Muestra museo obra de Pablo Gargallo, escultor innovador del siglo XX

Situado en el casco histórico de Zaragoza, noreste de España, en un palacio tardorenacentista del siglo XVI, el Museo Pablo Gargallo muestra la obra del escultor aragonés del mismo nombre, considerado uno de los más innovadores del siglo XX.

El museo, que se ubica en el Palacio de los Condes de Argillo, abrió sus puertas en 1985 gracias a un acuerdo entre el Ayuntamiento de Zaragoza y la hija y heredera del artista, Pierrete Gargallo de Anguera.

El palacio cuenta con un patio central abierto y una primera planta con galería interior y varias salas en donde se desarrolla la parte más importante de la exposición.

Cuando se inauguró el museo, el 8 de julio de 1985, sus colecciones eran verdaderamente representativas de la producción de Pablo Gargallo, criterio aplicado en todas las adquisiciones posteriores.

Las 82 esculturas, 12 conjuntos de cartones, 70 dibujos, cuatro planchas de grabados, tres ejemplares de los mismos y dos joyas que forman la colección, actualmente pertenecen a todos los períodos de la trayectoria del artista aragonés.

Asimismo, representan la mayoría de los temas, materiales y técnicas que definen su obra.

Entre las piezas exhibidas destacan el Gran Profeta, situado en el patio interior, o los dos grupos ecuestres realizados para el Estadio Olímpico de Barcelona en 1929, conocidas como Saludo Olímpico, que reciben al visitante desde la Plaza San Felipe.

Pablo Gargallo, quien nació en Maella, Zaragoza, en 1881 y falleció en Reus, Tarragona en 1934, es una de las más destacadas individualidades del arte moderno y un creador decisivo para la evolución de las esculturas del siglo XX.

Con una sólida formación tradicional que consolida en la Barcelona modernista y amplía con sus viajes a París en 1903, 1907 y 1909, a partir del segundo comienza un fructífero proceso de investigación en el uso de nuevos materiales metálicos como chapas de cobre, hierro, latón y plomo.

Asimismo, inicia la búsqueda de un lenguaje personal e innovador.

Sin abandonar la figuración y manteniendo su interés preferente por la representación del cuerpo humano, a lo largo de apenas tres décadas, repartidas entre Barcelona y París, logra desarrollar un apasionante proceso de liberación física de la escultura.

Llegó a convertir el vacío, los espacios inducidos y las luces recogidas, y no reflejadas, en factores decisivos de la construcción escultórica.

Esto desde el bulto redondo y mediante la inversión de los volúmenes, el progresivo aligeramiento de la masa, la supresión total de la materia y la fragmentación y elisión de los elementos significantes de la figura.