Pescadores brasileños enfrentan agudo conflicto con Petrobras

Una larga travesía con pescadores brasileños por la Bahía de Guanabará, que baña puntos colindantes a Río de Janeiro, deja ver un hermoso espectáculo natural, pero también un agudo conflicto con Petrobras, la gigante petrolera de este país.

"Aquí en Magé tenemos un centro de resistencia a las operaciones de expansión de Petrobras", explica Alexandre Anderson, un pescador y activista miembro de la Asociación de Hombres y Mujeres del Mar (Ahomar), justo al inicio de la travesía que acompaña Notimex.

Ahomar agrupa los intereses de las familias de pescadores tradicionales que se oponen a los impactos mediambientales de Petrobras en la Bahía de Guanabará.

Con Anderson, blanco de ocho atentados con bala, también viaja Maicon Alexandre Rodrigues de Calvalho, conocido como "Pelé".

El viaje es el primero luego de una veda de meses debido a las amenazas de muerte en represalia por su activismo a favor del medioambiente.

En la Bahía de Guanabará, Petrobras dispone de tres terminales para transportar, almacenar y tratar petróleo y gas.

Anderson cuenta que el estado dispuso durante 30 meses una escolta de policías militares, "pero ni siquiera así lograron evitar los atentados".

Mientras relata su experiencia, Anderson guía el motor que empuja la pequeña balsa empleada para avanzar por más de seis horas en la Bahía de Guanabará.

Al menos cinco pescadores han muerto en los últimos años -algunos por disparos a quemarropa y frente a sus familias- debido a su activismo contra los planes petrolíferos en el estado de Río de Janeiro.

De hecho, Brasil lideró el índice de países con el número más alto de asesinatos de defensores del medioambiente en 2014, señaló un reciente informe publicado por la organización no gubernamental (ONG) británica Global Witness, que cifró en 29 los fallecidos.

Global Witness dijo sin embargo que es altamente probable que el número de activistas asesinados sea en realidad mucho mayor.

Unas nueve mil familias viven hoy de la pesca en la Bahía de Guanabará, donde atrapan rodaballos, camarones, sardinas y cangrejos, entre otras especies.

Pero los planes expansivos de Petrobras -que tiene en los islotes de la Bahía centros logísticos para desplazar crudo a las refinerías en tierra y centros de regasificación- amenazan el sustento tradicional de estas familias.

"La Bahía de Guanabará tiene 317 kilómetros cuadrados. Poco a poco ese espacio ha sido desapropiado a los pescadores, que en 1990 disponían del 80 por ciento de la bahía para pescar, pero hoy esa zona se ha reducido al 12 por ciento", lamentó Anderson.

Añadió que las operaciones petroleras a cargo de Petrobras consumen el 46 por ciento del espacio en la zona.

Anderson atribuyó la merma del espacio para los pescadores a la proliferación de buques que realizan operaciones de cabotaje y de transporte de crudo, que por decenas atracan en la Bahía.

"Las autoridades imponen un radio de veto a la pesca de uno o dos kilómetros por cada buque, y de esta forma perdemos espacio para la pesca", añadió Anderson.

Ambos pescadores aseguran que la pérdida de espacio ha tenido un profundo impacto para los pescadores y sus familias, provocando el éxodo de muchos a otros lugares, lo que los obliga a abandonar formas de vida heredadas por generaciones.

Los pescadores que deciden aferrarse al sitio y forma de vida deben hacer frente a los derrames de crudo en zonas de la Bahía como consecuencia de las operaciones vinculadas al transporte de petróleo que se extrae en alta mar.

Activistas, biólogos y ambientalistas han advertido que el rico ecosistema de la zona es frágil al mismo tiempo, y podría significar la muerte de aves típicas.

Entre éstas figuran garzas blancas y negras, gaviotas, "colerés" (especie similar al flamenco, pero de un plumaje rosáceo) y los divertidos "tijerones", que mueven las patas al volar como imitando el movimiento de las tijeras.

El analista ambiental Breno Herrera, de la Fundación Oswaldo Cruz, denuncia que "el neodesarrollismo en Brasil ha provocado una caída de las desigualdades sociales, pero a cambio de un coste ambiental y social muy alto". Anderson no tiene dudas.

"Los territorios en Brasil son vulnerables porque el estado de derecho es vulnerable. No estamos en contra de Petrobras, sino en la forma como es administrada", alerta.