Cónsules latinoamericanos defienden derechos laborales en EUA

La inmigrante mexicana Flor Sarmiento viajó a Washington en busca de una mejor vida como trabajadora doméstica, pero lo primero que encontró fueron engaños y maltratos que la hicieron sentirse como la esclava de una familia de mexicanos.

La señora Sarmiento, de 48 años, limpiaba la casa, lavaba los baños y la ropa, planchaba, podaba el pasto de dos jardines y removía la nieve en tiempos de frío, además de cocinar desayuno, comida y cena, a cambio de 200 dólares por semana, un día de descanso y comida racionada.

"Me insultaban y me limitaban la comida, las porciones que podía comer y no debía agarrar nada más", dijo en entrevista con Notimex. Si se quedaba con hambre, doña Flor tenía que comprarse sus alimentos y esconderlos en su habitación.

"Aún así la señora de la casa iba y me registraba, invadía mi privacidad, me la violaban", relató casi en susurros.

Oriunda de central estado mexicano de Puebla, Flor Sarmiento llegó a Estados Unidos legalmente con una visa L2 de empleada doméstica bajo los auspicios de una familia de profesionales mexicanos cuyo nombre se reserva. Le ofrecieron un contrato de mil dólares mensuales y dos días de asuetos, que nunca cumplieron.

Durante el gélido invierno de Washington la obligaban a remover la nieve aunque carecía de chamarra apropiada. Casi al final le regalaron una, usada. Para evitar que se fugara, pues le quitaron el pasaporte.

Arturo Griffith, director de Trabajadores Unidos de Washington, señaló el caso de doña Flor no es inusual entre las trabajadoras domésticas de funcionarios de organismos internacionales y señaló que los latinoamericanos se encuentran entre los más frecuentes infractores.

"Nada mas tienen medio día para sentirse libres. Tienen los pasaportes agarrados y no las dejan salir. Les pagan poquito, menos del salario mínimo. Están bien acabadas y a algunas no les permiten ni hablar por teléfono. Son casi como esclavas", refirió Griffin.

"Conozco varias que tienen ese problema. Yo lo he visito más con familias latinoamericanas de esos organismos que las traen de sus países con un pasaporte especial o una visa y las tienen como esclavas", deploró.

La historia de Flor tuvo un final feliz. Se acercó al consulado de México en Washington y recibió ayuda. Pudo recibir los pagos que le adeudaba la familia, recuperó su pasaporte y se mudó a otra casa. "Me dieron lo que me debían pero el señor me insultó de despedida".

El caso de Flor Sarmiento fue expuesto en el marco de la Semana de Derechos Laborales del Grupo de Cónsules Latinoamericanos (GRULA) presidido temporalmente por el cónsul general de México en Washington, Juan Carlos Mendoza.

El GRULA, que reúne a los cónsules de Bolivia, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, México, Perú y Venezuela, así como representantes del Departamento del Trabajo y grupos locales, anunció eventos locales para informar a los trabajadores gozan de derechos al margen de su estatus migratorio.

"Se tienen que acercar con sus patrones y, si no se puede, con los consulados, con las autoridades. Muchas veces los trabajadores tienen miedo porque no saben distinguir entre las autoridades migratorias y las laborales", señaló el cónsul Mendoza.

Las autoridades del Departamento de Trabajo de Estados Unidos han dejado en claro que existe una barrera entre las quejas por violaciones de derechos laborales y la situación migratoria, de tal manera que en ningún caso reportan o denuncian a trabajadores que son inmigrantes indocumentados.

La Semana de Derechos Laborales incluirá decenas de eventos locales de información, así como visitas in situ a locales del área metropolitana de Washington, incluidos los estados de Virginia y Maryland, para escuchar atender las necesidades de trabajadores en la zona.