Rescatan en Buenos Aires tradición de autocines de manera itinerante

La tradición del autocine fue rescatada en Buenos Aires gracias a un programa que se realiza únicamente en verano (austral) y que permite la proyección de películas en pantalla gigante y a cielo abierto.

Enero y febrero son los meses en los que los capitalinos se animan a replicar una costumbre que era muy popular en tiempos de sus abuelos, cuando parejas o familias preparaban comida, elegían película y salían para convertir los asientos de sus autos en sus butacas particulares.

El autocine de Buenos Aires es itinerante, ya que el gobierno de la ciudad comenzó a realizarlo en lugares como Puerto Madero o el Parque Centenario, pero en los últimos años eligió el Rosedal de Palermo, donde el verano pasado se programaron películas que convocaron a todo tipo de público.

Las estadunidenses "Nebraska", "Guardianes de la Galaxia", "Jersey Boys", "Comando especial 2", "¿Puede una canción de amor salvar tu vida?", y la argentina "Los dueños", fueron los filmes vistos a cupo lleno, es decir, con 300 autos.

A ellos se les sumaron cientos de espectadores que se acercaron a disfrutar el espectáculo gratuito, y que pudieron sentarse en butacas o en la tribuna instalada especialmente para ellos, aunque no llevaran auto.

Los autocines, formato nacido en los años 30 en Estados Unidos, tuvieron su auge en Argentina en las décadas 60 y 70, aunque eran considerados un entretenimiento de lujo porque, por definición, para disfrutarlo había que contar con un vehículo.

En esa época, de acuerdo con registros del Instituto Nacional de Ciencias y Artes Audiovisuales, en Buenos Aires había por lo menos cuatro autocines con programación regular, mientras que cada ciudad de la costa atlántica contaba con su propio autocine, sobre todo durante el verano que se colmaba de vacacionistas.

Las películas que se exhibían eran las mismas que se proyectaban en el resto de los cines tradicionales, pero los espectadores tenían la ventaja de la privacidad, y de que podían pedir comida a los meseros que había en cada autocine.

Pese a que solían estar colmados de público, los autocines comenzaron a enfrentar una debacle en los años 80, y terminaron por desaparecer, salvo en la provincia de Mendoza, donde todavía funciona "El cerro", que es el único autocine permanente que hay en el país.

No es un autocine cualquiera, ya que, como su nombre lo indica, está enclavado al pie del cerro de una popular ciudad turística y cuenta con una vista panorámica que se convierte en un atractivo más para convocar público.

La entrada es económica, de unos tres dólares por vehículo sin importar cantidad de pasajeros, el sonido se sintoniza por radio de frecuencia modulada, y los espectadores pueden pedir servicio al auto de pizzas, cervezas, pochoclo (palomitas) y refrescos.