Burkina Faso busca sus primeras elecciones libres

Burkina Faso se encuentra en la encrucijada entre la revuelta que el 30 y el 31 de octubre del año pasado obligó a huir a Blaise Compaoré, tras más de 27 años de dictadura, y la delicada transición que debería guiar al país a las primeras elecciones libres de su historia.

Seis meses después del levantamiento popular de octubre de 2014, y seis meses antes de las elecciones presidenciales programadas para el 11 de octubre de 2015, la "tierra de los hombres de bien" está enredada entre la demanda de la población de reformas democráticas, la lucha contra la corrupción rampante y las tendencias conservadoras del antiguo régimen que siguen activas adentro del país.

Numerosas huelgas y unas finanzas desastrosas -legado del gobierno Compaoré- acentúan la impaciencia de la población, que expresa su descontento y apremia para que se cambie de página.

La revolución de Burkina Faso es joven y mueve sus primeros pasos en un escenario convertido en resbaladizo por 27 años de dictadura personal. No se puede borrar un régimen tan duradero y extenso como el de Blaise Compaoré en tres días. Y tampoco en seis meses. De hecho, ya han pasado casi seis meses de los "días de Ouaga", como los llamaron los medios de comunicación locales.

En octubre, un millón (o tal vez más) de personas llenaron la Plaza de la Independencia, rebautizada como Plaza de la Revolución. En aquel entonces, aunque fuese el espacio público más amplio de la capital de Burkina Faso, parecía demasiado pequeño para esa marea humana.

"Tenías que haber visto lo que era aquello. Parecía que todo Burkina Faso, pero ¿qué digo?... ¡que todo el mundo hubiera salido a la calle en contra de Blaise!". Paul trabaja de taxista y, cómo tantos habitantes de las ciudades más importantes del país, participó activamente en el levantamiento popular que acabó con la huida del ex-amo de Burkina.

Cuando habla de esos días, de los gases lacrimógenos, de la policía antidisturbios, por las calles de su ciudad pacífica, de los cuerpos de los compañeros caídos y convertidos en mártires, sus ojos se ponen rojos.

Hoy, seis meses más tarde, desapareció el olor de los neumáticos y de los edificios quemados y nadie vino a limpiar este museo al aire libre de la rebelión contra-Blaise:

La sede del partido único (el odiado CDP, Congreso para la Democracia y el Progreso); las fincas de los gerentes y familiares del antiguo régimen; algunos hoteles de lujo; la Asamblea Nacional, con los cristales rotos y su aparcamiento aun lleno de cadáveres de coches quemados, como si fueran esqueletos de elefantes.

Todo ha sido destruido. Cada baldosa, puerta, ventana, luz, cable eléctrico, cualquier objeto que se pudiera transportar fue saqueado o destruido.

"Mucha gente ha venido a saquear. Hubo quienes destruyeron por ira y quienes se llevaron a su casa lo que pudieron", cuenta Paul el taxista, que tiene esas imágenes impresas en su memoria.

Observando la meticulosidad con la que cada finca, hotel, oficina se ha "limpiado", se perciben claramente las dos almas de la revuelta: por un lado, una ira incontrolable dio lugar a la más pura violencia iconoclasta; por el otro, un deseo de venganza, de reapropiación popular, de expropiación en contra de los líderes arrogantes del antiguo régimen.

En lo que queda de las fincas de lujo de ex-políticos cercanos a Compaoré han surgido galerías de arte callejero. Algunos grafitis dicen "haced el tò, no la guerra", con una foto de un soldado que prepara el tò, una especie de gachas de mijo que es el alimento básico en África Occidental.

También hay dibujos y leyendas escritas con un bolígrafo o un lápiz que se burlan de la antigua potencia, exaltando la justicia social y la lucha popular. Recortes de periódicos y fotografías impresas en hojas de cartón complementan la galería moderna de la revolución de Burkina Faso.

En la gran cantidad de formaciones políticaos que van a participar a las presidenciales del próximo 11 de octubre hay de todo: viejos partidos, nuevas plataformas políticas, pequeños partidos independientes, asociaciones de la sociedad civil.

Al igual que en todas las fases de cambios socio-políticos, como lo han sido en Túnez y Egipto en el período 2011-2012, este momento político se caracteriza por una confusión democrática.

Como favoritos para los analistas y expertos de Burkina Faso están el resucitado partido sankarista, comprometido con crear alrededor de la candidatura presidencial de Mariam Sankara, viuda de Thomas, una federación de una docena de partidos que se dicen depositarios de los ideales sankaristas, y el MPP, el Movimiento Popular para el Progreso.

Detrás de esta agrupación, creada en los llamados "años de la apertura" del régimen de Compaoré, se esconde la figura poderosa y camaleónica de Dominique Konate.

Ex-ministro de asuntos extranjeros del primer gobierno de la transición y gerente general de la petrolera Shell en Burkina Faso, Malí, Senegal y Sudáfrica, ahora Monsieur Konate ha regresado a la política activa tras más de 15 años de oposición silenciosa.

"Crecí con Sankara y Blaise, fuimos a la misma escuela secundaria, militábamos por las mismas ideas. Participé en el primer gobierno de transición de Blaise después del asesinato de Sankara, pero después de unos años expresé mi disenso y renuncié dos veces de mis cargos públicos para dedicarme a los negocios".

Su formación como economista, con una afición juvenil para el marxismo, se manifiesta en su análisis de la situación actual: "¿Dónde nace la lucha hoy? Proviene del porvenir colonial a la que Burkina Faso fue condenado por Francia. El Alto Volta tenía que convertirse en la reserva de mano de obra barata para el desarrollo de las colonias costeras.

"Por esta razón, aquí se formó la primera clase obrera de la región. El desarrollo de los ideales relacionados con la izquierda europea, el comunismo y el socialismo remontan a esta conformación social", dice.

Dominique sostiene: "Somos un pueblo sencillo, trabajador, que sabe vivir con poco. Con el esfuerzo de nuestros antepasados se han desarrollado las plantaciones de Costa de Marfil, Ghana y Senegal. Es desde la independencia que los golpes de Estado y las luchas populares se suceden de forma cíclica".

El Balai Citoyen es el actor principal y el alma del movimiento de la sociedad civil que el 30 y 31 de octubre pasado ha, de hecho, echado al amo del país. En el despacho del abogado Hervé Kam, el portavoz e ideólogo del movimiento, se respira el mismo aire de lucha de aquellos días de octubre.

"Estamos viviendo un proceso de cambio. Incluso nosotros en el Balai Citoyen entendemos que los hechos de octubre no son sino una etapa. Y por lo tanto aun no es tiempo de celebraciones".

"La verdadera victoria se dará cuando el poder se vuelva a poner en manos de un presidente civil, elegido democráticamente sobre la base de instituciones renovadas. Este es nuestro principal objetivo. Seis meses después, podemos decir que ha habido problemas y retrasos, como es normal, pero ahora el cambio por fin está en marcha. Con las reformas institucionales y las primeras elecciones libres.", dice seguro.

Todavía agrega: "Para nosotros, lo más importante es la reforma de las instituciones. Así que incluso si será elegido un diablo como nuevo presidente, se verá obligado a hacer el bien de la nación".

Junto al Comité de la Transición, a los distintos componentes de la antigua oposición, a las nuevas uniones políticas y a los sindicatos, el Balai Citoyen es el actor más influyente en el escenario político de hoy en día en Burkina Faso.

A pesar de la controversia sobre un descenso inminente del movimiento en las elecciones, Hervé Kam reitera firmemente que la función de supervisión de Balai no ha cambiado desde la rebelión:

"Si no habrá mecanismos de control eficaces, será fácil para quienes ocupen el poder desentenderse del interés general. Nosotros no presentamos ni apoyaremos a ningún candidato. Lo que sin duda haremos será elaborar un programa con las prioridades de la sociedad civil y pedir a cada candidato presidencial que se pronuncie al respecto.

"Haremos campaña contra cualquier persona que se niegue a comentar nuestros puntos. En cambio, dejaremos que los candidatos que están de acuerdo con pronunciarse hagan su propia campaña. Pero cuando sean elegidos, los juzgaremos sobre la base de sus respuestas".

El temor que cunde entre los "partidarios del cambio democrático", como aman llamarse a sí mismos los autoproclamados revolucionarios de Burkina Faso, es que detrás de la aparente calma que ha reinado durante seis meses en el país, las fuerzas del antiguo régimen estén preparando el terreno político para un retorno de Compaoré, que sin embargo se antoja muy poco probable.

Desde su prisión dorada de Abiyán, huésped de honor de su amigo Ouattara, presidente de Costa de Marfil, Blaise permanece en silencio y estudia la escena desde la distancia.

Maitre Kam, sin embargo, se despide con una metáfora: "No somos tan ingenuos como para creer que 27 años de dictadura que puedan acabar con dos días de protestas. El 30 y 31 de octubre pasado las grandes obras se han llevado a cabo, pero carecen de los toques finales, que a menudo son más difíciles que las mismas grandes obras.

"Cuando hoy movilizamos a miles de personas y les pedimos permanecer al acecho, siempre decimos que es más fácil dejar caer un árbol que nos molesta que erradicar las raíces. Hemos derribado el árbol, ahora tenemos que erradicar sus raíces y esto es más complicado", advierte.

Otro joven revolucionario de Burkina Faso que ayudó a talar el árbol es Augusten Luada, quien participa en el actual gobierno de transición, donde fue nombrado ministro temporal de la Administración, el Trabajo y la Seguridad Social.

Hasta hace unos meses profesor de Derecho Constitucional de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad de Ouagadougou, Augusten hace hincapié en la gestión megalómana de Compaoré como la mecha que dio inicio a la insurrección popular.

"Los días 30 y 31 de octubre de 2014 nuestro pueblo se ha amotinado en contra de un proyecto de revisión de la Constitución que el presidente Compaoré quería pasar por la fuerza al Parlamento para permanecer en el poder. Detrás de este levantamiento popular es necesario leer una petición de democracia en nuestro país, pero también una demanda de mejores condiciones de vida. El gobierno de Compaoré desde hace muchos años ya no respondía a las inquietudes de la población".

Cercano a las posiciones de la plaza sintetizadas por los teóricos de Balai Citoyen como Hervé Kam, el joven ministro en traje y corbata tiene matices menos militantes, pero precisas: "El proceso de transición que comenzó en noviembre se inscribe en un recorrido histórico que empieza con la independencia de Burkina Faso es decir, en 1970.

Hoy en día la población está exigiendo mejores condiciones de vida y presiona nuestro gobierno de transición para que sus alegaciones se tomen en cuenta. Las reclamaciones son legítimas porque hemos encontrado que en los últimos años el crecimiento económico de Burkina Faso fue significativo, pero había una mala distribución de los frutos de ese crecimiento. Hay una minoría que ha capturado una gran parte del pastel, mientras que el grueso de la población vivió y sigue viviendo en la pobreza".

Más allá del momento delicado que vive el país, la comunidad internacional no para, a través de sus portavoces principales, como la ONU, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, de presionar para restablecer rápidamente la estabilidad, incluso denunciando detenciones arbitrarias, intimidaciones a ex dirigentes del antiguo régimen, o sea aquella prácticas "antidemocráticas" que toda revolución, guste o no, lleva consigo.

Bastian Kone (el nombre es ficticio, debido a su solicitud de anonimato) es uno de esos políticos del antiguo régimen a quienes hoy en día los abogados, los jueces y el gobierno de transición dan la caza. Un acoso que Bastian Kone, ex decano del partido de Blaise Compaoré, define como una "caza de brujas":

"Cuando reina la inseguridad hay un problema que afecta a todos, tanto a la oposición como al partido en el poder, al gobierno de transición como a los manifestantes. La inseguridad nos afecta a todos. Y hoy, en Burkina Faso, hay incertidumbre política e inseguridad debido al bandolerismo desenfrenado. Ayer uno de nuestros militantes murió en mi provincia, al sur. Fue asesor político de Blaise y fue brutalmente asesinado".

Hoy Kone se mira a la espalda al caminar, sale solo si está protegido por los vidrios polarizados de su jeep y por su fornido chofer. Se compromete a hablar en un lugar público y está indignado por lo que está sucediendo en su país.

"Parece que se han convertido todos en revolucionarios, todos sankaristas. No es que sea la moda actual. Han quemado, destruido, golpeado. Y luego, con las autoridades de la transición tomando el poder día tras día, me pregunto cómo llegaremos a celebrar elecciones democráticas en las que todos puedan libremente votar y el pueblo sea el juez de sí mismo.

"Esta situación podría escalar y dar lugar a otros problemas más adelante. Hay resentimiento entre la población, rencor, odio y sed de venganza. No hay más tolerancia, no hay perdón en esta sociedad. ¿Y la reconciliación, dónde está?".

Burkina Faso es una nación joven -y no sólo para las estadísticas demográficas que hablan de más de 70 por ciento de la población menor de 27 años que, por lo tanto, ha conocido solo a un presidente en su vida-, que mueve sus primeros pasos libres hacia una transición democrática incierta, impulsada por el sacrificio de la plaza de hace sólo seis meses.

"Alguien va a caer hoy, pero todos los demás tendrán un futuro mejor". La del manifestante que gritaba esta consigna es la escena repetida hasta la saciedad en las imágenes de la televisión estatal de Burkina Faso.

"Ya no tememos nada", el lema de la revolución tunecina de 2011, faro de toda lucha por el pan y la dignidad de los pueblos oprimidos, se escucha por primera vez en esa África por debajo del Sahara. "La primavera africana", como calificó algún periódico en busca de sensacionalismo. Como si Túnez o El Cairo no fueran África.

* Thomas Sankara (21 diciembre 1949-15 octubre 1987) fue un militar, político y revolucionario de Burkina Faso, a quien se conoce como "el Che Guevara africano". Fue un líder muy carismático de África Occidental. Cambió el nombre de Alto Volta (dado por los colonizadores franceses) en Burkina Faso, convirtiéndose en su primer presidente y se distinguió por una serie de reformas radicales para erradicar la pobreza. Presidente de Burkina Faso desde 1983 a 1987, murió en 1987 en un ataque presuntamente organizado por su amigo cercano y colaborador Blaise Compaoré. Con los años la figura de Sankara se ha envuelto en un aura mítica, y muchos creen que un día va a aparecer un nuevo Sankara para cambiar el destino del país.