Celebra Felipe Arizmendi 50 años de ordenación sacerdotal

El obispo Felipe Arizmendi Esquivel manifestó que ser sacerdote vale la pena, en momentos en que él y sus compañeros de generación celebran sus bodas de oro sacerdotales.

En su mensaje de media semana, el prelado recordó que en 1963 fueron ordenados 18 de los que nueve ya fallecieron, dos pidieron permiso para dejar de ejercer el ministerio, y siete siguen en el servicio pastoral.

Comentó que ha sido muy alentador comprobar el cariño, respeto y la valoración del pueblo fiel y sencillo hacia sus sacerdotes.

"A pesar de los malos testimonios presbiterales que en el mundo han acontecido, nuestro pueblo nos sigue dando el título de padres, por la vida divina y espiritual que Dios sigue haciendo llegar a los suyos por nuestra mediación".

Agregó que al resaltar la dignidad y misión de los sacerdotes, no pretende restar importancia a los diáconos, a las religiosas, a los religiosos, a los fieles laicos, "la Iglesia no es sólo la jerarquía".

Esta es imprescindible, pero entre todos formamos un solo cuerpo, una familia, una comunión, donde todos somos importantes, como dice el Concilio Vaticano II, resaltó.

Arizmendi Esquivel pidió a los fieles orar para que sacerdotes y obispos sean más fieles a su vocación y no motivo de escándalo y tropiezo, "mucho menos que seamos culpables de que, por nuestro mal testimonio, algunos se alejen de la Iglesia", subrayó.

Finalmente, conminó a los padres de familia hablar a sus hijos de esta gran vocación, sin presionarlos, y seguir el ejemplo de muchos seminaristas de los cuales varios de ellos están en diversas misiones, para estar más cerca de las comunidades que deberán atender como pastores.