Atrapa "Sadko" al CCB en el festival "El do le dijo al Re"

Bajo la premisa de que la felicidad no se encuentra sino que se construye día a día, la soprano Ana Cristina Arias de la Vega engalanó anoche la cuarta edición del Festival de Música para Niños "El Do le dijo al Re", con el espectáculo musical "Cuentos de Sadko".

En el Teatro Orientación del Centro Cultural del Bosque en esta ciudad, la cantante mexicana atrapó las miradas de poco más de 100 personas, en su mayoría niños, que se dieron cita en dicho foro, con su repertorio de compositores rusos como Nikolai Rimsky-Korsakov, Anatoly Liadov e Igor Stravinsky.

Acompañada por la música en vivo de Jorge Laguna y Petr Nevelitchkii al violín, Josef Alcorn, en la viola, Masha Casar en el violonchelo, Iván Nevelichkiy en el contrabajo, Daniel Martínez en la flauta y Vladimir Sagaydo en el piano, la soprano dio vida a la pareja del protagonista, el aventurero Sadko.

Durante el espectáculo musical infantil, el actor Juan Antonio Llanes caracterizó a Sadko, un personaje de la épica medieval rusa, un aventurero y comerciante de Nóvgorod en busca de la felicidad, historia escrita en 1867 por el propio Nicolai Rimsky-Korsakov.

El actor, ataviado muy al estilo de la época de los Zares Rusos, narró los cuentos "El gallo dorado", "El pájaro de fuego" y "La bruja Baba Yaga", en sus versiones originales, con lo que deleitó a los pequeños.

Música y voz convirtieron el "show" en una gran presentación, con la que al final músicos y actores se llevaron los aplausos.

Según Juan Antonio Llanes, Sadko era un pobre músico que se ganaba la vida tocando el gusli (el instrumento más antiguo de Rusia).

Poseído por un irrefrenable anhelo de lejanía, sale a correr mundo después de haber cosechado todo tipo de burlas en la plaza del puerto de Nóvgorod. El rey de los mares en persona y su bellísima hija, la ninfa Volkova pone a sus pies los tesoros de los océanos, para que sus sueños se hagan realidad.

Este poema sinfónico, titulado Sadko, se estrenó en Moscú el 26 de diciembre de 1897, gracias a una sociedad musical privada, y representó para el autor, a pesar de que la ejecución fue muy floja al parecer, uno de los mayores triunfos de su vida.