Níger, refugio entre las puertas del desierto y la amenaza yihadista

Mientras que en Malí persisten rumores acerca de la inminente firma del acuerdo de paz entre el gobierno central y los grupos rebeldes tuareg del norte*, en las últimas semanas aumenta el número de refugiados malienses en el país y no parece querer parar. Actualmente son unos 50 mil.

Las autoridades de Níger, ya tensas por la presencia masiva de los exiliados nigerianos que huyen de Boko Haram, ya no pueden gestionar la situación de emergencia y organismos ilustres, como la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), están sujetos a unos recortes presupuestarios que no auguran nada bueno.

El campo de refugiados de Tabaribari, en la región de Tillabéri, en el suroeste de Níger, es administrado por el ACNUR y acoge a unas dos mil personas. Cientos de tiendas de campaña, resultado de un collage entre telas de plástico, ramas de árboles, hilo y paja, surgen en el medio de la nada, a las puertas del desierto.

Aquí no hay refugios naturales contra el sol y la arena, hay que luchar constantemente para no sucumbir. Te puedes cubrir la cabeza con el más fresco de los turbantes y ponerte la túnica más amplia, pero incluso la más pequeña distracción puede ser fatal.

Los baños están a cielo abierto, no hay electricidad y el agua, la misma que se utiliza para beber y lavarse, se almacena en un gran tanque en el centro del campamento.

"Hay varios campos como el de Tabaribari, e incluso peores. Recibimos cada vez menos fondos: este año hemos registrado recortes de un 40 por ciento y es probable que el año que viene pase lo mismo. Vivimos una crisis que sufre la competencia de otras crisis como las de Siria e Irak, mucho más mediáticas", comenta Benoit Moreno, responsable de las relaciones externas de la oficina del ACNUR en Niamey.

"Tenemos campos que requieren grandes obras de infraestructura, letrinas, duchas y refugios. Estamos en una situación que requiere creatividad. Aprovechamos al máximo los recursos que tenemos y la disponibilidad del gobierno de Níger, que ha sido muy sensible respecto a los malienses con la concesión del estatus de refugiados", dice.

"Si no recuerdo mal estoy aquí en el campo de Tabaribari desde el 12 de enero de 2012. El pueblo de Níger nos acogió con los brazos abiertos, y se lo agradecemos de todo corazón. Y quiero dar las gracias también al ACNUR y a los otros organismos que están aquí para ayudarnos", explica Abdoullahi Abd Al Rahman, representante de los tuareg en Tabaribari.

Entre los refugiados malienses en Níger, los tuareg son el grupo étnico más grande, seguidos por los sonrahi, los peul y los hausa. El campo de Tabaribari está dividido en barrios, y claramente el sector más grande es el de los tuareg.

Abdoullahi siempre está trabajando, yendo de tienda en tienda para ser el altavoz de cientos y cientos de personas. "Los tuareg representamos alrededor de 80 por ciento de los refugiados de Tabaribari. Mi familia y yo venimos de la zona de Ansongo, en la región de Gao, pero hay gente de todo el norte de Malí. Estoy preocupado, muchos de nuestros hermanos siguen viniendo a refugiarse a Níger".

Mientras que los líderes independentistas tuareg pasan más tiempo en Argel -la sede de las negociaciones- con sus interlocutores internacionales que en los campos de su propio pueblo, en el norte siguen hablando las armas. El control de la ciudad-símbolo de Menaka no para de cobrarse víctimas y desplazados. En la región de Tombuctú las cosas no van mejor, con continuos ataques de bandolerismo y algún civil indefenso que paga las consecuencias.

Toda la zona de Kidal está fuera del control del ejército. La misión de estabilización de la ONU (MINUSMA) parece haber encontrado un compromiso aceptable para restaurar un alto el fuego sin el cual la paz sigue siendo una palabra vacía.

El funcionario de ACNUR no oculta sus miedos: "Tenemos un país, Níger, uno de los más pobres del mundo, que tiene índices muy bajos aunque haya algunos progresos, que sufre el impacto de una gran población desplazada. A todo esto se añade la amenaza yihadista a las puertas: en Libia, Malí y Nigeria".

Lo que sorprende, agrega, "es que, a pesar de todo, Níger resiste y no da marcha atrás en la asistencia a los refugiados. A nuestros ojos hace mucho más de lo que pueden hacer las Naciones Unidas. Pero ¿por cuánto tiempo?".

Quedarse en el campo de Tabaribari es absolutamente voluntario, cada uno puede decidir si se queda o no. En la cultura de los pueblos nómadas como los tuareg, la situación de inmovilidad que crea un campo suele ser inaceptable. Pero los habitantes de Tabaribari no tienen otra alternativa, y se ven obligados a ir en contra de su naturaleza.

"Huimos a causa de la crisis de Malí. El gobierno ya no pinta nada en el norte, no hay militares, el Estado ya no está, sólo quedan los civiles. No podíamos quedarnos porque las cosas ya no funcionaban ni entre los civiles. Cuando ya no hay Estado te ves obligado a pedir asilo a los países vecinos", dice Abdoullahi.

"No traje conmigo a mi manada de animales, no tuve tiempo de coger nada. Lo esencial era salvar la vida de mi familia y la mía. Sólo cerré mi casa con llave, pero con los enfrentamientos que ha habido seguro que me lo han robado todo. Incluso las puertas y las ventanas", lamenta por anticipado.

Como explica el jefe de los tuareg, en el norte de Malí "matar a una persona se ha convertido en algo tan sencillo como degollar una oveja para celebrar el fin del Ramadán".

Sin embargo, sigue teniendo fe: "No hay noticias de que podamos volver, por ahora. Sin embargo, cuando haya paz en Malí, muchos de nosotros volveremos a ver nuestras casas. Aunque aquí en Níger recibimos un tipo de ayuda que no hubiésemos podido ni imaginar, preferimos volver a nuestro hogar, a nuestra propia tierra. Un hijo adoptivo, por mucho que su nueva madre le dé el paraíso, siempre querrá regresar a su verdadera madre".

*En 2012 la región septentrional de Azawad, con capital en Gao, declaró unilateralmente la independencia de Malí. Quienes llevaron a cabo esta operación fueron grupos tuareg reunidos bajo la sigla MNLA (Movimiento Nacional para la Liberación de Azawad), que inicialmente contaban con el apoyo de AQMI (Al Qaeda en el Magreb Islámico).

Las tropas francesas y malienses intervinieron y todavía están presentes en el norte del país. Han acabado eficazmente con la presencia yihadista de AQMI, pero han dejado la zona con gran inestabilidad.

La Coordinadora de Movimientos de Azawad (CMA), es la principal agrupación de los rebeldes irredentos del norte de Malí, los que conducen las negociaciones con el gobierno de Bamako. Hace pocos días, el CMA declaró desde Argel que firmará el Acuerdo de Paz y Reconciliación el 20 de junio, durante una ceremonia organizada en Bamako.