Mujeres engalanaron de poesía la Feria del Libro de Bogotá

Un recital de poesía de siete mujeres autoras de distintas generaciones y de países como México, Argentina, España y Colombia, engalanó la Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBo).

El encuentro de las siete poetisas fue una verdadera gala del género sublime de la literatura, en uno de los auditorios de la FILBo, que estuvo completamente lleno para refrendar que la poesía sigue y seguirá viva por siempre.

Las mexicanas premiadas Nadia Escalante y Clara del Carmen Guillén, la española -la más joven del grupo- Elvira Sastre, la reconocida argentina Mónica Muñoz y las colombianas Lucía Estrada y Luz Mary Giraldo, acompañaron en su lectura poética a la colombiana Maruja Vieira, de 92 años de edad.

Con voz pausada, firme y tierna, Vieira narró su prosa limpia y diáfana como su blanca cabellera.

Durante su lectura, las siete voces se convirtieron en una sola voz de guerra, de amor, sufrimiento, esperanza, calor, rabia, odio, muerte y silencio. Una voz que eriza la piel, que arranca el llanto y estremece a los oyentes.

Fue un encuentro de sentidos, sabores y olores, la mexicana Escalante transmitió el aroma a flores, se escucharon caer una a una las gotas de lluvia.

Mientras que su compatriota Guillén abrigó la nostalgia abandonada en las esquinas por los migrantes, mientras que con la española Sastre se estremecieron los amores prohibidos.

Líder en su país por la búsqueda de la visibilización de la poesía, la argentina Muñoz conmovió con el asaltado y otras postales, donde hay "un mundo que cada vez sabe más de víctimas y orfandades".

En tanto, la poetisa colombiana Lucía Estrada, una de las figuras jóvenes y talentosas que le canta al amor, la esperanza y los augurios, demostró en el libro "Las hijas del Espino", que es dueña de exquisitos recursos literarios.

Su compatriota, Luz Mary Giraldo, profesora de literatura de reconocidas universidades en Colombia y Premio de Poesía en Rumania, transmitió el dolor de patria, el amor y la muerte.

El cierre de la gala estuvo a cargo de Vieira, quien puso al amor comprometido, al amor responsable y al amor de siempre como protagonista de la vida, de los sentidos, de lo infinito.

No eran suficientes los aplausos para el canto dedicado a su Padre, "Lo más definitivo de tu ausencia/ lo duro, es no poder hablarte/. Sabiendo que no escuchas/ sentimos que perdieron su objeto las palabras/".

El lleno del salón fue total, había gente de pie y sentada en el suelo. Pero al público no le importó. Nada incomodó, porque reír y llorar formaban parte de la poesía que se les estaba metiendo en el alma y corazones.