de la Fuerza Aérea.

Funcionarios de Fort Bliss dijeron que se cree que en el sitio se almacenaron armas nucleares.

El búnker que registra bajos niveles de contaminación radiactiva ha sido sellado al igual que otros ocho edificios de la zona.

El búnker afectado por la posible contaminación había sido utilizado desde 2003 para almacenar los rifles y ametralladoras de la Guardia Nacional y reservistas para su uso en entrenamientos.

Los voceros militares aseguraron que no se han reportado enfermedades. Alrededor de 30 personas han tenido acceso a la construcción en los últimos meses, pero no existe una estimación de cuántos han interactuado con el edificio desde 2003.

Las armas fueron utilizadas solamente en entrenamientos y han sido desde entonces desechadas.

La investigación, que podría llevar meses, es coordinada por especialistas en salud pública y medio ambiente del Ejército.