Aminetou Mint Moctar, una mujer que lucha por los derechos de todos

El Premio Nobel de la Paz 2015 fue otorgado la semana pasada al Cuarteto del Diálogo Nacional de Túnez. Había muchos nombres en las quinielas, algunos de los cuales muy conocidos, como los del papa Francisco, Angela Merkel y Juan Manuel Santos, y otros que aparecen más raramente en la prensa internacional.

Entre estos últimos se encuentra Aminetou Mint Moctar, una mujer mauritana que atesora una larga historia de lucha por los derechos de las mujeres y que tiene una energía que le permite continuar su misión.

Aminetou Mint Moctar recibió la noticia de que no había ganado el Premio Nobel de la Paz con mucha serenidad. No se había hecho muchas ilusiones, ya que era muy consciente de la dura competencia, pero admite que se había preparado un breve discurso por si la codiciada medalla acababa en sus manos: "Este premio no es mío, sino de todas las mujeres de mi país y del mundo víctimas de injusticias".

Madame Aminetou es presidenta de la Association des Femmes Chefs de Famille (AFCF), que fundó en 1999 y que cuenta con más de mil miembros y sedes en toda Mauritania.

Su país, tristemente marcado por la esclavitud (*), es también el escenario de graves abusos contra las mujeres. Entre muchos otros, los matrimonios precoces. La AFCF, haciendo caso omiso de las consecuencias y la represión, pone el cuerpo y el alma para sacar a la luz los casos de estas víctimas invisibles.

Hace apenas un par de horas que ha vuelto a casa de una larga gira promocional por los Estados Unidos y Europa, pero Aminetou Mint Moctar decide dar una entrevista sobre su valiosa labor, que le ha valido una nominación a la edición 2015 del Premio Nobel de la Paz.

-Madame Aminetou, ¿Me puede hablar de la labor de la Association des Femmes Chefs de Famille?

La asociación se llama así (Associación de las Mujeres Cabeza de Familia) porque creemos que en todas las sociedades son las mujeres las que llevan las riendas de la familia, que son las verdaderas "jefas" de verdad, aunque casi siempre se ven eclipsadas por la presencia amenazante del hombre, sea el esposo o el hermano.

No somos sólo una asociación de mujeres, luchamos por los derechos de todos, mujeres y hombres. Gracias a los análisis de nuestros especialistas en sociología, economía y comunicación, denunciamos las violaciones de los derechos humanos, la impunidad, el racismo y cualquier forma de exclusión.

En todo esto tenemos un foco especial puesto en las mujeres. Aquí la mujer no tiene nada más preciado que su cuerpo, y el hecho de que el número de violaciones haya aumentado considerablemente dice mucho sobre la situación de Mauritania, que en cuanto a república islámica debería tener unos valores muy diferentes.

-¿Cómo está la cuestión de los matrimonios precoces en Mauritania?

Es muy grave, es una práctica que por desgracia encuentra un amplio apoyo entre las autoridades locales y en todos los estratos de la sociedad, de los mauritanos más claros de piel a los más negros. De hecho, hay un gran número de casos de muertes de niñas por hemorragias durante las relaciones sexuales.

Una niña de 8 años de Nema fue violada, asesinada, descuartizada; la pusieron en una bolsa de plástico y la arrojaron a una casa abandonada. La persona que cometió estos crímenes estuvo sólo seis meses en la prisión, y cuando salió hizo desaparecer a otras chicas.

Mauritania necesita leyes que protejan realmente a las mujeres. El paso que hay hasta un escenario similar a lo que está ocurriendo desde hace algún tiempo en Siria, Iraq y Nigeria es muy corto. No queremos que las mujeres mauritanas acaben igual que las sirias e iraquíes, azotadas, golpeadas, amputadas y asesinadas por el Estado Islámico; o las nigerianas, víctimas de Boko Haram.

-Por lo tanto, ¿está diciendo que Mauritania se está hundiendo en el abismo del extremismo religioso?

Mi asociación busca cultivar la tolerancia. En Mauritania vivimos una fase sin precedentes del extremismo salafista (**): los discursos en las mezquitas son hostiles a la educación de las mujeres, alaban los matrimonios de niñas de 6, 7, 8 y 9 años, fomentan la poligamia, están presionando para que las niñas abandonen la escuela y se queden en casa ocupándose de las tareas domésticas.

El fanatismo en las escuelas está ganando cada vez más terreno, y es el Estado el que permite todo esto haciendo la vista gorda. La gente de mi generación crecimos en un Islam moderado, no violento ni oscurantista. Hoy en día en cambio nos encontramos con un Islam extremista, salafista y violento que tiene un grave impacto en la población, ya que llega a casi el 80 por ciento de los mauritanos.

-¿Cómo explica que en las últimas elecciones las mujeres políticas hayan obtenido un 25 por ciento de los votos?

Lo hicieron todo para que Occidente creyera que el poder aquí se comparte con las mujeres. El gobierno tiene fobia a Occidente, tiene miedo de perder las ayudas internacionales, principalmente las de la Unión Europea. Y por eso hace nuevas leyes y enmiendas que no son más que artimañas de la más baja calidad.

En la actualidad, tenemos ocho ministras en el Parlamento, pero ¿qué cambia cuando tenemos un Parlamento sordo y mudo? Las han puesto allí, en los salones del Parlamento, como los adornos en que se fijan los curiosos. Pero ¿tratan los problemas reales de las mujeres? ¿Los afrontan con seriedad? Yo digo que no.

-¿Alguna vez ha recibido amenazas o ataques por sus ideas y su trabajo?

Yo, como mujer, soy valiente. Antes de ser militante de los derechos humanos soy militante de la izquierda mauritana. Empecé mi lucha a los 11 años. Y esta es mi peculiaridad respecto a los otros: aunque conocí la prisión a los 13 años y he sido encarcelada muchas otras veces, nunca he abandonado mis principios de militante por los derechos de todos.

Si hoy en Mauritania criticas la poligamia te acusan de apostasía. A mí me dicen todos los días que soy una atea, una laica, una loca. Y todo esto porque estoy en contra de la poligamia. Incluso he perdido la cuenta del número de fetuas (sentencias jurídicas dictadas por un líder religioso islámico) a las que me han condenado los imames mauritanos.

Me golpearon a la salida de la mezquita, y como a mí, a mis seres queridos. Por razones de seguridad he mandado a mi hijo a vivir a los Estados Unidos.

Pero estoy convencida de la lucha que llevo adelante desde toda la vida, porque creo que Mauritania debe convertirse sí o sí en un país plural, un estado de derecho, un lugar de justicia e igualdad, donde se compartan igualitariamente los recursos naturales entre todos los ciudadanos y que tenga una sociedad en la que todos sus habitantes se sientan representados.

(*) Mauritania fue el último país en el mundo que prohibió la esclavitud, en 1981. A pesar de las recientes enmiendas a la ley contra la esclavitud, en ámbitos locales e internacionales hay críticas contra el actual gobierno del presidente Mohamed Ould Abdel Aziz, acusado de no abordar adecuadamente este fenómeno, que sigue arraigado en el país.

(**) El salafismo aboga por el retorno a un Islam puro, el que se remonta a los primeros años después de la muerte del profeta Mahoma, ya que considera que a lo largo de los siglos, como resultado de la dominación extranjera y de la connivencia con Occidente, la religión ha perdido sus características originales.