Migrantes africanos luchan por la sobrevivencia

Las migraciones existen, han existido desde siempre, y las fronteras no las van a detener. Los pobres van a huir de la pobreza, y los ricos van a intentar impedirlo, o si no, medrar y sacar provecho de ese torrente inexorable.

En la actualidad -a pesar de la importancia de los factores económicos en la emigración africana- existen también razones sociales y culturales, que conducen a los individuos a abandonar su tierra o su país de origen. A ello cabe añadir los factores políticos que son determinantes.

Los africanos huyen de la persecución a manos de los poderes establecidos y de las guerras, que afectan en particular a África Central y Occidental. O sea, la precariedad, las catástrofes naturales, la ausencia de democracia, los conflictos locales, los proyectos de consumo, la supervivencia de comunidades locales, son los combustibles que alimentan la emigración/inmigración de los africanos.

No olvidemos que a partir de la década de los años ochenta muchos países del continente iniciaron sus movimientos independentistas, lo que los hace países aún frágiles en los aspectos democrático y económico.

La emigración africana tiene un lado positivo, y otro negativo. En el primer caso, los inmigrantes africanos han conseguido con sus remesas, que en muchos casos superen con creces el monto de la ayuda al desarrollo que reciben sus países para la construcción de pozos de agua, de carreteras, de escuelas y de dispensarios. Es decir, es el financiamiento de actividades y aspectos de desarrollo humano que suelen descuidar las agencias internacionales de desarrollo.

La parte negativa consiste en el fomento en la zona de una cierta "mentalidad de asistidos" y de la cultura de migraciones en la población, además de una pérdida de los elementos más dinámicos que necesita el continente para su desarrollo y la creación de Estados sólidos y viables, como consecuencia de la huida de brazos y de cerebros.

El costo social y económico de la emigración es muy alto para África, que pierde cada año por lo menos 20 mil inteligencias que emigran hacia Europa y Estados Unidos. Es decir, un verdadero drama para el futuro y el desarrollo del continente.

Posiblemente la solución consista en considerar a la inmigración no como un delito, con su consiguiente culpa, sino como un derecho, el derecho a la vida y a la supervivencia. Lo contrario sería adoptar actitudes contra-natura, e impedir los contactos y los intercambios entre los seres humanos, contactos que explican la actual evolución de la especie humana. Además, no puede existir ninguna frontera contra el hambre, la miseria o la persecución.

El primer ataque al que fue sometido el continente fue el de sus hombres y mujeres para ser esclavizados. Millones de ellos fueron cazados como animales, transportados en sucias bodegas y condenados a ser mano de obra gratuita para el aprovisionamiento de materias primas americanas para la naciente industria.

Con los recursos obtenidos en este infame negocio se construyó el gran ferrocarril inglés del Oeste y nacieron industrias por miles. El capital acumulado en el comercio de manufacturas, esclavos y azúcar hizo de fogonero de la Revolución Industrial.

El periodista sudamericano Bernardo Veksler, adentrado grandemente en la problemática del continente africano escribe que "el reparto del mundo que procuraron las potencias europeas hicieron del continente africano un territorio de fecundo coloniaje. En 1879 se declaró al Congo como propiedad del rey de Bélgica a costa de una matanza de miles de africanos. A partir de entonces, casi no quedó territorio que no fuera colonia europea repitiendo similares derramamientos de sangre nativa".

Continua Veksler: "la puja por apropiarse de sus abundantes riquezas fue persistente. Francia invadió Argelia, Túnez y Marruecos, y se posesionó de Mauritania, Níger, Costa de Marfil y África Ecuatorial. Gran Bretaña se hizo de Egipto, Sudán, Kenia, Sierra Leona y Sudáfrica. Alemania de Camerún, África Oriental y del Sud Oeste Africano (dominios luego repartidos entre Francia y el Reino Unido). Italia se quedó con Libia, Eritrea y Somalia. Portugal con Angola, Mozambique y Guinea Bissau. España con parte de Marruecos, Sahara y Guinea".

Además, la aspiradora capitalista no sólo extraía los cuantiosos recursos del continente sino que inducía a los conflictos étnicos para consolidar su hegemonía y expoliación, destruía las tradicionales economías autosuficientes y en su imposición de fronteras artificiales fraccionaba comunidades ancestrales. Así estallaron conflictos y hambrunas que asolaron como nunca a la región.