Población de Chiapas aprende a convivir con volcanes

La especialista Silvia Ramos Hernández consideró que los volcanes Chichonal y Tacaná son dadores de vida para la población que habita en sus inmediaciones, misma que debe aprender a convivir con los colosos.

La directora del Centro de Investigación en Gestión de Riesgo y Cambio Climático, de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, advirtió que la actividad en ambos volcanes puede cambiar en minutos, horas, días, meses o años, razón por la cual se creó una red para establecer medidas de prevención y capacitación a la población.

"Los volcanes son dadores de vida, hay que entenderlos, comprenderlos y saber convivir con ellos. La gente se asentó en los alrededores sabiendo que estaban frente a un volcán; hoy puede hacer una actividad productiva o económica", señaló en entrevista con Notimex.

En los alrededores de el Chichonal, también conocido como "Chichón", habitan unas 10 mil personas, mientras que en las inmediaciones del Tacaná viven de 70 mil a 80 mil, con quienes se realizan tareas de educación, se establecen rutas de desalojo y se les informa de la actividad volcánica.

La especialista expuso que se realiza el monitoreo de la actividad sísmica, de las aguas termales y deformaciones y se lleva al cabo una vigilancia permanente de los cráteres mediante cámaras web.

Ramos Hernández sostuvo que mientras los volcanes están tranquilos y en calma, no hay riesgo y "lo importante es el trabajo preventivo con la población. Hay prácticas multidisciplinarias con alumnos para enseñar a la población a convivir con ese ambiente".

Se establecieron en ambos volcanes códigos de alertamiento que usan los colores del semáforo, el color verde es por actividad normal, el amarillo por un cambio de actividad y el rojo por riesgo inminente que obliga a medidas de desalojo de las poblaciones aledañas, explicó.

Hoy, continuó, ambos están en el código de alertamiento verde que significa normalidad, ambos son dadores de vida, añaden fertilidad a los suelos, ahí están los mejores cafetales y por eso hay mucha gente viviendo cerca por que los suelos son fértiles.

En 1982, cuando ocurrió la explosión de el Chichonal, en el norte de Chiapas, no había científicos, estaban en formación, no existía la vulcanología, "nos tomó por sorpresa al país y las cenizas mejoraron la fertilidad de los suelos", añadió.

Sin embargo, la explosión del volcán cobró muchas vidas y había que instrumentar una red de monitoreo volcánico, misma que se creó en la entidad, y la formación de recursos humanos ha sido fundamental, afirmó.

Chiapas cuenta con cuatro generaciones de egresados de la licenciatura en ciencias de la tierra de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (Unicach) que realizan trabajos sobre monitoreo volcánico, expuso Ramos Hernández.

"Cuando ocurrió la explosión del volcán yo realizaba estudios del volcán Tacaná para mi tesis de licenciatura, el coloso se conocía poco, no había registro de que fuera un volcán peligroso", abundó.

En 2003 se comenzó a instrumentar la red de monitoreo del volcán Tacaná, luego se comenzó a instrumentar la red del volcán Chichonal, recordó la experta en monitoreo sísmico y volcánico.

En el Tacaná hubo una reactivación en 1986, considerada una "crisis sísmica", por lo que tomó la decisión de buscar elementos para un monitoreo, mencionó.

"Lo que hubo ese año fue una explosión freática, la expulsión de agua, gases y algo de cenizas, no hubo evacuaciones pero ayudó a la sensibilización para la adquisición de equipos de monitoreo del Tacaná", agregó.

Abundó: "Los equipos se embodegaron en el municipio de Unión Juárez, quedaron durmiendo el sueño de los justos mucho tiempo, unos seis u ocho años, se echaron a perder en su mayoría y después algunos se rescataron".

Entonces, dijo, se dio paso a la construcción de cuatro estaciones de monitoreo volcánico, dos en Tapachula y dos en Unión Juárez y en 2010 se adquirió nuevo equipo de banda ancha, digital, de transmisión satelital y dos más se instalaron en el volcán Chichonal.

En la actualidad, los volcanes registran sismos menores a los tres grados Richter, de 0.5 a uno, dos o tres grados, los cuales son poco perceptibles, reportó.