Escándalo de FIFA intensifica debate en Brasil sobre reforma de futbol

El escándalo de corrupción destapado en la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA), que provocó la detención del ex presidente de la federación brasileña, intensificó el debate para reformar la gobernanza y la gestión del futbol brasileño, cuyo modelo es claramente defectuoso.

Jugadores, directivos, comentaristas y periodistas coinciden en que Brasil (potencia futbolística mundial) requiere reformar profundamente el modelo de gestión de sus clubes, y quizá lo más urgente es sanear las cuentas de las entidades.

Los clubes brasileños deben solo al Gobierno federal de Brasil unos mil 300 millones de dólares en impuestos no pagados, un endeudamiento que crece anualmente por la falta de equilibrio en las cuentas.

El Fluminense, uno de los equipos más importantes del estado de Río de Janeiro, es un ejemplo de ello. "Cuando llegué como presidente en 2010 la deuda era de unos 400 millones de reales (130 millones de dólares)", explicó Peter Siemsen, presidente del club.

"Teníamos una situación financiera precaria. Los ingresos por los derechos televisivos ya habían sido gastados para los próximos años y teníamos 550 denuncias laborales, así como deudas con otros clubes y con la federación", agregó Siemsen.

Expresó que el problema es la gestión y el modelo de clubes, "es muy anticuado. Brasil está muy atrasado en el modelo empresarial de gestión de clubes. Luchamos por una legislación que permita tener una sociedad empresarial de futbol, porque el coste de tener un club de futbol dentro de una empresa es muy alto aquí".

La presidenta brasileña, Dilma Rousseff, ha promovido un proyecto de ley para que los clubes de futbol del país renegocien sus cuantiosas con el Estado en un plazo de 20 años a cambio de una gestión profesionalizada de las entidades.

Pero más allá de la cuestión financiera, Brasil adolece también de una decadencia en el modelo de competiciones nacionales que desprestigian los campeonatos nacionales, de muy bajo nivel.

El calendario oficial es motivo de debate desde hace décadas, pero la federación brasileña rechaza efectuar cambios, pese a los llamados de asociaciones de jugadores.

Del total de 684 clubes profesionales, sólo un centenar disputa más de 15 partidos oficiales al año, lo que significa que no juegan con suficiente regularidad como para tener ingresos notables y jugadores en forma para competir.

Así, mientras Brasil tiene uno de los índices más altos de partidos por temporada a nivel de futbol de élite, con 68 encuentros al año (respecto a los 50 de Inglaterra, los 48 de España o los 41 de Alemania), las competiciones inferiores apenas disputan cuatro meses de competición, lo que merma al futbol de base.

En este contexto, se produce un éxodo de grandes talentos, aunque sean incipientes talentos. "Hoy se llevan hasta los mejores de las categorías de base. Es prácticamente imposible que un club europeo venga y no se lleve a jóvenes. Una oferta de Europa es imbatible".

A su vez, Manoel Renha, director del futbol base del club Botafogo, indicó que dicha situación pasa por varias razones, entre ellas desorganización de futbol brasileño, la situación económica brasileña y el glamour que presenta Europa, un lugar que supone una gran experiencia para un atleta porque el nivel allí es más alto que aquí.

"Desgraciadamente los jóvenes entran en los clubes brasileños con el sueño ya formado de jugar en un gran club europeo. Una tendencia claramente reflejada en la selección brasileña, pues de los 23 convocados por el entonces técnico Felipe Scolari en el pasado Mundial solo cuatro atletas militaban en las filas de equipos brasileños, mientras el resto lo hacía en los mejores clubes de Europa, como Barcelona, París Saint-Germain o Chelsea".

La cicatriz causada por esa lenta decadencia del futbol brasileño no fue solo la humillante derrota de la selección por 7-1 en el pasado Mundial, sino también los estadios vacíos (incluso el mítico Maracaná) en partidos "clásicos".

No es infrecuente, por ejemplo, que un "clásico" entre Flamengo y Fluminense en el Maracaná apenas reúna a 20 mil espectadores en un estadio que tiene capacidad para 74 mil, mientras el nivel exhibido en el terreno de juego es muy bajo, con un futbol lento y poco estratégico.

Datos de la consultora brasileña Pluri sitúan a Brasil en el puesto 18 mundial a nivel de afluencia, con apenas 13 mil aficionados de media por partido, mientras que México tiene de media 24 mil aficionados.