Destacan trabajo del cinefotógrafo Agustín Jiménez en la Cineteca

Aunque fue opacado por figuras imponentes de la cinefotografía nacional como Gabriel Figueroa y Alex Phillips, Agustín Jiménez expresó su gran potencial artístico al lado de Luis Buñuel, aseguró la investigadora Elisa Lozano.

En su ponencia "Agustín Jiménez: sus imágenes móviles", que se llevó a cabo en la Sala 4 " Arcady Boytler" de la Cineteca, la maestra en Historia del Arte por la Universidad Nacional Autónoma de México comentó que dedicó su tesis de maestría a rescatar la obra del cinefotógrafo porque ha sido prácticamente ignorado por los historiadores de cine y la crítica nacional.

Bajo ese tenor, destacó la importancia de la colaboración que tuvo con Luis Buñuel, ya que fue quien aprovechó las capacidades fotográficas de Jiménez e hizo que se reconociera su trabajo.

Agustín Jiménez inició su carrera fotográfica como reportero en la Escuela Nacional Preparatoria y en 1931, acompañó a Sergei Eisenstein en su proyecto fallido "Que Viva México!", haciendo stills y, unos años más tarde, comenzó su trabajo de director de fotografía en las películas de Juan Bustillo "Oro Dos monjes" (1934) y "El misterio del rostro pálido" (1935).

"Cuando se encuentra con Buñuel en el 52, estaba ya en un momento de madurez, de dominio técnico y estético. Sin embargo, no se sentía muy contento", expuso Lozano, de acuerdo con declaraciones difundidas por la Cineteca.

Dijo que fue después de su primera película con el cineasta aragonés, "El bruto" (1953), cuando tuvo más libertad para utilizar todos sus recursos creativos.

La investigadora agregó que las rupturas tonales que Jiménez empleó para "mostrar al espectador un mundo ambiguo acorde a la situación emocional de los personajes" y el uso de claroscuros, hizo que los críticos aplaudieran la película.

No obstante, expuso, la cinta que consolidó su carrera fue "Ensayo de un crimen" (1955), de Luis Buñuel, basada vagamente en la novela homónima de Rodolfo Usigli. "El buen entendimiento entre director y fotógrafo fue clave para lograr secuencias emblemáticas", aseguró la experta.

El éxito que tuvo con Buñuel le permitió colaborar años más tarde con directores como Servando González en "Viento negro" (1965), Juan Orol en "Plazos traicioneros" (1958) y Julio Bracho en "La sombra del caudillo" (1960).

Con la conferencia de Elisa Lozano y la proyección de la "Ensayo de un crimen", concluyó el ciclo de charlas "Miradas al cine mexicano".

Sin embargo, el departamento de Extensión Académica de la Cineteca Nacional presentará a partir del próximo 10 de septiembre una nueva serie de conferencias titulada "Conversando con nuestros cineastas", cuya primera tendrá como invitado a José Carlos Ruiz.