Divergencias en la Gran Coalición que gobierna Alemania

El salario mínimo, las ayudas financieras a las familias con hijos, el tema de la energía y la ecología, así como el alto número de inmigrantes, se han convertido en motivos de confrontación en la Gran Coalición de partidos que gobierna Alemania.

La noche del domingo se celebró en la Cancillería Federal de Berlín la conferencia de la Gran Coalición en la que participaron los partidos políticos que dirigen los designios de esta nación europea.

Estos son la Unión Demócrata Cristiana (CDU), de la canciller federal Angela Merkel, el Partido Socialdemócrata (SPD), de Sigmar Gabriel, y la Unión Socialcristiana (CSU), de Horst Seehofer.

Momentos antes de que iniciar la cita en la Cancillería Federal en Berlín, el líder de la CSU, Horst Seehofer, echó leña al fuego instando al Partido Socialdemócrata a mostrar una mayor "lealtad" a la coalición.

Se mostró especialmente crítico con la ministra de Familia, la socialdemócrata Manuela Schwesig, a quien acusa de no respetar lo acordado en torno a la gestión de una ayuda familiar impulsada por la CSU, que en la actualidad está siendo examinada por el Tribunal Constitucional.

"Esta no es una forma de mantener la confianza para una coalición que todavía tiene por delante dos años y medio de trabajo conjunto", dijo el político conservador en declaraciones al diario Bild am Sonntag.

En su opinión, el comportamiento de los socialdemócratas está suponiendo una "carga pesada" para el Ejecutivo germano. Una dura crítica que secundó su secretario general, Andreas Scheuer, al referirse a los miembros del SPD como "francotiradores".

Desde las filas socialdemócratas contestaron de forma inmediata las acusaciones. La secretaria general del SPD, Yasmin Fahimi, se refirió a Seehofer como un "chico travieso que olvida con frecuencia sus buenos modales".

Los desencuentros entre la Unión de Merkel y el SPD no se limitan simplemente a las ayudas concedidas a las familias, sino que se extienden a otras medidas del ámbito económico.

Entre ellas, la aplicación del salario mínimo de 8.5 euros por hora, en vigor en el país desde principios de este año, que fue el asunto principal que ocupó a conservadores y socialdemócratas en el encuentro de este domingo.

La disputa interna gira en torno a las mejoras en los requisitos de documentación de los empleadores. Los dirigentes de La Unión (CDU y CSU) y el SPD mantienen una visión diferente sobre la nueva ley del salario mínimo, a la que califican de "monstruo burocrático".

En su opinión, el papeleo supone una gran exigencia de documentación para nueve sectores que son especialmente susceptibles de llevar a cabo prácticas de trabajo no declarado, por lo que plantea modificaciones.

Por su parte, el SPD considera que la ley del salario mínimo es un capítulo cerrado y no quiere que sufra cambio alguno.

Otro de los asuntos que marca las diferencias entre los partidos de gobierno de Alemania es el referente al cambio energético.

La transición hacia las energías renovables constituye una cuestión clave para el futuro, pero promete crear fisuras entre las facciones que integran la Gran Coalición que dirige Merkel.

Desde el SPD quieren imponer un gravamen especial para las plantas de carbón cuya antigüedad supere los 20 años, con la intención de lograr el objetivo climático al que Alemania se comprometió de reducir en 2020 las emisiones de gases de efecto invernadero en un 40 por ciento en comparación con el año 1990.

Desde el partido conservador de Merkel, miembros destacados rechazan con vehemencia la imposición de esta tasa porque dicen que conducirá a la pérdida de miles de puestos de trabajo y porque están convencidos de que la eliminación gradual de la energía nuclear y del carbón conducirá a "vacíos de suministro desastrosos".

En la agenda del día, también se abordaron otros temas polémicos como la gestión del creciente número de refugiados que colapsa a los servicios sociales de los ayuntamientos, así como las últimas revelaciones sobre el escándalo de espionaje de los servicios secretos de Alemania.

A pesar de las diferencias que se hicieron evidentes en la cumbre de este domingo, la mayoría de los alemanes está satisfecha con el trabajo desarrollado por la Gran Coalición, según las encuestas.