Cuando la tumba llama, la póliza acompaña

Los seguros de vida son un producto financiero que respalda a la familia del titular para mitigar las consecuencias económicas y patrimoniales que puede traer su muerte, siempre y cuando se cuente con los documentos que lo acredite.

La Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) recomienda que llegado el momento, es necesario llamar al teléfono que aparece en la póliza para conocer las características especificas del seguro y si fue adquirido en moneda nacional, otra divisa o certificados financieros.

En caso de desconocer si el fallecido tenía seguro, aconseja acudir a la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef) para reclamar el beneficio de la póliza.

Señala que la propia institución será quien informe con qué aseguradora se realizó el contrato y si el beneficiario no cuenta con el documento que lo acredite, se puede hacer una consulta en el sistema de información de la Condusef para poder reclamarlo.

Por otro lado, explica que la institución financiera está obligada a realizar el pago dentro de un periodo de 30 días, después de recibir los documentos de acreditación.

Aclara que el seguro de vida prescribe a los cinco años a partir del fallecimiento de la persona asegurada y si no hay beneficiarios asignados, los herederos deberán iniciar un procedimiento de sucesión legítima para que un juez determine quiénes recibirán los recursos.