Calanda celebra 375 años de milagro de hombre que recuperó su pierna

La localidad aragonesa de Calanda celebra el 375 aniversario del "Milagro de Calanda", que para los creyentes es el suceso divino mejor documentado de la historia de la cristiandad y uno de los pocos relacionados con la resurrección de la carne.

La sentencia que firmó el entonces arzobispo de Zaragoza, Pedro de Apaolaza Ramírez, estableció que a Miguel Juan Pellicer, natural de Calanda, le fue restituida milagrosamente su pierna derecha, que le fue cortada y que tal restitución no fue obra natural, sino prodigiosa y milagrosamente.

La sentencia señaló que esto se debe tener por milagro "por haber concurrido en ella todas las circunstancias que el derecho exige para constituir un verdadero milagro, como por el presente lo atribuimos a milagro y por tal milagro lo aprobamos, declaramos y autorizamos".

En entrevista con Notimex, José Miguel Asensio, técnico de Cultura pero quien fue mayoral del Templo de Nuestra Señora del Pilar, narró que el milagro sucedió entre las 22:00 y las 23:00 horas del 29 de marzo de 1640, en la villa aragonesa de Calanda y en la persona del joven Miguel Juan Pellicer.

Pellicer tenía 20 años cuando trabajaba en Castellón de la Plana y mientras conducía un carro cargado de trigo, se cayó y una rueda le pasó cuatro dedos por debajo de la rodilla derecha, recordó Asensio.

"Estamos hablando de hace muchísimo tiempo, el problema es que la pierna empieza a gangrenar, es en Castellón donde está y lo envían al Hospital de Valencia, el cual lo somete a tratamiento, pero la pierna sigue dando problemas y el único sitio en el que había amputaciones era el Hospital de Nuestra Señora de Gracia en Zaragoza", refirió.

Debido a ese incidente, fue necesario amputarle la pierna a Pellicer, dos dedos más abajo de la rodilla en el Hospital de Nuestra Señora de Gracia, en Zaragoza, por el cirujano Juan Estanga, agregó Asensio.

La pierna de Pellicer fue enterrada por el practicante Juan Lorenzo García en el Cementerio del Hospital, recordó.

Asensio contó que Pellicer realizaba visitas diarias a la Basílica del Pilar y sufría de dolor permanente y fuerte por esa amputación.

"El ya venía con una devoción a la Virgen del Pilar, porque ya tenía a la Virgen del Pilar en Calanda, pero para mitigar el dolor le rinde devoción todos los días y pide limosna, además de que se untaba el muñón de la pierna con el aceite de las lámparas del Pilar", abundó.

"Así, van pasando los días, meses y al año y medio de estar en Zaragoza, él (Pellicer) ya no quiere vivir allí y decide volver a Calanda con sus padres y cuando puede les ayuda con las labores del campo", agregó.

Asensio indicó que en 1640, soldados llegaban a Calanda y se hospedaban en casa de los vecinos del pueblo, ya que no había hoteles en el lugar, y en la casa de Pellicer, su habitación fue ocupada por un soldado.

El 29 de marzo de 1640, el día del milagro, Miguel Juan Pellicer descansaba en la habitación de sus padres, mientras ellos y el soldado departían en otra parte de la casa, pero cuando los progenitores llegaron a la habitación para dormir percibieron un olor distinto, agradable.

Además cuando abrieron la habitación encontraron que debajo del cobertor de la cama en la que estaba durmiendo Miguel estaban dos piernas cruzadas, pero además comprobaron que la pierna que había perdido su hijo conservaba una cicatriz de la niñez, continuó Asensio.

Tras la curación, Pellicer volvió a viajar a Zaragoza para dar gracias a la Virgen del Pilar.

En ese momento, a instancias del Ayuntamiento de la ciudad, fue iniciado en el Arzobispado un proceso, el 5 de junio de 1640, pronunciando sentencia afirmativa de curación milagrosa, el arzobispo Pedro Apaolaza, asesorado por nueve teólogos y canonistas, el 27 de abril de 1641.

Se conserva íntegro el texto de este proceso con las declaraciones de los 25 testigos que comparecieron.

El milagro se divulgó de inmediato por la Corte y Pellicer fue recibido en Madrid por el Rey Felipe IV, quien le regaló una armadura medieval.

Asensio dijo que en Calanda se pide respeto por este milagro, crea la gente o no.

"A mí no me gustaría que este templo, que rememora el hecho del milagro, se convierta en un Fátima, en un Lourdes, yo no quiero masificación", recalcó.

El párroco de Calanda, el colombiano Jorge Aristizábal Muñoz, sostuvo que estar en esta localidad aragonesa, en el noroeste de España, significa para él un encuentro con la cultura, expresada en cine, tradiciones sentidas y coloridas, el sabor de sus melocotones y el sonar único de sus tambores.

"Ante todo ha sido una aproximación a su fe, marcada profundamente por la Virgen del Pilar, que tiene todo su fundamento en la prodigiosa intervención de Nuestra Señora en la curación de Miguel Pellicer", anotó.