Migrantes africanos luchan por la sobrevivencia

Madera, caucho, marfil, oro, diamantes, petróleo, gas, uranio fueron y son las principales riquezas que generaron contradictoriamente que millones de africanos sean condenados a la miseria más absoluta.

El proceso de liberación de las colonias desarrollado a mediados del siglo 20, a pesar del paso adelante que significó y de las expectativas populares que generó, no produjo cambios significativos en las condiciones de vida de la población, todo lo contrario. La expoliación de los recursos continuó ahora a través de los sutiles mecanismos de las relaciones comerciales internacionales, las inversiones de las multinacionales y los mecanismos crediticios de los organismos multilaterales.

Durante siglos los africanos aportaron su sangre, sus recursos y su labor como ofrenda a la prosperidad de Occidente. Los gobernantes europeos y norteamericanos pactaron y alentaron a obsecuentes dictadores y políticos corruptos con el objeto de acallar rebeldías y aplastar a los dirigentes comprometidos con las causas populares. Poco importó la moralidad y el respeto por los derechos humanos mientras las arcas de sus ganancias estuvieran bien abastecidas.

Todo ello ha motivado una incesante y desesperada emigración africana "hacia donde sea", con tal de salir de la tierra ensangrentada y pensando que al menos pisando tierra europea tienen la posibilidad de soñar con un futuro mejor.

Mauritania es un país tradicionalmente emisor, receptor y de tránsito de migrantes, debido a los miles de kilómetros de frontera con los países vecinos: Argelia, Senegal, Marruecos, Mali, con los que mantiene constantes intercambios, a través de sus permeables fronteras y por la tipología de la población nómada de la región.

Las grandes migraciones africanas se producen dentro del propio continente, contándose por millones las personas que buscan un mejor porvenir. Mozambiqueños y zambianos en Sudáfrica, malienses en Libia y Argelia, son algunos de los ejemplos de estos flujos regionales.

El fenómeno migratorio africano, se ha puesto de relieve en los últimos años por la dramática situación de los migrantes procedentes principalmente de África subsahariana. Toma relevancia por el riesgo y drama que supone la vía Hispano-Mauritana a través de las Islas Canarias, similar a la Italo-Tunecina a través de la Isla de Lampedusa.

Ahora bien, en los últimos años este incesante movimiento a través del mar más transitado del mundo, el Mediterráneo, ha crecido a niveles incontenibles. Las telecomunicaciones diarias nos proveen de la información en la cual oímos y vemos cientos de barcazas que llegan a costas europeas, o medio llegan, o no llegan.

Y también nos enteramos de los miles y miles que, a lo largo de los últimos 5 años han perecido por el exceso de carga o por la, ahora, práctica común de desaparecer a quienes practican una distinta religión. Aquí hay mucho, mucho que decir y añadir respecto a la insistente y ferviente instauración de la religión islamista en cualquier parte del mundo.

El periódico italiano La Stampa ha publicado que no está claro si las personas arrojadas al mar en días recientes estaban ya muertas al ser lanzadas por la borda o seguían con vida. Según los testimonios de varios de los inmigrantes rescatados esta semana en Sicilia, en la lancha neumática en la que se produjeron los hechos hubo una pelea por motivos religiosos.

Este tema del párrafo anterior es propicio para acudir al politólogo e historiador italiano Umberto Eco, quien dice mucho por lo que se refiere a las religiones monoteístas y politeístas. En su artículo más reciente, Eco dice que "Están soplando vientos de guerra y no se trata de una guerrita local. El peligro viene de un plan fundamentalista de islamizar al mundo entero y el conflicto ya afecta a varios continentes.

A mí me parece que, a lo largo de la historia, las grandes amenazas intercontinentales siempre han provenido de las religiones monoteístas. Solo los cristianos y los musulmanes se han dedicado a la conquista militar en nombre de su Dios".

Eco hace un estudio detallado de lo que para él es una diferencia fundamental entre las religiones monoteístas y politeístas. Sigue diciendo: "Los griegos y los romanos no quisieron conquistar Persia o Cartago para imponer a sus dioses. Estaban motivados básicamente por objetivos territoriales y económicos, y tan pronto como encontraban dioses diferentes a los suyos, simplemente incorporaban esas deidades en su panteón. ¿Tu pueblo te llama Hermes? Bien, nosotros te llamaremos Mercurio y serás uno de nuestros dioses. Los fenicios adoraban a Astarté, pero eso no fue ningún inconveniente para los egipcios, que la llamaron Isis, ni para los griegos, para quienes era Afrodita. Y nadie invadió tierras fenicias para erradicar el culto de Astarté".

Este pensamiento del politólogo italiano es básico para comprender la tragedia que se ha estado desarrollando en el Mediterráneo recientemente, aunque no sabemos fechas ni datos de la antigüedad.