"Manantial del corazón", un poético llamado a apreciar a los niños

Con la consigna de "no más niños muertos en la impunidad, no más niños muertos por la violencia del mundo", la dramaturga yucateca Conchi León presentó anoche aquí su espectáculo "Manantial del corazón", pieza basada en ritos y mitos locales pero, sobre todo, en la esencia de la mujer de estas tierras.

Como parte del primer día de actividades del Festival Internacional de la Cultura Maya (FICMaya) 2015, que se lleva a cabo del 16 al 25 de octubre, la obra de teatro regional documenta el conocimiento ancestral de las comadronas yucatecas, a través de una ceremonia denominada Jetsmek.

Ésta reproduce los ritos que se realizan a los niños y niñas bajo el cielo del Mayab y los cuidados de la primera infancia, según las creencias populares de esta tierra, rescatadas de la tradición oral.

Entre los mayas, expuso la dramaturga que saltara a la fama por su emblemática pieza "Mestiza Power", existe la creencia de que los niños crecerán amados por su lugar de origen si en sus primeros meses un grupo de personas se reúne para pedirle al corazón del cielo y al de la tierra que se abran para recibir su historia.

La pieza arranca con un trío de mujeres que, enfundadas en hipiles, y entre rezos y murmullos, van develando la forma de ser de la mujer maya, con su habla, sus dichos y saberes, para ir dando paso a algunas historias de violencia intrafamiliar y sometimiento del sexo femenino.

El clímax es la historia de una comadrona y su quehacer de traer chiquitos a este mundo y llenarlos de bendiciones para la vida y la muerte, porque "todo lo que se camina de ida, también se debe hacer de regreso", refiere el montaje.

Sobre el escenario del Teatro Fantasio, cuatro cruces, una banca de madera, un santo y algunas jícaras, son la escenografía diseñada por Juliana Faesler, que sirve de marco a Conchi para que acompañada por Andrea Herrera y Addy Teyer, de vida lo mismo a una mujer golpeada y abandonada, que a una solterona amargada y chismosa, o a una jacarandosa comadrona.

Con música de Pedro Carlos Herrera, la producción a cargo de Oswaldo García Ferrer, la pieza resulta una radiografía pormenorizada de un grupo social al que Conchi ha dedicado su producción teatral, la de la mujer del Mayab, pequeña, graciosa, tan indefensa como "entrona".

La historia de un niño con Síndrome de Down, que es maltratado y marginado emocionalmente hasta por su madre; la de un niño que es asesinado por la violencia de su padre hacia su madre, y la de uno más (extraído del público) a quien el público le ofrenda diversos parabienes en un jetsmek, transcurren entre la tragedia y el humor.

El público, que dada la gran oferta cultural de estos días no abunda en espacios cerrados, se sumó al montaje, una parte encaramada en el escenario mismo, la otra, desde las primeras filas, escuchando atento y participando en la ceremonia, contando pasos de ida y vuelta, y arrojando cáscaras de pepita, en señal de buenaventura para el menor.

A final de la representación, Conchi agradeció al público la respuesta ante su más reciente montaje, que surgió unos ocho meses atrás, cuando conoció el rito del Jetsmek en el Centro Comunitario "Noj Naj", ubicado en la comunidad de Chacsinkin, Yucatán.

En esta ceremonia, expuso, los familiares cercanos se reúnen para entregar simbólicamente una serie de elementos que acompañarán la vida del pequeño, junto con una danza de manos que lanzan buenos deseos para la vida.

"Con la bondad de las palabras que se lanzan al viento, los Mayas hacían caminos para ir y regresar por ellos", comentó la actriz y dramaturga yucateca.

El montaje, además, explicó a la concurrencia, está dedicado en todas sus funciones a Celeste, una niña de seis años, familiar del tejedor de uno de los tapetes de la obra, que murió de causas no esclarecidas, y a quien desean un feliz regreso.

Porque debemos entender, dijo, que los pequeños son mucho más que una cajita de instrucciones, que para crecer necesitan palabras amorosas y buenos augurios, más allá del "apaga la tele, pórtate bien, no toques, no mires, no corras", que prevalecen en la actualidad.

Un prolongado aplauso despidió a la creadora maya del escenario, donde se le entregó un diploma de participación del FICMaya, donde el público la arropó con abrazos y peticiones para fotografías del recuerdo.