Inseguridad y pánico reaparecen en playa de Río de Janeiro preolímpico

Pasar con amigos o con la familia un día en la playa, disfrutando de las altas temperaturas y del mar, acaso sea una experiencia relajante en muchos países, pero en la preolímpica Río de Janeiro esta enraizada costumbre carioca puede acabar en una pesadilla marcada por la inseguridad y el pánico.

En momentos en que la ciudad registra su mayor período de canícula del invierno, las célebres playas de Copacabana y de Ipanema fueron tomadas por miles de bañistas que, como sucede cada año, fueron víctimas de hurtos, asaltos individuales y en masa (los temidos ´arrastoes´), pese a la presencia reforzada de efectivos de seguridad.

Más de 60 personas fueron detenidas el fin de semana por cometer asaltos y robos que causaron pánico entre los habitantes y los turistas de estos barrios de clase media y alta, en una ciudad célebre por su violencia y por sus diferencias sociales, y que se prepara a marchas forzadas para los Juegos Olímpicos de 2016.

Los asaltos, algunos captados por las cámaras de los medios de comunicación, se producen tras la prohibición el pasado 10 de septiembre de la Justicia a los controles policiales preventivos en los autobuses que enlazan las áreas modestas con los barrios opulentos de la ciudad.

La medida había suscitado mucha polémica entre organizaciones defensoras de los derechos humanos porque, contrariamente a lo que establece la ley, la policía hacía controles en los autobuses que salían de barrios pobres para expulsar de ellos a los jóvenes ´sospechosos´ de querer cometer asaltos en las playas, pero sin que por lo tanto hubiera ninguna prueba contra ellos.

La situación de caos y pánico vivida este domingo en el corazón turístico de Río de Janeiro era perceptible en las calles del barrio de Copacabana, donde a los asaltos de grupos de jóvenes se sumó un lamentable linchamiento propiciado por habitantes del barrio.

Estos últimos decidieron organizarse para tomar la justicia por su cuenta al detener un autobús y dar una paliza a un adolescente negro que iba dentro.

El sábado por la tarde, los temidos ´arrastoes´ -asaltos en masa cometidos en la arena de la playa por bandas de jóvenes criminales que, literalmente, roban pertenencias y arrastran con ellos el pánico- se extendieron a los barrios del interior, como Botafogo y Humaitá, lo que provocó el cierre de varios comercios y resultó en una persona herida por una bala perdida.

El secretario de seguridad de Río de Janeiro, José Mariano Beltrame, reaccionó a los pedidos de más seguridad prometiendo nuevas medidas de control, pero lamentó que la policía esté "constreñida" en sus actuaciones en la ciudad.

"Si la policía actúa es acusada de abusar del poder. Si no actúa es acusada de prevaricar, de que vio y no hizo nada. En el país hay una inversión total del sistema. Hoy vivimos una resaca de derechos", dijo.

"Todo el mundo habla de derechos, y creo que son importantes. Pero nadie habla del otro lado de ese derecho, que es un deber, un compromiso y la responsabilidad", enfatizó en declaraciones a la radio.

Unos 62 mil policías deben ser desplegados en Río para los Juegos de 2016, según las autoridades brasileñas, que prometen que el mayor evento deportivo del planeta se llevará a cabo sin altercados.