Tramoyista, el héroe anónimo que hace posible la magia del teatro

Armar escenografías, bajar y subir telones, colocar la utilería en el lugar correcto y manejar a la perfección el sistema de automatización, son algunas de las tareas que desempeña el tramoyista.

Pareciera un trabajo normal, pero su concepto cambia cuando detrás del escenario, en plena oscuridad, a gran velocidad y con el apoyo de una lámpara de mano debe hacer posible la magia del teatro mientras transcurre la función ante más de dos mil personas, en el Teatro 1 del Centro Cultural Telmex.

Por ello es que Jesús Ramírez Paz, quien suma 26 años de labor profesional en el rubro, asegura: "Somos los héroes anónimos, pues casi nadie sabe lo que hacemos".

"Chuchín", como le llaman sus compañeros, comenzó trabajando como oficinista en una compañía de seguros. Después contrajo matrimonio y su suegro lo involucró en esta profesión debido a que era jefe de tramoya en el Palacio de Bellas Artes.

"Me ponía a ayudarle en la construcción de escenografías, lo cual me gustaba mucho porque siempre me atrajo la carpintería y a fines de la década de los 80 todas las escenografías se hacían con ese material, nada era de metal como ahora", explicó.

Su primer trabajo para Ocesa Teatro, donde labora desde hace 16 años, fue en "La Bella y la Bestia" (1997), en el teatro Orfeón y desde esa fecha ha participado en por lo menos 15 montajes más ("Jesucristo superestrella", "El fantasma de la ópera", "El hombre de la mancha", "José, El Soñador", "Chicago", "Los productores" y "Peter pan", por citar algunos.

Actualmente se desempeña como jefe de tramoya en el musical "Mary Poppins", que asegura ha sido el más complicado de montar, según su experiencia, ya que tiene una escenografía enorme y todo se realiza al nivel de Broadway, circuito de teatros al que algún día le gustaría ir y fungir como espectador.

"Me atrevería a asegurar que hasta lo hacemos mucho mejor que en Broadway, con más entusiasmo y pasión. Incluso, cuando nos visitan expertos extranjeros se asombran por la calidad de nuestro trabajo", destacó.

Ramírez Paz también forma parte del equipo de "Popeyes", pues ha empleado el máximo de su fuerza, junto con sus compañeros, para subir y bajar 150 kilogramos de telón, pero eso no es nada, dice, ya que en "El hombre de la mancha" (2000) manejaban un trazo de lado a lado del escenario por casi cuatro metros de altura y dos de ancho.

"Era un pasillo de iglesia y pesaba cuatro toneladas y media repartidas entre tres personas, por eso digo que también somos los 'Popeyes' del teatro", destacó.

Trabajar en el teatro es su vida, aunque antes le implicaba más retos porque desarrollaba más acciones.

"En los 80 todo lo que hacíamos era completamente manual, nada de automatización como ahora. Cargábamos cosas verdaderamente pesadas y había que trasladarlas al escenario en cuestión de segundos para lograr el cambio de escenografía antes de que el actor dijera su parlamento. A veces éramos hasta 60 personas corriendo de un lado a otro", recordó.

El lema del tramoyista es: "Que todo salga a la perfección". Los errores son humanos, admite, "pero no durante una función, porque ésta debe salir lo más limpia posible y sin pausas. En caso de que algo falle tenemos que reaccionar rápido y darle solución antes de que el espectador lo note".

Su hora de entrada es por lo menos tres horas antes de que inicie la función y de inmediato debe revisar a detalle todo el sistema que implica la tramoya, así como mantener comunicación con los jefes de los diferentes departamentos: automatización, iluminación, utilería, vestuario, entre otros. Después se realizan pruebas para verificar el buen funcionamiento de todo el equipo.

A lo largo de sus 26 años de tramoyista, "Chuchín" ha visto debutar en escena a cientos de actores que hoy son famosos, como Bianca Marroquín cuando formaba parte del ensamble en "La Bella y la Bestia" y ahora protagoniza "Mary Poppins", además es reconocida en Broadway.

"A Natalia Sosa también la vi ingresar y la primera vez se veía nerviosa, ahora es una estrella. Pedro Armendáriz nos caía muy bien porque antes de entrar a escena (en 'Los productores') siempre se ponía a vacilar y nos hacía reír, entraba al escenario y cuando regresaba, terminaba de contarnos el chiste. Era un señor muy carismático.

"Roberto Blandón también es un tipazo. Cuando acababa la temporada de la obra en que estuviera, organizaba una comida para todos los técnicos. A Lolita Cortés la conozco desde hace 23 años, cuando estuvo en '¡Qué plantón!' y ahora es nuestra gran artista, siempre concentrada en su trabajo, pero también muy divertida", resaltó.

De anécdotas, Jesús Ramírez tiene muchas para contar, como la de hace 25 años cuando casi se le va a los golpes al cantante Enrique Guzmán.

"Lo iba a hacer porque era muy grosero con nosotros, demasiado chocante, apenas te le quedabas viendo y ya te decía de cosas ofensivas. Pero el año pasado lo vi en 'Hay buen rock esta noche', en el Teatro 2, y fue muy diferente, porque llegó a saludar a toda la gente.

"Entonces me acerqué y le pregunté: '¿Por qué ese cambio?, antes no soportabas a nadie' y me respondió: 'Pues ya ves chaparrito, de repente me llegó y ahora vivo feliz, soy otra persona', lo cual me dio mucha alegría, porque la verdad soy su fan número uno y me dolían sus insultos", platicó.

Al concluir las funciones, "Chuchín" se encarga de colocar las cosas de nuevo en su lugar para que estén listas al siguiente día.

Comenta que entre el silencio, la ausencia del elenco y la sala oscura se ha topado con fenómenos paranormales, "los que siempre existen en los teatros.

"Aquí tenemos un niñito que nos hace travesuras, aunque todavía no lo he visto. Sin embargo, cuando estuve en 'Los miserables' (2002) bajé al baño por donde estaba el foso de orquesta.

"Para entonces, ya no había nadie. Atravesé un pasillo largo y me topé con todos los racks de vestuario cruzados. Se me hizo raro que así los hubieran dejado, pero los empecé a acomodar y cuando por fin me dirigía al baño sentí que alguien pasaba corriendo atrás de mí.

"Tomé mi lámpara, la encendí y no vi a nadie. Me lavé la cara y cuando salí otra vez todos los racks estaban cruzados y no había nadie en el lugar, porque ya todos se habían salido. Empecé a decir groserías, y de nuevo alguien pasó detrás, pero yo subí corriendo muy nervioso", relató.

Jesús tiene tres hijos, dos de los cuales han seguido sus pasos. Uno labora como jefe de foro en la Compañía Nacional de Danza y el más chico también es tramoyista y está de gira en Colombia con la obra "¡Si nos dejan!".

"He visto llegar e irse infinidad de personas, pero yo siempre digo que a quien le guste el teatro estará aquí por siempre y al que no, se irá de inmediato. El teatro demanda tiempo, se pierde mucho de la vida social porque trabajamos principalmente de viernes a domingo y nos perdemos de muchas cosas con nuestros seres queridos.

"Sin embargo, si volviera a nacer, me dedicaría de nuevo a lo mismo y tendría a la misma esposa, que en 30 años de matrimonio comprende perfectamente mi trabajo y me apoya", concluyó.