Oaxaca será sede de proyecto internacional sobre el infarto

Oaxaca será sede, a partir del 6 de mayo, de un proyecto que busca salvar la vida de pacientes infartados con la aplicación de una nueva estrategia, plan en el que participarán institutos de Alemania, Inglaterra, Singapur y de México.

El programa durará dos años y dependiendo de sus resultados se tomarán decisiones respecto a la aplicación del tratamiento en México. Su finalidad es investigar si este tratamiento disminuye el número de muertes por problemas cardíacos.

Además, ya se logró el acuerdo ente la Universidad Justus-Liebig de Giessen, Alemania, a cargo de Klaus Preissner, y del Consejo de Ciencia y Tecnología de Oaxaca, dirigido por Alberto Sánchez López, para que un muchacho oaxaqueño con carrera en Medicina y dominio del inglés lleve a cabo su maestría y su doctorado sobre la metodología para la aplicación de este tratamiento en México.

La maestría en México se realizará en la Facultad de Medicina de la Universidad Benito Juárez de Oaxaca y el doctorado se llevará a cabo en la Universidad de Giessen.

La Coordinación General estará a cargo en Oaxaca del secretario de Salud de ese estado, doctor Germán Tenorio Vasconcelos. El director será el científico e investigador mexicano del Instituto de Bioquímica de la Facultad de Medicina Justus Liebig, de la Universidad de Giessen, Héctor Alejandro Cabrera Fuentes.

En el proyecto van a participar nueve hospitales de Oaxaca, donde las distancias son grandes cuando un paciente tiene que ser trasladado por infarto, así como por la situación económica del estado, ya que la angioplastía o cateterismo es muy cara y requiere de quirófano, tecnología y especialistas, y solo se lleva a cabo en los hospitales grandes.

Todo se inicia cuando una persona empieza a sentir dolores de pecho a los que se denomina Angina Inestable. Su corazón entra en un proceso en el que empieza a cerrarse una arteria, y el flujo de la sangre disminuye. Eso provoca falta de oxígeno en parte del músculo del corazón, así como un proceso inflamatorio, que es lo que genera el dolor.

Esa fase todavía no es de ataque cardíaco, ya que éste se genera cuando las células del tejido cardíaco empiezan a morir porque ya hay un bloqueo total de la arteria.

Mientras más tiempo pasa antes de que se le aplique un tratamiento, más tejido cardíaco muere: se incrementan las dimensiones del dolor y el tamaño del infarto, y el paciente puede fallecer.

Si a las dos horas ya ha muerto el 10 por ciento de las células cardíacas, a las ocho horas habrá muerto ya un 40 por ciento del tejido cardíaco y así sucesivamente. Es una muerte celular que se va incrementando conforme pasa el tiempo.

Cabrera Fuentes declaró a Notimex en la Universidad de Giessen que en los países desarrollados, como los de Europa y Estados Unidos, lo que se suele hacer a un paciente que está diagnosticado con un infarto agudo al miocardio con 12 horas de evolución de dolor de pecho, se le hace directamente una angioplastía.

Ese tratamiento es caro, incluso dentro de Europa, pero es el tratamiento estándar que se aplica en casos así. El científico mexicano manifestó que en países en vías de desarrollo lo que se hace, porque es lo más efectivo y más barato, es la trombólisis.

La arteria se cierra por la formación de un coágulo y se aplica una inyección intravenosa con una sustancia para diluir o romper ese coágulo con el fin de que se restablezca el flujo sanguíneo. Esa es la trombólisis. Sin embargo, es un tratamiento que todavía arroja un alto número de muertes en los pacientes.

El científico mexicano precisó que el estudio de dos años que se iniciará el 6 de mayo en Oaxaca ya cuenta con una base científica, resultado de investigaciones previas tanto en animales como en la aplicación del tratamiento en pacientes en países en desarrollo.

El tratamiento consiste en la aplicación de la trombólisis y del uso del baumanómetro, y los resultados han sido favorables hasta ahora porque se ha reducido el número de muertes por infarto agudo al miocardio.

Para el proyecto en Oaxaca se escogerán de manera aleatoria a un mil 300 pacientes que lleguen con infarto. A la mitad de ellos se le aplicará primero el baumanómetro y acto seguido la trombólisis y el baumanómetro, y se los mantendrá en observación especial durante 30 días para documentar su desarrollo.

A la otra mitad no, solo se les aplicará la trombólisis, como es lo usual hasta ahora. La selección se lleva a cabo de acuerdo con criterios científicos.

Con la aplicación del baumanómetro y de la trombólisis y el baumanómetro se estabilizará al paciente de forma que éste pueda continuar con el tratamiento que le había prescrito su cardiólogo, dependiendo de la afección cardiaca que padezca y de su estado de salud, ya que hay pacientes que pueden presentar diabetes o hipertensión, entre otras disfunciones.

Con el tratamiento de la trombólisis suele salvarse a un 75 a 80 por ciento de los pacientes, y el 20 a 25 por ciento fallece. El objetivo del estudio es constatar si con la aplicación del baumanómetro y de la trombólisis se reduce aún más el número de muertes. Estudios en otros países han arrojado buenos resultados.

Es un tratamiento muy sencillo y barato, y sin riesgos para el enfermo. El baumanómetro es el aparato para medir la presión, y utilizado de una cierta manera por especialistas en los pacientes con infarto puede salvar más vidas en combinación con la trombólisis.

El proyecto en Oaxaca estará a su vez conectado con una plataforma en internet de una empresa inglesa con la que ya trabajan los Institutos de Giessen, de Londres y de Singapur, que participan en el programa.

Una vez transcurridos los dos años se iniciará la evaluación de las estadísticas, para lo que solo se necesitará alrededor de un mes, porque el análisis de los datos lo llevará a cabo el programa de computación de esa empresa.

Si el resultado es positivo, se puede plantear a las autoridades correspondientes en México en materia de salud, para que ese tratamiento se vuelve estándar en el país, e incluso en Latinoamérica, porque la genética de los latinoamericanos es parecida, de acuerdo con Cabrera Fuentes.

La supervisión internacional del proyecto la llevará a cabo el doctor Derek Hausenloy, investigador de la Universidad DUKE-NUS y del Instituto Nacional de Investigación Cardíaca de Singapur, así como del Instituto Cardiovascular Hatter, de Londres. Por parte del Instituto de Bioquímica de la Unversidad de Giessen estará el investigador Klaus Preissner.

Por México, tomará parte el Instituto Nacional de Cardiología (doctor Óscar Pérez Méndez), el Consejo de Ciencia y Tecnología de Oaxaca (Cocyt, encabezado por el ingeniero Alberto Sánchez López).

La Universidad Benito Juárez de Oaxaca, la Secretaría de Salud de ese estado y sus servicios de salud pública, así como el Instituto Nacional de Cancerología de México (doctora Gabriela Césarman) y el Hospital General Manuel Gea (doctor Óscar Arias Carrión).