Lupita González, una trotamundos del deporte por la gloria

Como una nómada buscó la gloria, primero en el boxeo, donde le cortaron las alas, luego el destino la llevó a pruebas de pista, donde una lesión desvaneció sus sueños, y por casualidad llegó a la caminata, donde Guadalupe González cumple y va por más páginas doradas para México.

A sus 16 años incursionó en el deporte de los guantes, golpeó el costal, brincó la cuerda, le pegó a la pera loca y llegó la hora de subirse al ring. "Se siente bien padre, es una adrenalina y es emoción. Me gusta mucho", declaró parada sobre un cuadrilátero del gimnasio de boxeo del Centro Deportivo Olímpico Mexicano.

Su paso fue efímero, unos diez meses, en los que se divirtió al dar golpes a sus oponentes, pero también recibió y le dolió mucho en las partes bajas.

Su entrenador la inscribió en el torneo Guantes de Oro, donde pesaba 44 kilos y para poder pelear tenía que subir a 46 y enfrentar a chicas de 48, y para dar el peso tenía que tomar dos litros y medio de agua antes de la ceremonia. "Me sentía inflada, ni podía ir al baño. Es lo que hacía para poder pelear".

Los nervios la embargaron en su debut en la mítica Arena Coliseo, su oponente ya era reconocida en el ambiente y ella una novata, pero eso de nada sirvió porque la mandó a la lona en dos ocasiones, ganó por decisión unánime.

Le gustó el ambiente, los gritos y el alboroto de la gente, saber que corre mucho dinero en apuestas y hacer feliz a todos que apostaron por ella, porque ganó todos sus combates para llegar a la final, y de pronto todo se derrumbó.

El miércoles, previo a la final en la Arena México, le habló su entrenador para decirle que no iba a la final, por el detalle del peso. "Fue desastroso. Ellos, los organizadores, me noquearon sin poder meter las manos. Pienso que arreglaron eso para que ganara alguien, porque era una completa desconocida y llego a la final como una novata y nada les cuadraba", anotó.

Abrazó a sus padres y lloró más con su mamá, se sintió desilusionada, frustrada e impotente, y más porque ella ya estaba lista para la función, mentalizada, y sus papás, que siempre se preocuparon de que recibiera un mal golpe, también estaban emocionados por verla como protagonista en la Arena México.

"Deserté del boxeo por eso y nunca voy a saber si pude ser campeona del mundo", expresó con tristeza quien empezó a vagar con sus sueños deportivos hasta llegar a la pista.

Mientras estudiaba dedicaba el tiempo libre para entrenar los 400 metros planos, los 400 metros con vallas y los 800 metros planos y competir en la Olimpiada Nacional, vivir los nervios y la tensión, el ritual de poner los picos a los tenis, colocar el arrancador, reaccionar al disparo de salida, correr y correr a toda velocidad.

"Aquí no hay de otra: Sales rápido, mantente rápido y llegas rápido, y así nadie te va a ganar", recuerda con risas las palabras de su entrenador, que así definía la estrategia y ella lo interpretaba en salir rápido, mantener la amplitud de la zancada y cerrar en la última recta, así, "fun", al estilo Ana Gabriela Guevara, la medallista olímpica y mundial.

González Romero veía todas las carreras de Ana Gabriela, se impresionaba, le copiaba detalles, quería ser como ella, en su cuaderno pegó un recorte del periódico donde la sonorense patento: "Primero sufro y luego existo" y el sufrimiento lo interpretó de entrenar fuerte, con entrega, dedicación y disciplina, y el existir, en ser parte de una historia, porque sólo se vive el momento.

Ahora, una lesión en la rodilla derecha, acabó con sus sueños en la pista y otra vez a deambular, hasta que calló en manos del entrenador Juan Hernández, de quien dice "tuvo el remedio para salir de mi lesión que duró año y medio".

Con puros ejercicios y terapia logró lo que varios médicos no pudieron, pero acepta que "la caminata no era algo que pasara por mi mente", y más por la costumbre de sus anteriores pruebas, lo más largo eran los 800 metros planos y ahora entrenar tres mil o cinco mil metros era una eternidad.

Ahora disfruta mucho esta disciplina y destaca que "influye bastante mi entrenador Juan Hernández, por su forma de ser, su disciplina, su trabajo y te convence día a día completamente, es de mucha experiencia, tiene un currículo que pesa demasiado".

El entrenador le preparó el camino para su medalla de oro en los Juegos Panamericanos Toronto 2015, donde además de dar la primera medalla de oro a México, su victoria tuvo el aderezo de desmayarse apenas cruzó la meta y las fotos y video han sido vistas en todo el mundo.

"Sabía que iba a ganar medalla, no sabía cuál, pero sabía que iba a ganar. Sí tenía el sueño de romper el récord de los Juegos Panamericanos porque en Chihuahua había roto el récord de la Copa Panamericana. Unos piensan que arriesgué de más, que marqué un ritmo rápido, que llegué por inercia, y en la última vuelta dije 'Dios, ayúdame, tengo que terminar".

Entonces, apenas cruzó la meta se desmayó y por ganar la medalla de oro en los Juegos Olímpicos Río 2016 no le importa vivir otra vez esa desagradable situación, padecer esa deshidratación extrema.