Casa museo de Wagner en Bayreuth reabre puertas tras remodelación

La casa museo dedicada al compositor alemán Richard Wagner, "Wahnfried", reabrió hoy sus puertas tras una larga renovación y ampliación que duró cinco años con un costo de más de 20 millones de euros (más de 21 millones de dólares).

La reapertura tuvo lugar un día después del inicio del Festival de Bayreuth, que se celebra cada año en la ciudad homónima en el sur de Alemania para homenajear al artista.

El resultado es una casa museo que lejos de que se intente sea un lugar de veneración al reconocido pero también controvertido compositor alemán, sea un lugar para el recuerdo que deje al margen a las opiniones críticas sobre él, ya que sus ideas fueron saludadas casi un siglo después por el nazismo, señalaron los responsables del proyecto.

La que fuera vivienda de Richard Wagner, quien vivió entre 1813 y 1883, sigue siendo el corazón ampliado del museo, pero sin que haya sido reconstruido para ocultar el paso del tiempo. Por eso faltan algunos muebles o pinturas, una decisión consciente para evitar que la vivienda parezca una "Disneylandia histórica", según su director Sven Friedrich.

Tampoco es una especie de casa de muñecas para que el visitante se sienta cerca de Wagner, de su mujer Cósima o de los niños, porque de la vivienda histórica real no queda nada: una bomba la destruyó casi por completo en los últimos días de la Segunda Guerra Mundial en 1945.

"Queremos unir el deseo de la experiencia de acercarse a la vida de Wagner con un deber de honradez histórica", dijo Friedrich.

Por eso sólo pueden verse muebles y pinturas originales. Las obras de la planta baja, sin embargo, se han reconstruido con base a fotografías históricas, "para crear una impresión, pero no una ilusión de cómo era la vida de Wagner".

Pero nunca es fácil hacer justicia con un compositor tan celebrado como controvertido y eso lo tuvieron siempre claro los responsables: un museo ampliado debía tener un lugar para la parte ideológica, las ideas nacionales gestadas en Bayreuth y la estrecha relación de la familia Wagner con el régimen nazi.

Por eso la casa Sigfried Wagner, el edificio de al lado, se convirtió en un museo. En el siglo XX los Wagner lo utilizaron como casa de invitados a la que incluso acudió Adolfo Hitler. Aquí vivió hasta su muerte Winifred, la nuera de Wagner, que hasta sus últimos días fue una acérrima admiradora del dictador nazi.

Saberlo provoca un cierto agobio al acceder a la sala, que no desprende un gran encanto. Ocupan la sala monitores e imágenes de video sobre el controvertido tema, mientras una voz en off cuenta el oscuro capítulo del pasado de los Wagner.

La localidad de Bayreuth espera atraer 50 mil visitantes al año ante la atracción del museo Wahnfried, que también ha sido climatizado y liberado de barreras para quienes tengan problemas de movilidad, según dijo la alcaldesa, Brigitte Merk-Erbe.

También cuenta con una sala de cine y una cafetería en un nuevo edificio, que se une a los otros dos. Y este nuevo edificio está dedicado al festival que expone trajes de diversos directores artísticos y épocas o modelos de escenarios.

Las paredes que dan al jardín Wahnfried son de cristal, para permitir la vista de este espacio en el que descansan los restos mortales de Wagner, fallecido nueve años después de que la familia se mudara a la casa en 1874 y del fallecimiento de su esposa Cósima.

La ciudad de Bayreuth fue objeto de críticas porque no tuvo listo el museo para el bicentenario de Wagner hace dos años.

El museo se abre ahora, un día después de que arrancó la nueva edición del festival wagneriano en la "colina verde" de la ciudad bávara, dirigido por Katharina Wagner, bisnieta del compositor, que extenderá su temporada de óperas hasta el próximo 28 de agosto.

La obra encargada de abrir el festival fue "Tristán e Isolda", considerada la más prominente obra del compositor, bajo la dirección musical de Christian Thielemann, que contó como cada año con una espectadora de alto nivel: la Canciller Federal alemana Angela Merkel.

Además del plato fuerte durante la inauguración, el festival ofrece la tetralogía "El anillo del Nibelungo", bajo la puesta en escena de Frank Castorf y dirección musical del ruso Kirill Petrenko, que cerrará por el momento su participación en Bayreuth tras ser elegido director jefe de la Filarmónica de Berlín.

Completan el programa "Lohengrin", dirigido por el debutante en Bayreuth, Alain Altinoglu y "El holandés errante", con puesta en escena de Jan Philipp Gloger y dirección musical de Axel Kober.